1.5.3 EL AUGE PETROLERO Y SUS IMPLICACIONES


Después de analizar el panorama del petróleo y sus grandes posibilidades de ingresos para el país, te preguntaras por qué no se lograron corregir sus desequilibrios económicos. El no corregir adecuadamente las causas más trascendentes como las finanzas públicas, la balanza comercial, el sector financiero y el tipo de cambio, sólo pospuso un mayor desequilibrio y desembocó en una deuda mayor. Estos factores no corregidos sustancialmente son los que a continuación analizaremos, y los que te ayudaran a entender como se agravaron los problemas estructurales del país, y con ello una mayor crisis.

Finanzas Públicas

¿Cuál fue la dinámica estatal en la economía de este periodo? Para observarlo recordaremos que el monto total de gastos realizados por el sector público entre 1978 y 1981 se elevo significativamente, al pasar de 336.2 miles de millones de pesos a 2 276.6, respectivamente. Y aun cuando los ingresos para los mismos años también crecieron al pasar de 242.4 a 1 538.2 millones de pesos, siempre fueron menores a lo gastado. La diferencia entre los ingresos y egresos generó un déficit público que alcanzó una cifra espectacular hacia 1981, cuando los egresos siguieron elevándose y los ingresos bajaron, especialmente los provenientes del sector petrolero.

Dentro de la política fiscal no se corrigió acertadamente el rubro de ingresos que gravan los impuestos sobre las sociedades empresariales, por lo que tales ingresos perdieron dinámica en el total de la recaudación; hacia 1978 participaron con el 21.6% de los ingresos tributarios, en tanto que en 1981, con el 24.6%. Lo que sucedió, sin duda, dado ese pequeño crecimiento, fue la aparición del gravamen a la exportación del crudo –que mantuvo un alto valor-, el cual se incluye dentro de los impuestos al comercio exterior. De lo anterior se desprende que el Estado permitió rezagar el impuesto sobre las utilidades empresariales, gracias a los mayores ingresos que percibió por el sector petrolero.

La afectación de los ingresos del sector público se desprendió del precio con que colocó sus bienes y servicios producidos. Se atendió, al mantener bajos sus precios, una demanda de estos bienes y servicios para ayudar a la dinámica de la economía en su conjunto y, en especial, a la clase trabajadora; sin embargo, también sirvieron para expandir nuevamente al sector privado, ya que le permitió mayores ganancias, aunque para el Estado representó mermas en sus ingresos.

Se tiene así que los rezagos permitidos a esos bienes y servicios, como el de las exenciones fiscales, bien pudieron dejarse a futuro para su corrección, sobre todo por las perspectivas de los recursos generados con la explotación del crudo. Lo anterior podría esclarecer que el Estado se permitió transferir los excedentes petroleros a toda la economía, vía la utilización de esos subsidios y exenciones, los cuales le favorecieron para recobrar su imagen popular, así como su conciliación con los empresarios privados.

Otra característica de la evolución de la economía del país con base en el petróleo, se relaciona con la incapacidad de los sectores productivos internos para hacer frente a la dinámica que surgió en esos momentos. Ocurrió algo similar a lo observado en los setenta: la desarticulación de los sectores productivos internos para, conjuntamente, responder al ritmo que se les exigía sin el apoyo de las importaciones. La relevancia de éstas fue la de seguir afectando los desequilibrios de la balanza comercial, que a continuación analizamos brevemente.

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1. Con datos publicados por el Banco de México analiza la situación de las finanzas públicas en la actualidad.

Balanza Comercial

Como ya se comentó, la producción del país no tuvo la capacidad para responder a las necesidades de la demanda surgida, dada la nueva dinámica a partir de 1978. Las estadísticas de la industria de la manufactura y la balanza comercial así lo demostraron.

Debes tener presente que la rigidez del aparato productivo nacional era obra de la misma estructura que se había creado desde años anteriores. Esto es, gran parte de la maquinaria, equipo y tecnología con que funcionaban las empresas era importado, y no podían cambiarse fácilmente y producirse en el país.

El sector manufacturero participó con el 23.6% de la producción industrial hacia fines de 1977, en tanto que para 1981 lo hizo con el 24.7%. Su movimiento fue mínimo cuando en realidad se esperó una mayor participación en la producción industrial, dado el auge económico que se conoció en el periodo. Auque es uno de los sectores más importantes en la actividad industrial, ello reflejó la rigidez del aparato productivo del país para adaptarse a los movimientos del auge.

Dada la incapacidad de la producción interna para abastecer el mercado nacional se recurrió a la compra en el exterior, especialmente proveniente de Estados Unidos, como ocurrió en años anteriores. Durante el periodo que nos ocupa, la tasa anual de crecimiento de las importaciones fue de 44.6%, mientras que para los años de 1971 a 1975 lo había sido de 30.7%.

Fue en ese sentido que se tuvo que aplicar una política comercial (principalmente vía los aranceles y permisos previos) inclinada a favorecer las importaciones, dada su necesidad en el aparato productivo. A partir de 1977 algunos bienes importados fueron sustituidos en forma gradual por cuotas arancelarias, en lugar de los permisos previos, lo que hizo más fácil importarlos. Esta tendencia continuó hasta 1981 y permitió, asimismo, flexibilidad en la compra de bienes importados cuando confirmaron ser necesarios al país.

El análisis por tipo de bienes reflejó que los bienes intermedios, bienes de capital y bienes de consumo impulsaron al país. Se tiene que la economía dependía nuevamente de bienes primarios, en especial de agrícolas y silvícola; hacia 1981 alcanzó un 12%, después que sus porcentajes dentro de las importaciones totales habían caído en 1978 al 5.8%. Se podría decir que el Estado decidió impulsar el sector petrolero como eje de punta, privando al sector tradicional de mayores inversiones, lo que dio como resultado una baja en su producción, que dadas las necesidades internas de expansión tuvieron que ser compensadas con flujos del exterior.

El problema del país frente al sector se grabó con la débil respuesta de la exportaciones, aun con el estimulo que recibieron. La política de eliminación de aranceles y precios oficiales –con el propósito de hacerlas más competitivas-, la aplicación de los Certificados de Devolución de Impuestos a la Exportación (CEDIS) –como los apoyos fiscales a las empresas exportadoras con un alto contenido nacional -, no dieron los resultados que se esperaban. La tasa de crecimiento anual del 12.5% de las importaciones lo demostró.

El deterioro comercial de la economía frente al sector externo se adicionó al déficit de las finanzas públicas. De esa manera, se tuvo la necesidad de recurrir a fuentes de financiamiento que permitieran cubrir ese déficit como en años anteriores. Este financiamiento fue concedido tanto por fuentes internas como externas, aumentando el ritmo del déficit, tanto de las finanzas públicas como de la balanza comercial.

El financiamiento externo pasó de 3 352.1 millones de dólares en 1978, a 20 148 en 1981, y como los créditos fluyeron más que su reembolso, ello aumentó la deuda, que hacia 1981 llegó a los 52 961 millones y en 1982 a 58 059.6. Respecto al financiamiento interno, éste ascendió de 369 919 millones de pesos en 1978, a 1.04 millones en 1981. Si se homogeneizan esas cantidades con el tipo de cambio a finales de 1978 y 1981, tenemos que los saldos de la deuda total representaba porcentajes elevados respecto al PIB, de 41.8% y 38.6%, respectivamente.

La utilización de los créditos como mecanismo de ajuste poco a poco formaron parte de los desequilibrios, ya que el pago de intereses presionaría las finanzas públicas, así como la disponibilidad de divisas. Aparte de los desequilibrios financieros que ocasiono, también hubo otros efectos en el ámbito económico, como la inflación en el caso del financiamiento interno.

De 1978 a 1981 el financiamiento interno se realizó con base en la colocación de valores por parte del sector público. Esto es, se colocaron Certificados de Tesorería (Cetes) y Petrobonos, los que en teoría permitirían una brecha más amplia para conseguir créditos sin presionar la inflación. No obstante, el sector bancario mantuvo en su poder una porción importante de sus títulos emitidos, por lo que se volvía por igual al mecanismo del encaje legal utilizado en años anteriores, esto es, variando el porcentaje de las reservas de los bancos por parte del Banco Central. Sólo que en este caso los bancos pudieron imponer condiciones al mantener en su poder esos valores sobre la liquidez o dinero en circulación en la economía, al vender o mantener en su poder esos títulos. De esa manera, aunque en esencia cambió la forma de financiarse internamente, el Estado siguió presionando la inflación al restringir el crédito, ya que los bancos fueron los mayores inversionistas de los valores públicos, con un agravante más: la pérdida del control de la liquidez en la economía.

Respecto a la deuda externa pública se puede decir que PEMEX, dentro de las empresas públicas, cubrió el mayor porcentaje de endeudamiento al pasar de 16.4% de la deuda en 1978, a 29.2% en 1981.

Resalta en importancia lo que sucedió con la deuda externa en relación con el cambio de acreedores de organismos públicos por acreedores privados, principalmente bancos comerciales. Durante la década de los años setenta poco a poco se trasladaron esos préstamos a acreedores privados, hasta alcanzar de 1978 a 1981 un porcentaje muy elevado. Este cambio permitió ventajas, pero al mismo tiempo grandes desventajas que se tradujeron en complicar más el servicio de deuda.

Los préstamos de acreedores privados se presentaron siguiendo las condiciones que impone el mercado financiero internacional, especialmente en lo que se refiere a las tasas de interés. Estas siempre fueron las normas, sólo que el Estado mexicano pareció olvidarlo, sobre todo en el periodo que se analiza, dada la ilusión petrolera. Sus máximas implicaciones se dieron por la suma de intereses que se debían pagar en un corto plazo, presionando aun más las finanzas públicas y a las divisas disponibles.

En 1981 se agudizó el compromiso de la deuda externa, contrastándose una suma importante a corto plazo, lo cual se explica, además por el déficit público y comercial que se tenía, por el fenómeno especulativo que se había generado contra el peso. La fuga de capital y la dolarización en la captación bancaria representaron sumas importantes pagaderas en dólares que tuvieron que ser compensadas con las reservas internacionales, pero que poco a poco se fueron agotando, hasta la urgencia de contratación de créditos y por no verse vacías, como sucedió en 1982.

Cabe señalar que el endeudamiento evolucionó de 1978 a 1981 en una primera etapa, de acuerdo con los recursos comprometidos para el financiamiento del déficit comercial, del déficit público y del pago de intereses de la deuda. En una segunda etapa, el flujo de deuda fue dado por la necesidad de contrarrestar la influencia de los movimientos de capitales provocados por el efecto especulativo.

El desenlace observado en el mayor endeudamiento fue obra del manejo que se dio a la política cambiaria y del desenvolvimiento que conoció el sector bancario. A continuación realizaremos un pequeño análisis de esos factores que ayudaron a ese equilibrio en la economía.

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1. Con datos que publica la revista Comercio Exterior analiza la balanza comercial desagregada del país en la actualidad para que observes que productos exporta e importa.

La Actividad Financiera

Con la devaluación del peso en 1976, en esos momentos se permitió desalentar la fuga de capitales y la captación en dólares en el sistema bancario. Asimismo, se permitió reducir la compra de bienes importados por ser más caros para los compradores nacionales, y con ello menor necesidad de endeudamiento con el exterior, situación que se mantuvo en 1977.

El ajuste, sin embargo, se colocó como solución a corto plazo y de ningún modo ayudó a solucionar problemas de carácter estructural, entre los que destacan bienes importados necesarios para el aparato productivo.

De 1978 a 1981, aun con la experiencia devaluatoria de 1976, se realizó una política cambiaria sin movimientos bruscos. Esta flexibilidad, cuando los precios del país se elevan y las tasas de interés frente a las internacionales no se corregían adecuadamente, hizo que se perdiera dinámica en el manejo correcto del sistema bancario, principalmente en la captación y financiamiento en moneda nacional.

La fuerte participación que se reflejó en la captación de dólares del sistema bancario pareció provenir de la perdida de confianza en la moneda nacional, dada la continua inflación, y la falta de una adecuada corrección en las tasas de interés, así como el tipo de cambio.

En 1977 la inflación al consumidor alcanzó una tasa de crecimiento del 29% en promedio comparada con la del año anterior. En tanto que para 1978 y 1979 se obtuvo de 16.5% y 18.2%, respectivamente; y para 1980, 26.3% y 28.0% en 1981. Estos movimientos en los precios implicaron necesariamente una política de tasas de interés más intuitiva que permitiera nivelar la perdida que por ello se tenía en los rendimientos de inversión que ofrecían los bancos.

De esa manera, las tasas de interés comenzaron a elevarse para tratar de compensar la perdida por el efecto de los precios. El alza permitida a las tasas de interés en moneda nacional, al descontársele los precios, no lograron aun un margen atractivo frente a las tasas de interés ofrecidas a otras plazas como Estados Unidos e Inglaterra.

De manera paralela, la política de las tasas de interés en dólares se aplicó siguiendo la que existía en Londres, lo que permitió que la captación del ahorro en moneda extranjera se colocara en mejor posición que en moneda nacional.

Una persona que quisiera colocar sus ahorros y capitales en el sistema bancario obtenía intereses iguales al hacerlo en el mercado nacional en moneda extranjera que al hacerlo en la plaza de Londres, sólo que en ese último caso implicaría gastos de operación, por lo que ganaría realizándolos en México. Además el tipo de cambio se deslizó de 22.73 peso- dólar, de diciembre de 1977 a 26.23 en el mismo mes de 1981, lo que fue un incentivo más para guardar su dinero en moneda extranjera en el mercado bancario local. Fue por esta razón que los depósitos en dólares representaron una suma importante en los recursos captados por la banca del país.

El mecanismo de elevar las tasas de interés generó entonces mayor inflación de manera similar a como se había presentado de 1970 a 1975. Si los bancos pagaban tasas de interés altas a los ahorradores, entonces cobraban una tasa de interés mayor a sus clientes o inversionistas que solicitaran crédito. Y como regularmente eran empresas productivas, estas aumentaron los precios de sus productos para cubrir sus mayores costos financieros y no reducir su margen de ganancia.

La consecuencia fue mayor inflación, pero además, debido a la existencia de un mercado internacional con una tasa de interés más atractiva, para solicitar crédito las empresas como Estados Unidos, aun cuando se trato de hacer competitivas las tasas de interés internas, permitió que muchos empresarios prefirieran endeudarse en el extranjero. Esto implicó un hecho destacado ya que, al devaluarse la moneda en 1982, las empresas que lo hicieron se vieron seriamente afectadas.

Los mecanismos que sin duda debieron utilizarse para ayudar en las imperfecciones de las tasas de interés internar frente al exterior parecieron centrarse sobre el tipo de cambio. Este debió deslizarse de tal suerte que se le permitiera corregir la variabilidad del rendimiento de las tasas de interés internas frente a las externas. El desplazamiento que se propició a la moneda nacional, sin embargo, no fue suficiente para esa corrección, por lo que se presentó como un estimulo más para endeudarse en el extranjero.

Es de consideración lo selectivo del crédito que se observó en el sistema bancario. El financiamiento de éste, en gran parte, fue acaparado por el Estado y por ciertos sectores productivos con los cuales los bancos guardaron estrecha relación. Mientras que en 1978, de las cifras concedidas de financiamiento, el 38.8% fue hacia el sector público; para 1981 el porcentaje representó el 67.2%. Esta mayor participación del Estado, al paso de los años en el total del financiamiento, reflejó la insuficiencia tanto de los recursos obtenidos con el petróleo como del exterior para cubrir los incrementos de los gastos realizados.

Así, de 1978 a 1981 la participación del sector primario y de la transformación cayeron continuamente, contrario al energético en donde la electricidad y el petróleo conocieron un repunte. Se privó de financiamiento a las actividades primarias y a ciertos sectores industriales para financiar al Estado y a los energéticos. Esto fue un elemento más para que el sector privado buscara créditos en los bancos del exterior, así como una baja en la producción de alimentos necesarios a la población.

Se observó también que al desarrollarse una paulatina captación en dólares, los bancos igualmente impusieron que sus créditos se hicieran en moneda extranjera. De esta manera, los bancos lograron cubrirse por el efecto del tipo de cambio, al equilibrar la correspondencia entre la captación y financiamiento en dólares.

Te podrás dar cuenta que el sector bancario tuvo un papel trascendente en los desequilibrios económicos del país en esos momentos, especialmente en el juego de la tasas de interés y el tipo de cambio, que dio como consecuencia la dolarización de las actividades bancarias. Los distintos instrumentos de política del Estado, en lugar de mejorar el sector, lo alejaron del intermediarismo eficiente entre el ahorro–inversión.

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1. Con base en los datos que publica el Banco de México obtén la paridad del tipo de cambio en los últimos meses, y de ellos el deslizamiento que ha registrado. Compara el deslizamiento con la inflación, que también publica la misma fuente, y analiza si existen concordancias entre ellos.

Breve Síntesis

La característica principal del periodo de 1978 a 1981 fue contar con una fuente de ingresos generados por el petróleo, situación que hizo repuntar la economía y el desarrollo del país en comparación con años anteriores.

Sólo en estas condiciones se dio nuevamente una reanimación a la crisis de 1976. Sin embargo, su funcionamiento adoptó las mismas características con las que se desarrolló el país desde el inicio de los años setenta. El Estado intervenía para dar garantías al sector privado y al curso económico en general. Estas siguieron siendo la línea a seguir, y con ello cargas financieras para el Estado que bien pudieron disuadirse, gracias al panorama de ingresos generados por el petróleo.

Así, la reanimación de la economía hizo crecer las importaciones y su necesidad de financiamiento, que fue característica intrínseca del modelo. Para darle curso a esa expansión, se apoyó, como en años anteriores, a los créditos internos y externos, sobre todo porque para expandirse el sector petrolero requirió insumos y capitales importados, ya que no se contó en el país con eficiencia y capacidad para la explotación de ese recurso. La falta de una autorreproducción del sistema económico nacional, aun con el recurso petrolero, siguieron siendo los síntomas en este periodo y el principal indicio del fracaso económico.

El aumento constante de las tasas de interés internacionales, así como el continuo aprovisionamiento de recursos del Estado en el sistema bancario –que dio lugar a elevar las tasas de interés nacionales– propiciaron especialmente aumento en la inflación. Al crecer esta provocó presiones en la devaluación del tipo de cambio como en el periodo anterior, sólo que en estos años si se permitió deslizarla, aunque no en las cantidades necesarias para lograr disuadir el efecto especulativo. Al despertar este fenómeno, si se hubiese devaluado el peso frente al dólar en su valor real, se habría detenido el fenómeno especulativo que vino a ser más dañino que el propio efecto inflacionario en la devaluación del peso. Si en un principio se requirió financiamiento externo para expandir la dinámica de la actividad económica, y con ello el desarrollo del país, más adelante se contemplaría y compensaría el efecto especulativo con mayor endeudamiento.

Estos efectos financieros –propiciados por la especulación– profundizaron el endeudamiento externo, el cual, dadas las condiciones internacionales de altas tasas de interés así como la caída del precio y del volumen del crudo que se exportaba, mostraron la imagen de un país con severos desequilibrios hacia fines de 1981 en inicios de 1982. Este desequilibrio se reflejaba no solamente en el Estado por el déficit público y comercial que se tenía, sino también por el sector privado, que en un afán por expandirse con créditos más baratos hacia el exterior había comprometido sus activos en moneda extranjera.

Estos desequilibrios se siguieron observando en los primeros meses de 1982, aun cuando el Estado modificó al inicio de ese año algunos de sus planteamientos de política económica. Reducir gastos así como elevar las tasas de interés y dar una mayor flexibilidad en la política cambiaria para deslizarlo, parecieron ser las estrategias más importantes. A pesar de ello, y en circunstancias donde no se genera especulación se esperarían mejores resultados.

Las medidas resultaron insuficientes cuando el efecto especulativo ya había mostrado su fuerza en 1981.Este fenómeno continuó en los primeros meses de 1982 con grandes mermas en la economía. Fueron momentos de tensión económica, por lo que eran necesarias medidas drásticas y urgentes que permitieran un reordenamiento en la economía. Una devaluación más brusca, incluso desde años atrás pudo ofrecer mejores resultados, ya que ayudaría a diseminar la especulación, así como reducir las importaciones, fenómenos centrales en todo el desequilibrio. No obstante, el gobierno de entonces defendió una devaluación menor, entre ellas, la especulación contra el peso.

Fue de esa manera que hasta septiembre de 1982, se llevó a cabo la nacionalización de la banca y el control de cambios, en afán por tratar de controlar los desequilibrios.

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