1.4. EL MODELO DE DESARROLLO A PRINCIPIOS DE LOS AÑOS SETENTA


Después de analizar los planteamientos anteriores es pertinente señalar cuales son los problemas que surgieron al pretender cambiar el modelo de desarrollo anterior. Hacia el inicio de los años setenta fue necesaria una mayor participación del Estado para reanimar la actividad económica y darle una mejor orientación.

Esta mayor participación del Estado requirió de mayores gastos que permitieran cubrir la demanda de necesidades que la población y el desarrollo demandaban. A ese propósito se incrementó la expansión de las empresas públicas, las que, sin una política de precios y tarifas adecuadas, propiciaron desequilibrio en sus finanzas y en las del sector público en conjunto.

Además de la de la política de precios y tarifas subsidiadas se sumó la fiscal, que no se transformó lo suficiente como para cubrir y sanear las finanzas públicas, y mucho menos para convertirse en un instrumento de distribución del ingreso. Esta política fiscal ayudó al incremento de la inflación al apoyarse en los impuestos indirectos afectando los ingresos medios y bajos. Los impuestos que gravaron a los grandes empresarios, sustancialmente, no fueron modificados, lo que observó la fuerza de estos empresarios, aun cuando varias veces se reintento modificar el impuesto a sus utilidades.

En ese esquema deficitario del sector público, los créditos internos y externos tuvieron la función de variables de ajuste, marcando el límite al desenvolvimiento que se llevaba a cabo. Y aunque estos créditos apoyaron las finanzas del Estado, ambos afectaron otros fenómenos económicos relacionados con ellos. El crédito interno fue factor decisivo en el incremento que se gestó contra el peso hacia los últimos años del periodo echeverrista.

Respecto al comercio exterior, la política de permisos previos y aranceles continuó protegiendo a la industria nacional. Asimismo, se crearon toda clase de estímulos para el reimpulso de las exportaciones del país. El déficit cada vez mayor que se observó en la balanza comercial vino a reflejar la debilidad de la política comercial a favor de las exportaciones frente a las importaciones. Este saldo cada vez mayor, junto a la fuga de capitales, al servicio de la deuda contratada en el pasado y los gastos remitidos al exterior por los inversionistas extranjeros fueron motivo de mayor endeudamiento público externo.

Por ultimó se pretendieron crear las condiciones para estabilizar el tipo de cambio, no obstante, al no lograrlo cuando los precio se elevan, los desequilibrios se acentuaron aumentando el efecto especulativo, esto es, la demanda de dólares a una paridad de

12.50 pesos por dólar. La política de defender a cualquier precio el tipo de cambio se tradujo en una profundización de la pesada carga financiera nacional, pues dicho mecanismo atrajo fuertes presiones especulativas, lo que obligo a saldarlas mediante deuda externa. Y dado que fue hasta septiembre de 1976 cuando el Estado decidió devaluar la moneda para contener el efecto especulativo, se tuvo que soportar durante los primeros ocho meses de ese año (mostrando también desde 1975), el efecto financiero que causaba el fenómeno.

Si en un primer momento el tipo de cambio reflejó una carga financiera por mantenerlo fijo, a toda costa se buscó mantener el incremento de precios, causa principal que lo provoca. Mas tarde se tuvo que soportar el efecto de demandar dólares para obtener ganancias fáciles son sólo cambiar a esa moneda los pesos mexicanos -efecto especulativo- lo que presionó a una mayor devaluación. Es decir, el no corregir de manera adecuada el tipo de cambio, hizo que se crearan expectativas sobre ganancias en su transformación de pesos a dólares. Y es aquí donde encaja precisamente la fuga de capitales y la captación en dólares, que si en un principio funcionó para cubrirse de los riesgos, más tarde lo hizo para generar ganancias fáciles y rápidas.

El proceso que siguió la intervención del Estado en la economía encontró su nofuncionalidad hacia el desarrollo deseado ante los efectos del tipo de cambio y la devaluación. No obstante, los objetivos planteados y su limitada instrumentación ciertamente propiciaron cambios, aunque sin afectar seriamente los intereses del sector capitalista privado, por lo que las medidas adoptadas se tradujeron en una ampliación del desarrollo observado desde antes de los años setenta, el cual se había estrechado a causa de las políticas del desarrollo estabilizador.

Las deficiencias residieron no tanto en lo que se llevó a la práctica en esos momentos sino en lo que no se llevó a cabo desde las décadas pasadas. Además, los cambios realizados en estos años tuvieron que contemplar también la crisis por la que atravesó el Capitalismo a nivel internacional que, dada su estrecha relación, fue un elemento más por considerar en las transformaciones estructurales que se pretendían.

Se puede decir, entonces, que los esfuerzos por reconstruir el pasado en medio de condiciones nacionales e internacionales distintas no encontraron eco positivo para llevarse a cabo.

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