1.4.4 POLÉMICA SOBRE LOS EFECTOS DEL TLC


Los resultados del Tratado, no se hicieron esperar. A una década de este compromiso, se observa ya el cumplimiento e incumplimiento de los aspectos propuestos, y el deber ser se separa del ser cada vez que ocurre la oportunidad. Realiza la siguiente lectura, para que tengas un marco teórico de referencia y puedas emitir tu propia opinión:

IMPACTO DEL TLC EN LOS SERVICIOS DE BIENESTAR SOCIAL “UTOPÍA Y TRATADO DE LIBRE COMERCIO

Para analizar el impacto del Tratado de Libre Comercio sobre los “servicios de bienestar social”, es necesario conocer su fundamento ideológico y el contexto socioeconómico en el que se desenvuelve.

Cabe señalar que el TLC surge del contexto neoliberal y con la ideología que éste lleva implícita, por lo que puede asegurarse que el Tratado carece, por si mismo, de la posibilidad de brindar bienestar social.

El impacto del TLC sobre los “servicios de bienestar social”, fue previsto con anterioridad, sin embargo, un informe rendido por la Comisión de Comercio Internacional, señalaba que el TLC no implicaría desempleo entre trabajadores poco capacitados y de bajos ingresos, por el contrario, habría más empleo, los salarios y el PIB crecerían.

También, se dijo que México ya formaba parte de los países desarrollados de América de Norte, por lo que el TLC sólo significaría inversión, tecnología,… crecimiento, auge. Algunos analistas hacían la observación, por ejemplo, sobre las diferencias de ingreso per capita , pues mientras en México sólo alcanzaba 2 mil 490 dólares, en Estados Unidos llegaba a los 21 mil 790 dólares; pero eso no importaba, pues las inversiones extranjeras serían la panacea y principal fuente de beneficio, ya que con ellas habría de crecer el número de empleos en México y en consecuencia se vería reducido el total de emigrantes. Pero estos eran buenos deseos, una utopía.

Veamos con mayor detenimiento qué ha sucedido con el empleo en México, pues de todos es conocido el vertiginoso ritmo de aumento de la tasa de desempleo, aunque es cierto, el Tratado no tiene por sí sólo, la capacidad de generar tal deterioro en nuestra economía, pues como sabemos, se ha encontrado en el camino con la crisis financiera. Así es que el desempleo abierto, para abril de este año alcanza el 6.3% de la PEA, lo que muestra un incremento del 10.5% respecto a marzo del mismo 1995. de tal suerte, puede hablarse de 8 millones de mexicanos sin empleo fijo, de los cuales 2 millones son totalmente desempleados y 6 millones subempleados, pero, del total mencionado, el 90%, es decir más de 7 millones, han tenido experiencia laboral. Asimismo, quienes trabajan en condiciones difíciles y precarias (tasa de condiciones críticas de ocupación) pasaron de 12.5% en abril del 94, al 15.5% en abril de 1995. Sin tratar de ser pesimistas sino realistas, al finalizar el año, en ese abril se pronosticaron 700 mil empleos menos, es decir, 100 mil menos por mes. (Las cifras son tomadas del Informe sobre la situación económica, las finanzas públicas y la deuda pública. SHCP. México, Primer Trimestre de 1995)

Los niveles de desempleo señalados, difícilmente estarían en el contexto del bienestar social, aunque los más optimistas alegarían que estas personas podrían hacer buen uso de su tiempo libre. Pero, esto no es obra exclusiva del TLC, pues incide la política económica vigente: medidas que han tenido lugar a partir de la crisis financiera de nuestro país y cuyos resultados no se hicieron esperar, manifestándose en la disminución de la tasa de crecimiento de la actividad económica y la presencia de un mercado laboral endeble, fenómeno que, aún sabiéndose transitorio ya pudo ocasionar verdaderas sangrías sociales y económicas, las cuales trataron de aliviarse a través de programas como el Probecat ( Programa de Becas de Capacitación a Trabajadores), con el que se dio capacitación a casi 49 mil desempleados, -cuatro veces más que en 1994, o como el Cimo (Programa de Calidad Integral y Modernización), entre ortos, que posiblemente atiendan a los requerimientos del TLC, en lo que respecta a las ramas de actividad económica que agrupa. Aunque es cierto, los representantes del TLC, de manera complementaria, llegaron a un “Acuerdo sobre Cooperación Laboral de América del Norte”-

– Nota: también hubo acuerdo en 1993 sobre medio ambiente, infraestructura ambiental en la región fronteriza de México y “entendimiento” sobre medidas de emergencia -.

En el acuerdo laboral, se menciona:

Libertad de asociación Derecho de negociación colectiva Derecho a huelga Prohibición de trabajos forzados Restricciones al trabajo de niños y jóvenes Normas mínimas de empleo Eliminación de discriminación laboral Igual paga para hombres y mujeres Prevención de accidentes y enfermedades de trabajo Protección de trabajadores migratorios

Teniendo como objetivos mejorar las condiciones de trabajo y los niveles de vida, promoviendo la “aplicación efectiva de las leyes laborales” de cada país.

Ahora bien ¿qué hay en cuanto a la salud y los servicios sociales?. Recuérdese que, en principio, se murmuraba que con el TLC se modificarían las políticas de salud, debido a que este Tratado es una expresión de la nueva postura de México como país desarrollado, y de ninguna manera habrían de permitirse presiones de parte de Estados Unidos para privatizar los servicios de asistencia. Pero qué sucede con todos aquellos trabajadores sobre los que han incidido las medidas del PARAUSEE (Programa de Acción para Reforzar el Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica) que, como se sabe, se dan en torno de la “cancelación de plazas, suspención de contratación de nuevas plazas y revisión y reducción de nuevas estructuras orgánicas”, pues bien, para ellos se amplia temporalmente la cobertura del Seguro de Enfermedad y Maternidad del Seguro Social. Pero nos preguntamos, ¿en ello habrá influido el TLC?, y es evidente que si no está en juego la salud de trabajadores de nuestros vecinos del Norte, difícilmente puede afirmarse que sí. Por otro lado, los rumores sobre la posible privatización de IMSS y la ineficiencia del ISSSTE no dejan de ser rumores, pero no se pasa por alto la influencia que pueda tener Estados Unidos.

Otra línea que definitivamente es importante mencionar en cuanto a los servicios de bienestar social es el de la educación. Pues bien, ¿cuál es la influencia que se puede reconocer en el Tratado en materia de educación?. En definitiva un Tratado comercial no tiene la capacidad para determinar la política educativa de alguno de los países miembro, en todo caso, son las mismas empresas las que exigen una preparación específica de sus trabajadores potenciales, en el ámbito técnico o administrativo, sin embargo, la población estudiantil que logra tomar conciencia de la competencia a la que puede enfrentarse en materia laboral, trata de obtener mejores resultados en su preparación técnica o profesional. Esto no es utopía, pues aunque en los acuerdos complementarios del TLC se habla de competencia justa y abierta, los estudiantes ven como un reto el hecho de estar más preparados y ser más competitivos. De esa manera reconocen que no es exclusivamente gratuito el desempleo y el subempleo con o sin Tratado, el cual, poco tiene que ver con las cifras en educación. Aunque escierto que en el 94 se puso en boga la “ACREDITACIÓN”, a través de la cual los profesionistas de los países miembro podrían participar en los otros dos países, siempre y cuando estuvieran debidamente acreditados por su país y el país anfitrión. Entre las carreras que se mencionaban para ese intercambio, estaban las ingenierías y la medicina.

No debe olvidarse que el TLC es clave en el Modelo Económico de Carlos Salinas quien, hacia 1989, canalizó su interés al tratamiento de la Deuda Externa, entre 1990 y 91 a las privatizaciones, abatimiento de la inflación y mayor apertura comercial, y el 17 de diciembre de 1992 se da inicio a las gestiones del TLC, el cual venía siendo madurado tiempo atrás, todo ello en el marco llamado “liberalismo social”, que, supuestamente, sin llegar a ser neoliberalismo, trataba de reconocer grandes beneficios para la sociedad mexicana, a través de su conocido decálogo. Pero véase el siguiente ejemplo: resulta que la industria en México ha sufrido graves trastornos y ello se refleja en las fuentes de trabajo de ese sector, y en los niveles de vida alcanzados por sus trabajadores, indudablemente también en los niveles de bienestar que pueden alcanzar las familias con un nivel de ingresos adecuado a o simplemente unos ingresos; no se diga lo que ha sucedido en el campo, pero sobre todo con sus trabajadores y los consecuentes niveles de bienestar social, pues según datos oficiales, de los 14 millones de mexicanos que viven en pobreza extrema, tres cuartas partes radican en el campo.

Respecto a la política de vivienda, esta tiene rasgos similares a las antes mencionadas, pues, según el Plan Nacional de Desarrollo, “se fortalecerán los organismos promotores de vivienda” y por supuesto, se “impulsarán los programas de autoconstrucción”. Pero, esto tampoco tiene que ver con el TLC.

Ahora veamos cual es el lugar que ocupa este Tratado en el PND, y por tanto sus posibilidades de vida. Para realizar este último análisis, recuérdese que, entre otras cosas, el presidente Zedillo señaló:

“Queremos un México crecientemente capaz de aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo para el progreso de todos los mexicanos”.

Ahora bien, cuando en el Plan se aborda el rubro de la Soberanía, se habla de “Recuperar, preservar y hacer valer la nueva estatura política y el mayor peso económico de México frente a los centros de la economía mundial y en los foros multinacionales”.

En cuanto a los nuevos vínculos de la política exterior, con América del Norte, en lo que se refiere a lo Estados Unidos, se dice, entre otras cosas, que “se buscará ampliar la cooperación financiera, comercial, científica y tecnológica”, y en relación con Canadá que “existen intereses comunes de carácter bilateral y regional que deben aprovechares… en foros multinacionales”.

Es evidente que se habla de relaciones con América del Norte, pero se pone igual énfasis que en Centroamérica y Caribe, así como con América del Sur, Europa, Asia y Africa. En este caso el TLC no adquiere la misma importancia que en el sexenio de Zedillo que en el de Salinas.

En este momento, conviene hacer un recuento final de las realidades y utopías que representa, de manera directa e indirecta el TLC ante los servicios de Bienestar Social:

México, como “ país desarrollado ”, y con la finalidad de modernizar el aparato productivo, elevar la competitividad, mejorar los niveles de desarrollo y bienestar de la población, en 1994 adopta una estrategia que consiste en negociaciones trilaterales de libre comercio México – Estados Unidos – Canadá. Pero, México no es un país como Estados Unidos o Canadá, y en estas negociaciones, no cuenta con tecnología de punta, la población no tiene los mejores niveles escolares (recuérdese que se modificó el artículo 3º Constitucional con la finalidad de lograr mejores niveles educativos haciendo obligatoria la secundaria), lo cual favorece al círculo de la pobreza; tampoco está altamente capacitada para el trabajo por lo que se enfrenta a una competencia desigual, pero cuenta con una creciente población que, a la luz de una buena dirección, representa uno de los potenciales más importantes de nuestro país -¿acaso no es cierto que si el hombre tiene capacidad para crear problemas, también tiene capacidad para resolverlos?-.

Con el TLC, se abre la posibilidad de que los productores mexicanos –excepto los pequeños y algunos medianos empresarios, que ya quebraron- amplíen el mercado para sus productos, los consumidores cuenten con una amplia gama en calidad y precio (esta es una utopía más) de los diferentes productos, para la satisfacción de sus necesidades económicas.

Es así que el TLC ha sido considerado reiteradamente como parte del modelo de desarrollo vigente, pero el neoliberalismo en México ha puesto en entredicho la justicia social, y no hay más que echar una mirada al entorno y convencerse de la miseria que padecen millones de mexicanos, y de las posibilidades reales para sacarlos de la llamada pobreza extrema.

De esta manera, puede observarse el “impacto del Tratado de Libre Comercio en los Servicios de Bienestar Social”, tomando en cuenta la ideología que sustenta el TLC, y su relación con la política económica y social de México, así como los resultados que sin lugar a duda, se reflejan en las mayorías.

Una visión optimista o utópica sobre ese gran y creciente contingente humano, (más de 100 millones al iniciar el siglo XXI) que es la población mexicana, es que ella representa una gran posibilidad, pero, nuestro país requiere más que cantidad, calidad en el trabajo, pues ello repercute en las características de los servicios de bienestar social. Sin embargo, es importante recordar que si los niveles de vida de la población –tanto la que participa, la que se prepara cotidianamente aún contra corriente, la que da, así como la que espera que todo se le de gratuitamente porque sólo ha sido preparada para esperar y obedecer sin pensar- siguen en deterioro, a pesar de los intentos del discurso político, esto repercutirá necesariamente en el fracaso del modelo de desarrollo de nuestro país, por lo que se puede señalar que aún el mismo TLC debe influir positivamente, quizá de manera indirecta, claro está, en los servicios de bienestar social. 9

Cabe insistir en que el Tratado es otro acuerdo establecido en las relaciones ya existentes entre México, Canadá y Estados Unidos que, por su carácter temporal y ámbito limitado es insuficiente para enmarcar el mayor volumen y diversificación de las exportaciones mexicanas a esos mercados.

La modalidad escogida por las tres naciones para vincular sus economías es la creación de una zona de libre comercio, la cual garantizaría su libertad para determinar las políticas comerciales a seguir con otros países y regiones.

Sin embargo, ¿en verdad beneficia el tratado al país? ¿Qué motivó a Estados Unidos a propiciar la firma del TLC? Para Estados Unidos el motivo principal para firmar el TLC con México fue de origen político, pues la extensa frontera con el país hace que la “prosperidad y estabilidad” de México sea un factor de gran interés.

Pese a las proyecciones oficiales con el TLC, subsiste la interrogante sobre el beneficio al país, porque si bien es cierto que un comercio internacional dinámico, planeado y agresivo no sólo es deseable sino necesario para México, también se debe tener en cuenta que se entra de lleno a la globalización sin contar, de hecho, con empresas transnacionales propias del país y con una planta industrial consolidada, -salvo excepciones-, y calificada por la cobertura internacional de su operaciones. En este sentido, la economía mexicana podría ser asimilada por la norteamericana; por ejemplo: para Estados Unidos y Canadá, México es un proveedor marginal, mientras que para nuestro país ambas economías ya representan el 81% del comercio exterior.

Sin embargo, la firma del TLC se consolidó en diciembre de 1992, entrando en vigor el 1º de enero de 1994, fecha en la que el EZLN manifiesta los más altos grados de marginación y pobreza.

En México, partidos políticos como el PAN y PRD no avalaron la forma en que se llevó a cabo la firma de este compromiso, por considerar que para resolver los problemas del desarrollo no basta con la apertura comercial. Asimismo, en Canadá y Estados Unidos hubo protestas por la firma del TLC, en tanto muchos productos mexicanos enfrentan obstáculos (barreras arancelarias y no arancelarias) para ingresar al vecino país.

Rosas Sánchez, Mercedes. “Utopía y Tratado de Libre Comercio”. En:Ponencias de la III Convención Internacional de Trabajo Social”. Tomo II, pp. 214-219. ENTS, UNAM, México, 1995.

Por ello, 35% de las importaciones estadounidenses en el país quedan libres de aranceles. La industria mexicana entra en competencia en uno de sus peores momentos y con una evolución negativa de 3.5% en su participación dentro del Producto Interno Bruto (PIB) en los primeros nueve meses de 1993 (ver anexo al final del capítulo). Así, las industrias mexicanas tendrán que competir con sus rivales estadounidenses, más eficientes y sin el gobierno mexicano de protección especial, pues existe una ley supragubernamental por la cual (el TLC) se restringirá al Estado mexicano de proteger a industriales nacionales. No habrá más proteccionismo por parte del Estado mexicano, pero el de Estados Unidos sí podrá seguirlo haciendo. ¿No crees que es desigual esta actitud para México?

El Tratado constituye un “marco legal” para todas las empresas y el comercio de México. Las dos mil páginas del texto atan de manos al gobierno mexicano para no interferir en la economía del país. Para México, las promesas de las reglas del TLC están destinadas a atraer la inversión extranjera y, sobre todo, a ejercer mayor presión sobre los empresarios y trabajadores. En los primeros años del XXI, crece la tendencia a las inversiones extranjeras, con lo cual aumentará el desempleo, pues la tecnología avanzada y de punta absorbe poca mano de obra.

Los salarios en México equivalen apenas a una décima parte de los que reciben los trabajadores en Estados Unidos. Por ello, muchas empresas norteamericanas han decidido mudar sus instalaciones a México y tratan de compensar, aunque sin conceder auténticas prestaciones, con desayunos, pago de transporte y pequeñas despensas semanales, lo cual no saca al trabajador mexicano de la pobreza.

A mediados de 1991 Estados Unidos impuso al gobierno mexicano la creación de subcomisiones negociadoras de energéticos con enmiendas a la Ley de Inversiones Extranjeras (que darán paso a la inversión norteamericana a través de la banca, los seguros, la construcción y comercialización de carreteras, los ferrocarriles y las presas): que Pemex reclasifique productos petroquímicos básicos volviéndose productores secundarios; que la compañía estadounidense Triton perfore pozos en la Sonda de Campeche; la Ley de Patentes y Marcas se transforme en Ley de Protección Industrial, favorable a Estados Unidos; que se modifique el artículo 27 acerca de la propiedad de la tierra, que favorece la desaparición del ejido y la venta de la tierra como propiedad privada, lo cual terminó con la tutela del Estado sobre los campesinos, y con ello adaptó al agro nacional alas exigencias del TLC.

La apertura comercial propuesta, la disposición del GATT y ahora del TLC, no sólo provocan la quiebra de muchas fábricas mexicanas y dejan en la calle a miles de trabajadores, sino que logran que los agricultores mexicanos cambien de producción, pues al ser Estados Unidos y Canadá importantes productores de trigo, al agricultor mexicano le conviene mejor importarlo y dedicar la tierra a otro cultivo, así como a producir más frutas, legumbres y cítricos, área donde es altamente competitivo.

La apertura precipitada de la Economía de México con El TLC

Veamos algo publicado por La jornada el 20 de febrero de 1993:

El superávit conseguido en 1992 por Estados Unidos en su balanza comercial con América Latina, refuerza la negociación de una zona de libre mercado que amplíe a otros países el TLC. El año pasado, México se convirtió en el mayor comprador de productos estadounidenses con un total de 40 597 millones de dólares, mientras que las exportaciones de este país al mercado del norte fueron de 35 189 millones. La balanza positiva obtenida por Estados Unidos con México fue descrita por Willard Kman, vicepresidente de la Cámara Estadounidense de Comercio: “Y al parecer esto es sólo el principio”.

El TLC ha ocasionado el cierre y desempleo en industrias nacionales de textiles, alimentos, calzado, etc., ya que la competencia con el extranjero –al que estamos sujetos mediante la libre importación de productos baratos, pero de mala calidad- favorecerá ante todo a Estados Unidos.

Después de 1994 se abrieron fronteras a productos estadounidenses. En los diferentes centros comerciales se pueden adquirir productos importados, desde el agua mineral, helados, carnes, cereales, lácteos, detergentes, electrónica o ropa; la invasión comercial es preocupante.

En algunos sectores, la industria del país ya ha sido barrida. En otros es cuestión de tiempo para que desaparezca… Un industrial amigo mío, que hipotecó su fábrica, su capital y su patrimonio familiar para enfrentarse a la competencia extranjera, todo lo ha perdido. Acorralado por unos impuestos deshumanizados –increíblemente, después de perderlo todo, él y sus empleados, Hacienda, todavía lo ha embargado-, intenta sobrevivir con su familia, agarrando cualquier franquicia de las transnacionales que sean. Antes, su dinero lo invertía todo aquí. Ahora como empleado de lujo de una empresa extranjera, colaborará para que los beneficios vuelen hacia el norte. Amargado y al borde del suicidio –no estoy hablando en sentido figurado- me decía entristecido: vienen tiempos tan aciagos; los del norte, incapaces e ineptos para competir con europeos y japoneses, se están echando encima de América Latina, su último recurso, y nosotros somos la primera y más inmediata víctima. El TLC, más que un reto, es una siniestra amenaza.10

Te invitamos a reflexionar sobre la relación que tendrá la apertura comercial, el TLC y la generación de empleos en el país.

Se estima que de 1990 a 1993, la población con empleo en México aumentó de 24.1 a

27.2 millones de personas, esto es, un millón de personas al año.11 Es de resaltar que la industria maquiladora es el único sector que, a lo largo de la crisis de los años ochenta y

10 Prieto Río de la Loza, Raúl: Álvaro Obregón resucita, pp.242-243.

Reyes Heroles, J.: TLC ¿Principio de la utopía?

durante los noventa, generó empleos, cuya mano de obra pasó de 119 mil trabajadores en 1980, a 535 en 1993.12

La vigencia del TLC significará para México un crecimiento anual de 3.8% en 1994, 4.2% en 1995 y 5.5% en 1996. Es decir, que el país alcanzará crecimientos del 6% hasta el final de los años noventa.13

Ahora bien, ¿la apertura y el TLC podrán generar más y mejores empleos cuando la tendencia mundial es obtener mayor productividad por medio de innovaciones tecnológicas? México añade un rezago con cerca de un millón de jóvenes desempleados cada dos años a partir de la década de los ochenta.

Al parecer, ante la acelerada revolución tecnológica y productiva, es evidente que las oportunidades a mediado y largo plazo del TLC en materia de empleo no serán aprovechadas si el país no desarrolla una amplia estrategia de inversión y planeación de recursos humanos. En síntesis, a pesar de los cuantiosos recursos externos captados por México, el producto interno bruto (PIB) aumentó 7.4% en términos reales; el empleo dentro de la “modernización” lo hizo en el orden de 6.5% a 7%. La reconversión del aparato productivo, en respuesta al cambio estructural y la apertura comercial, ha hecho imposible aumentar el empleo a un ritmo razonable. ¿En qué medida el TLC permitirá cambiar esta preocupante situación?

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1. Lee el siguiente texto publicado en La jornada el 24 de abril de 1993.

“Presentó El Fisgón su libro en la Guerrero; con el TLC nos puede pasar lo que al Tigre de Santa Julia; propone organizarse para enfrentar el impacto negativo”.

En medio de la calle Zarco, en la colonia Guerrero, a cielo abierto a unas cuadras de la vecindad donde nación Cantinflas, El Fisgón habló claro y directo frente al Tapado: “O nos organizamos para enfrentar los impactos del Tratado de Libre Comercio (TLC) o nos agarran como el Tigre de Santa Julia”.

Entre las vetustas vecindades de la colonia Guerrero, el cartonista Rafael Barajas, El Fisgón, presento nuevamente su libro Me lleva el TLC –ya prácticamente agotado– uno de los pocos accesos de información a un acuerdo comercial cuyas negociaciones se han mantenido cerradas, porque no quieren que se conozcan las consecuencias negativas que traerá al país, aseguro Berhta Luján, de la Red Mexicana de Acción Frente al Tratado de Libre Comercio.

12 Aguilar Camín, Héctor, “Quinto Informe de gobierno”, en TLC: Después de la batalla.

13 Carrasco, Rosalba: “Vivir sin el TLC”, en La Jornada, 8 de febrero de 1993.

Mientras los transeúntes bajaban de la pesera para dirigirse al Metro Guerrero, El Fisgón advertía los peligros de un Tratado que beneficiaria a Estados Unidos a salir de su crisis económica y a Carlos Salinas de Gortari, para atraer capitales extranjeros.

“Primero quiero agradecer a Serra Puche que no haya negociado el idioma y podamos comunicarnos en español.

Vengo a preocuparlos porque el problema con el Tratado es muy grave. Es el proyecto comercial más ambicioso de México y no nos han dicho en que cosiste, no hay información. Y cuando se de a conocer no creo que sea una grata sorpresa”, dijo El Fisgón a los habitantes de esa colonia popular.

Ahí acompañado por Superbarrio Gómez y por el Tapado, vestido con su capucha y de saco y corbata –ambos emplazados a una lucha de tres caídas sin límite de tiempo-, El Fisgón hablo sobre la disparidad de competencia entre las economías mexicana y estadounidense. La nacional 15 veces más pequeña.

Por el Tratado, la Constitución ya fue modificada y parte de Pemex cedida a particulares, al reducir de 17 a 10 los productos petroquímicos manejados exclusivamente por el Estado. Además, se enviara una iniciativa a la Cámara de Diputados para que los inversionistas extranjeros puedan constituirse en personas morales mexicanas, con lo cual se intervención en la economía nacional será más directa, subrayó el autor del libro. Por eso se oculta la información del Tratado, porque vulnera la soberanía nacional (bien guardada en una caja fuerte de Wall Street) y los intereses de la población, añadió, mientras los transeúntes se detenían a escuchar la nueva presentación al descampado de Me lleva el TLC.

Atentos los hombres y mujeres de la colonia donde nació y creció Cantinflas escucharon las advertencias sobre el TLC, y también la propuesta de El Fisgón de organizarse para detener el impacto negativo del acuerdo comercial, a su vez, proponer alternativas de desarrollo nacional. “Sino, nos van a agarrar como al Tigre de Santa Julia”, advirtió Rafael Barajas.

  1. Con base en el texto elabora un breve escrito mediante el cual puedas verificar la comprensión de las siguientes preguntas: ¿Qué relación existe entre los argumentos del texto y lo descrito con anterioridad? ¿Rafael Barajas El Fisgón tiene una interpretación equivocada del TLC? ¿Por qué? Argumenta el texto que escribas.
  2. Las caricaturas siguientes se publicaron con base en el TLC, obsérvalas y contesta lo que se te pide.

PRONAWASH ■El Fisgón

CABILDEO ■ Helguera

¿y tú entiendes cómo funciona esto Pos es así como del cabildeo por el un PRONASOL Hi! REPRESENTO AL

TLC? para Washington GOBIERNO MEXICANO Y PROMUEVO EL TLC. ES MUCHO BUENO PORQUE A MI YA ME HIZO RICO ¡

imagen2

a) ¿Qué significa el título de la primera caricatura?

b) ¿Cómo se interpreta la palabra cabildeo en la segunda caricatura?

c) ¿Por qué el autor de las caricaturas maneja una distinción social en cada una de ellas? ¿Podemos decir que para una situación social de pobreza el TLC adquirirá un sentido de indiferencia o de no beneficio? Explica este paradigma conforme a lo que observes.

d) En la primera caricatura se representa aun protagonista en reflexión, explica la respuesta que este da en relación con los acuerdos entre Estados Unidos y México.

e) En cuanto al segundo cartón, ¿quién o quiénes se benefician con la firma del

TLC Y ¿por qué se da esta realidad económica y esta definición social?

4. Finalmente, señala si, según tu experiencia o de quienes conoces, se han cumplido los puntos del acuerdo laboral, los aspectos referidos acerca de políticas sociales que complementan y permiten la participación eficiente de México ante el TLC, tales como política de vivienda, salud, educación y empleo

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