2.4. LAS REFORMAS POLÍTICAS


La reforma de Estado que se inició con Miguel De la Madrid y continuó con Carlos Salinas de Gortari avanzó espectacularmente en materia económica, pero en el aspecto político los cambios han sido menores, lo cual ha originado una demanda permanente de la sociedad de reestructurar el Estado en aspectos políticos y sociales.

La sociedad mexicana demanda un Estado de Derecho en el que la Constitución y la Ley, así como el voto ciudadano, se respeten ampliamente, y se garanticen elecciones limpias y claras en sus resultados; un sistema político en el que existan mayores espacios de participación social; un Estado con una autentica división de poderes donde prevalezca la soberanía de los estados y la autonomía municipal; en suma, un Estado democrático.

Por su parte, las cúpulas del poder proponen –y han venido imponiendo- un modelo de Estado de corte neoliberal, que busca la privatización de empresas públicas y reduce su intervención en la economía, dejando la conformación social al libre juego del mercado con objeto de abrir espacios a la iniciativa privada y a los sectores sociales dentro del proceso productivo, propiciando una economía más competitiva y con miras al mercado exterior.

En el concepto anterior de Estado, el acatamiento de las demandas sociales –de mayor democracia y justicia social- propone para el momento que las reformas económicas se consoliden: la Reforma política está supeditada al éxito y consolidación de la estructura económica.

El proyecto neoliberal de Estado y el de importantes sectores de la sociedad que pugnan por un Estado benefactor, social e intervencionista, emanado de la Revolución mexicana, se contradicen provocando tensiones, logrando avances o retrocesos hacia el Estado democrático.

La reestructuración económica y las presiones de los grupos sociales afectado por el nuevo modelo de desarrollo han hecho necesaria una reforma política y han obligado al poder a redefinir sus relaciones con la sociedad.

La reestructuración económica iniciada en 1982 a raíz del agotamiento en la acumulación basada en la producción de bienes de consumo duradero para el mercado interno, se apoya en la vieja nominación corporativa (sometimiento y control de sindicatos), y en las políticas económicas llevadas a cabo por el gobierno para enfrentar la crisis. Sin el control de los sindicatos, el gobierno hubiera encontrado una fuerte oposición a su proyecto económico. Por lo mismo, Salinas mantiene vigente el aparato corporativo y condiciona la reforma política a la previa consolidación de su proyecto económico.

Sin embargo la sociedad se revela contra el corporativismo, el partido de Estado y el presidencialismo; exige mayores espacios de participación en la vida nacional y presiona al régimen para que acelere la reforma política.

En el mismo orden de ideas nos encontramos con un Estado minado por su desfase de la realidad, dominación corporativa que influye por todos lados, ampliación y aumento sostenido de la resistencia social y de la participación política de las masas, exigencia social y una política verdaderamente democrática, fuerzas políticas nacionales con mayor influencia y credibilidad. Tales circunstancias reducen en los hechos la capacidad de maniobra del gobierno y dificulta la aplicación de reformas verticales que las ignore.16

Ahora bien, el agotamiento del sistema político mexicano se caracteriza por la pérdida de eficacia; el Estado, es consecuencia de un prolongado desgaste que se inicia en 1968 y estalla en 1982, debido a las estrategias aplicadas por Miguel de la Madrid para enfrentar la crisis de la deuda externa.

Aunque durante mucho tiempo se minimizaron los efectos del movimiento estudiantil de 1968, en que participaron ampliamente las clases medias del país hoy se acepta como el origen de la crisis política que padecemos. Crisis de dominación que según Arturo Anguiano, tiene como trasfondo los cambios de la economía y la maduración de la sociedad.

El malestar de las bases sociales del PRI y de la población en general a la política económica se manifestó en las elecciones de 1988, en que retiraron su apoyo al partido, al mismo tiempo que un grupo de militantes pertenecientes a la Corriente Democrática del partido oficial, cuestionó las atribuciones del presidente en turno para nombrar a su sucesor; la salida de algunos de sus miembros y la postulación de Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia de la República evidenciaron los problemas del partido y sus sectores para captar la acción de las masas y controlar su voto.

Anguiano, Arturo: “La reestructuración política”, en Teresa de Sierra, Cambio estructural y modernización educativa. UPNUNAM, México, 1991, p. 53.

Las elecciones de 1988 para la presidencia de República pusieron de manifiesto el desgaste del partido gobernante y fueron muy cuestionadas. No obstante estas irregularidades –e incluso con “la caída del sistema” para el conteo de votos-, la oposición logró un mayor número de diputaciones y cuatro lugares en el senado.

Los problemas del PRI para seguir controlando a las masas mediante su incorporación al partido oficial exigen una reforma; así, la crisis de dominación aparece como crisis del partido de Estado.

Por partido de Estado se entiende el régimen político en el cual el gobierno establece y dirige una organización política cuyo objeto es agrupar a una parte de la población con el fin de controlar su voto para la realización formal de las elecciones, ya sea con propósito puramente propagandístico o buscando, en el mejor de los casos, alguna forma de legitimación.17

Finalmente, cabe señalar la importancia de las variaciones observadas a raíz del asesinato de Colosio, la presencia de Zedillo y el inesperado triunfo de Fox y el PAN con él.

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  1. ¿En qué consiste el Estado neoliberal?
  2. ¿Cuáles son las demandas de la sociedad en materia política?
  3. ¿Por qué la reforma política avanza lentamente?

Ibid. P. 54.

4. ¿Qué caracteriza al Estado social emanado de la Revolución mexicana?

5. Explica qué es un partido de Estado.

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