Filosofía 2

Filosofía 2 – Sexto Semestre

2.2.1 Fray Alonso de la Veracruz


Nacido en Caspueñas, Toledo, España, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares y en la de Salamanca con el nombre de Alonso Gutiérrez, fue discípulo de Francisco de Vitoria, gloria de la teología escolástica.

Siendo profesor de Filosofía en la Universidad de Salamanca, se traslada a la Nueva España invitado por miembros de la orden de los agustinos, donde es recibido el 2 de julio de 1536, cambiando su apellido por el nombre del lugar al que arriba: Veracruz.

Fray Alonso de la Veracruz después de su llegada a la Nueva España va a provincia u funda en Michoacán los monasterios de Cuitzeo, Yuriria, Guayangareo (después Valladolid, hoy Morelia), Cupandaro, Charo y Jacona. En Michoacán conoce y establece amistad con Vasco de Quiroga. Considerado el primer filósofo de América, el “Agustino Alonso de la Veracruz… llevó al nuevo mundo la Filosofía peripatética, imprimiendo en 1554 el primer tratado de Dialéctica, y en 1557 el primer tratado de Física, obras que le dan buen lugar entre los neoescolásticos del siglo XVI, modificados en método y estilo por la influencia del Renacimiento.

La obra filosófica de Alonso de la Veracruz consiste en cuatro libros: Recognito summularum, Dialéctica resolutio, Physica speculatio y Speciclum coniugiorum. La temática desarrollada por fray Alonso va desde la Lógica hasta el cuestionamiento de la legitimidad de la conquista de América.

En su obra filosófica encontramos reflexiones sobre la dialéctica magna de Aristóteles. “La Recognitio Summularum. Obra que junto a la Dialéctica Resolutio constituyen la publicación lógica del autor”. las doctrinas escogidas corresponden de manera general a los tratados escolásticos sobre las “consecuencias“, proposiciones “hipotéticas“, y propiedades de los términos (suposición, etc.), temas que incluyen aspectos importantes

54 Trabulse, Elías: El círculo roto (letras Mexicanas.) FCE, 1981, P. 26.

de la Lógica proporcional y predicativa. También fray Alonso de la Veracruz trata la problemática sobre la Filosofía natural, el intelecto y la inmortalidad del alma.

Alonso de la Veracruz tiene también una importante obra de carácter jurídico, contenida fundamentalmente en el “De decimis” y en la “Relecto de dominio infidelium et iusto bello”. En el primero trata sobre el problema del diezmo, y si es lícito o no cargar aún más a los indios con esta exigencia de la iglesia. Con esto se erige como defensor de los indios. En el segundo, “De dominio infidelium…” el autor entra de lleno en la controversia indiana y conquista la gloria de haber sido entre nosotros, en México y en el continente americano, el primer catedrático de derecho de gentes, a más de serlo, con igual y absoluta prioridad, de Filosofía y Sagrada Escritura en la incipiente Universidad de México. Los temas tratados en esta obra son, entre otros, los principios del derecho agrario, el drama de la encomienda, el dominio de los indígenas, etcétera.

Finalmente hablaremos de cómo fray Alonso de la Veracruz refutó las justificaciones ilegítimas de la conquista. En su obra De dominio se pregunta: ¿pudo el emperador o el rey de Castilla haber declarado a estos bárbaros una guerra justa? “Al contrario de otros miembros de la escuela española –Francisco de Vitoria entre ellos- que solían hablar de conquista”, el maestro De la Veracruz prefirió hablar simplemente de la acción hostil, la cual… no tenía por qué traducirse necesariamente en una subyugación permanente, sobre todo si ha dejado de existir la causa que dio origen a la empresa bélica.55

Para reafirmar la posición de Alonso de la Veracruz exponemos aquí algunos de los cuestionamientos desarrollados en su escrito “De dominio infidelium…” ¿Pueden, los que poseen pueblos en el Nuevo Mundo sin título, percibir tributos justamente o, por el contrario, están obligados a restituirlos y dejar libres a los nativos? ¿Es lícito exigir a los indios tantos tributos cuantos sean capaces de entregar? ¿Pueden estar los españoles moralmente tranquilos de los campos adquiridos de los indios a cualquier precio? ¿Existe alguna causa que justifique la guerra contra los habitantes de este Nuevo Mundo? Fray Alonso de la Veracruz muere en México en julio de 1584.

2.2 ALGUNOS FILÓSOFOS NOVOHISPANOS DEL SIGLO XVI Y XVII


La filosofía mexicana en los siglos XVI y XVII, como ya hemos indicado se desarrolla a través de la obra filosófica y científica de algunos pensadores novohispanos

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La Filosofía en la etapa colonial de nuestro país fue principalmente escolástica, entendiendo ésta como la Filosofía de origen griego, fundamentalmente de Aristóteles, comentada, depurada y enriquecida por la doctrina de los Padres de la Iglesia, Síntesis armónica, tanto para el saber teológico como para el saber filosófico. Dentro de la Filosofía escolástica han existido deferencias y tendencias entre las que destacan los tomistas seguidores de Santo Tomás de Aquino, representada por la orden religiosa de los dominicos; los seguidores de Juan Duns Escoto o escotistas miembros de la orden franciscana; los suarecianos seguidores de Francisco Suárez, cuya doctrina es asumida por la compañía de Jesús

Hacia el siglo XVI la Filosofía escolástica se cultiva, prácticamente, sólo en España; las razones son de carácter político. España había prohibido la entrada de libros y publicaciones que trajesen corrientes ideológicas diferentes, tanto para su territorio, como para sus dominios en ultramar.

Por lo anteriormente dicho, la escolástica y sus variantes se practican en México recién creada la Universidad, hasta la segunda mitad del siglo XVII. La escolástica contó, en nuestro país, con brillantes expositores que hicieron comentarios de manera original y escribieron textos que sirvieron para la educación de jóvenes, no sólo de la nueva España, sino también de Europa.

Por otra parte, si bien el pensamiento escolástico fue el predominante en nuestro país, esto no significó un obstáculo para el desarrollo del pensamiento científico.

Algunos eruditos estudios han puesto de manifiesto el avance que lograron las ciencias exactas en España y en sus colonias en los siglos XVI y XVII. Por lo que se refiere a la Nueva España, los catálogos de obras impresas o manuscritas revelan que existía, desde el último tercio del siglo XVI, un importante, aunque reducido, núcleo de estudiosos que cultivaban asiduamente las matemáticas puras y aplicadas y la astronomía.54

Tal es el caso de fray Diego Rodríguez, uno de los más destacados científicos mexicanos del siglo XVII. Su obra, como veremos más adelante, es muestra de que la ciencia mexicana estaba a la altura de su similar europea.

2.1.4 Legitimidad de la Soberanía Española


En la junta de Burgos de 1512, se ventiló otro problema unido estrechamente al de la naturaleza de los indios, éste se refería específicamente a los derechos de la Corona española sobre el continente descubierto

Así como ya existía, por tradición una teoría europea del hombre, también se había desarrollado una concepción de derecho del dominio, abordado desde la relación de cristiandad con los infieles. Uno de los pensadores sobresalientes en este asunto fue Enrique de Susa (fallecido en 1271), mejor conocido como el Ostiense.

Enrique de Susa sostenía que el Papa es vicario universal de Jesucristo y, por consiguiente, tiene potestad, no sólo sobre los cristianos, sino también sobre todos los infieles. Después de la venida de Cristo, los títulos que pudieran tener los infieles por derecho natural o de gentes desaparecieron, recayendo el poder temporal en el pontífice de Roma. Y podía, cuando lo estimara necesario, reclamar la potestad sobre los infieles. Hubo quienes combatieron el tono radical de estas doctrinas, tal es el caso de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), quien observó que el derecho y la prelación se introdujeron por derecho humano; en cambio, la distinción entre fieles e infieles era derecho divino. El derecho divino, que proviene de la gracia, no niega al derecho humano, fundado en la razón natural. Por lo tanto, la distinción entre fieles e infieles, considerada en sí misma, no es razón suficiente para justificar el dominio de los primeros sobre los segundos. El derecho natural y de razón, son patrimonio de todos los hombres. En el siglo XVI, Palacios Rubios, influido por el Ostiense, sostuvo, al opinar en la mencionada Junta de Burgos que Cristo fue el soberano en el sentido espiritual y temporal, y delegó estas facultades en el Papa. Por tal motivo, los reinos de los infieles no gozan de independencia frente a la sede romana, y están obligados a someterse si ésta así lo desea. En esta circunstancia, las posesiones de los infieles sólo tenían el carácter de tenencia momentánea, hasta que el Papa reclame sus derechos

Incluso, Palacios Rubios elaboró un “ requerimiento “ que los conquistadores españoles deberían leer a los habitantes del Nuevo Mundo. En el se hacía, primeramente, un resumen de la religión cristiana, para que los infieles supieran quiénes eran Cristo y el Papa y los derechos que detentaban para exigirles la sujeción a su poder. Después, se les dice que todos los hombres son prójimos porque descienden de Adán, y se les pide reconocer a la iglesia y al Papa, al rey y a la reina como poseedores de estas tierras por donación papal.

Posteriormente se les advierte que si se someten voluntariamente serán recibidos con amor y caridad, y se respetarán a sus mujeres, hijos y propiedades. No se les obligará a volverse cristianos, y quien quiera serlo, lo será por voluntad propia, pero si se niega a someterse, los soldados, con la protección de Dios, los combatirán, serán esclavizados y ya en su condición de esclavos, se venderán.

Ante esta doctrina, se levanta la teoría de fray Francisco de Vitoria, ciertamente vinculada a la de Santo Tomás de Aquino. De Vitoria se opone al título que Carlos ostenta como emperador, dueño y soberano de las indias. También niega el dominio, potestad temporal y civil del Papa sobre el Nuevo Continente, sus indios y demás fieles. La potestad temporal del Papa es de orden espiritual y no material, aunque ésta tenga como finalidad liberarlos del pecado.

En cuanto al emperador, critica con dureza al derecho de conquista. Dice, de los españoles que navegan hacia tierras americanas, ningún derecho llevan consigo para ocuparles sus provincias, pues ninguna injuria le hicieron a la república; por tal motivo, no existe causa alguna para una guerra justa. Las ideas de fray Francisco de Vitoria fueron tan agudas y certeras que el mismo rey Carlos V, prohíbe la continuación de las discusiones sobre el continente descubierto y la autoridad del Papa. El avance de la controversia, referida a la legitimidad de la soberanía española, se reflejó en algunas modificaciones políticas e institucionales. Se abandonó el “ requerimiento “. Las ordenanzas de Felipe II (1573), sustituyeron el concepto “conquista “ por el de “pacificación“.

Después, en la Recopilación de las leyes de indias de 1680, se prohíbe la guerra contra los indígenas, ya sea con fines económicos o políticos. Sin embargo, una cosa era lo que se ordenaba y otra lo que se hacía. Las intenciones institucionales chocaron con las ambiciones de quienes se encargaban de las actividades colonizadoras:

El indio podía ser libre dentro del marco del pensamiento y de la ley de España, pero el goce de esa franquicia se vería contrariado por obstáculos poderosos de orden social. Sin embargo, las ideas de libertad y protección de los nativos formaron parte inseparable de ese complejo cuadro histórico, como atributos de la conciencia española en América.53

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En función de lo leído en páginas anteriores, contesta las siguientes preguntas.

  1. ¿Cuál es el papel que desempañan los intelectuales en la conquista del Nuevo Mundo?
  2. ¿Existe la neutralidad ideológica?
  3. ¿Se puede afirmar actualmente que hay razas y hombres, por naturaleza, superiores e inferiores?
  4. Actualmente se puede afirmar o demostrar que pueda haber unas culturas superiores a otras o que tan sólo podemos hablar de diferencias culturales?
  5. Es legítimo el derecho de conquista?
  6. El derecho de conquista es una acto de barbaridad?

53 Zavala, Silvio.Op.cit., p.38.

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El sojuzgamiento de sociedades débiles por otras más poderosas ha sido frecuente en la historia de la humanidad, y para ello se han utilizado muchos recursos. Uno de ellos lo constituye el armamento, el cual no es suficiente para ganar la guerra. Falta el elemento ideológico, la justificación teórica que fortalezca la conciencia y el ánimo. Este elemento lo aportaron los intelectuales, quienes se encargaran de argumentar, sistemática y racionalmente, a favor del vencedor o del vencido.

En la antigüedad, la distinción entre hombre de razón y bárbaros explicaba el sojuzgamiento; en la Edad Media, por las diferencias de credos religiosos, fieles e infieles, y en la época moderna, por las diferencias racionales y de organización política. Al respecto, recordaremos las pretensiones de Alemania por dominar al mundo en nombre de una raza superior. En la actualidad, Estados Unidos ha invadido países como Panamá o Iraq, irguiéndose como el paladín de los “ países libres “. Lo cierto es que, desde la antigüedad, los motivos de guerra son casi siempre de carácter económico, pero los países belicistas los encubren apoyándose para ello en filosofías reducidas a simples ideologías.

Sin embargo, independientemente de la manera que se haya o no justificado la conquista, es claro que en la problemática filosófica del México colonial en los siglos XVI y XVII, son de destacar el problema del humanismo mexicano que desarrolla la problemática de la naturaleza de los indígenas, la incorporación de los indígenas a la cultura española y la legitimidad de la soberanía española. Humanismo del cual son significativos representantes cristianos Vasco de Quiroga, Bartolomé de las Casas y, su opositor Juan Ginés de Sepúlveda.

2.1.3 Los Indígenas y la Cultura Española


Para mantener la dominación por largo tiempo, ésta ha de basarse no sólo en la fuerza: es necesario persuadir al dominado de su condición y que la acepte. Lo que correspondía a los españoles era la conquista espiritual, es decir, implantar, la civilización peninsular en tierras americanas.

Dada la preponderancia del cristianismo en la vida española, la conquista espiritual fue encomendada a los clérigos. Implantar la cultura europea significó, en la conciencia y los actos de los frailes, la evangelización. La conversión de los nativos al cristianismo representó un problema de relación que habría de darse entre la religión cristiana y la autóctona. ¿Se presentaría como el perfeccionamiento de las religiones indígenas, o la mostrarían como algo completamente nuevo e incompatible con ella?

Tomar la primera propuesta requería utilizar elementos de las creencias prehispánicas para hacer del cristianismo una religión más comprensible a los naturales. En el segundo caso podría esperarse un rompimiento tajante entre las religiones anteriores, preservando, de esta manera, la pureza del cristianismo y evitando errores interpretativos y prácticas perniciosas. España encabezaba la contrarreforma europea. Ni duda cabe entonces, que sus sacerdotes venían imbuidos de ese celo religioso que los dirigió a la negación absoluta de las creencias prehispánicas.

Así, los misioneros se dieron a la tarea de destruir templo por templo y de construir iglesias sobre ellos. También desaparecieron códices en los que los nativos habían asentado sus cosmologías y hecho relación de sus antepasados. En su furor religioso, los clérigos extranjeros hicieron investigaciones minuciosas de las creencias, prácticas religiosas, usos y costumbres de los indios, no tanto para preservarlas como para combatirlas de un modo más sistemático y racional, como fue, incluso, del insigne fray Bartolomé de las Casas.

A lo largo del siglo XVI se estudiaron y teorizaron las estructuras gramaticales de lenguas y dialectos prehispánicos, con el único fin de elaborar catecismo. No obstante, éstos fueron inmediatamente prohibidos para no causar confusión alguna en la interpretación y comprensión de los dogmas cristianos. Así, por ejemplo, la palabra “Dios” nunca se tradujo por teótl en náhuatl, según los clérigos, no significaba lo mismo. Definida la conducta a seguir con las religiones anteriores, quedaba por definir el modo en que los indígenas serían convertidos al cristianismo, por la fuerza o por el convencimiento. Aunque en 1523 el emperador Carlos V ordenó a Hernán Cortes abstenerse de intimidar a los nativos para conducirles al cristianismo, muchos evangelizadores desobedecieron las órdenes del rey.

En México, todos reconocían unánimemente que la aceptación de la fe tenía que ser voluntaria, pero mientras que unos, tachados de idealistas y excesivamente puros, no aceptaban ni la más leve apariencia de coacción, otros que se tenían por más equilibrados y prudentes, sostenían que para predicar con eficacia el cristianismo entre los indios era preciso crear un ambiente de sumisión y seguridad que sólo podía existir con la presencia de las fuerzas armadas.52

Estas dos tendencias expresadas en su más alto radicalismo encarnaron es dos frailes: fray Toribio de Benavente o Motolinía y fray Bartolomé de las Casas, quien sostuvo que no es derecho de los hombres sino de Dios escoger a aquellos que han de formar parte de la cristiandad. En todo caso, la iglesia es la encargada de llamar a los elegidos por Dios, llamándolas del único modo establecido por la providencia divina: “la persuasión del entendimiento por medio de razones y la invitación y suave moción de la voluntad”.

52 Gallegos R., José M.: La Filosofía en México en los siglos XVI Y XVII. UNAM, México, 1989, P.101.

Motolinía, en cambio, clérigo más de hechos que de palabras, utilizó el recurso de la imposición forzada en Cunamá, la Vera Paz y la Florida con resultados verdaderamente deplorables: en la Florida, misioneros dominicos, casi la mitad, murieron con armas de los nativos Hemos expuesto tres problemáticas importantes que surgieron con el choque de dos culturas: la europea y la del Nuevo Continente. Ahora te proponemos conocer la Filosofía y la actividad filosófica de los siglos XVI Y XVII en la Nueva España.