1.4.2 El racionalismo


En la época antigua la problemática central de la Filosofía fue cosmológica, ya que giraba en torno al cosmos; en la Edad Media fue antológica, giraba entorno al ser, y en la edad moderna es antropológica y gnoseológica y se mueve en torno al hombre y al conocimiento. Por consiguiente, el problema central en la Filosofía moderna es el conocimiento. Aunque es un hecho que el hombre conoce, el asunto es explicar este hecho.

¿Podemos estar seguros de lo que conocemos? ¿Existe algún camino para obtener conocimientos ciertos? ¿De qué depende la seguridad de nuestros conocimientos? ¿Cómo conoce el hombre? ¿Con qué medios conoce? ¿Qué es el conocimiento? ¿Cuál es el origen del conocimiento? ¿Cuáles son los límites del conocimiento?

Se considera a René Descartes (1596-1650) el padre de la Filosofía moderna y, por lo tanto, antecedente de lo que conocemos como modernidad en Filosofía, en razón de la influencia posterior que ejerció sobre el pensamiento moderno y de las deformaciones que de sus teorías se derivaron. “Descartes es ciertamente uno de los hombres más responsables de la andadura y de la fisonomía de la era moderna que puede encontrarse particularmente caracterizada por … (la) cientificidad de la vida” 2

En sus obras se ocupa reiterativamente de los mismos temas: la duda universal, el método universal, el materialismo universal y la ciencia universal, el cogito, las ideas, el alma, Dios, el cuerpo y el mecanismo físico y biológico. Entre éstas destacan: El discurso del método, Meditaciones metafísicas, Reglas para la dirección del espíritu y Principios de la Filosofía.

La originalidad de Descartes consistió en pretender deducir con rigor lógico matemático toda la Filosofía y toda la realidad a partir de una idea innata. El intento cartesiano, o de Descartes, será racionalista e individualista, pretenderá proceder solo, sin ayuda de nadie, sin maestro, sin libros, sin la experiencia del pasado, recurriendo únicamente a su propia razón, a su razonamiento intuitivo: “Mi propósito es levantar el edificio de mis ideas y de mis creencias sobre un cimiento exclusivamente mío.” 3

Afirma haber tenido una intuición o visión. Sonó con una ciencia “universal” que abrazaba todas las cosas en una perfecta unidad específica. En esa “extraña intuición” se encuentra en germen la totalidad del racionalismo cartesiano. En vez de un conjunto de ciencias diferentes con su propio grado de inteligibilidad, abstracción, principios, métodos y certeza, englobó toda en una sola ciencia universal De todo el conocimiento el matemático le parecía el único seguro y sólido: “Las ciencias matemáticas eran las que más me agradaban, por la certeza y evidencia de sus razonamientos.” 4 Esa certeza proviene de la aplicación rigurosa de la deducción. Descartes creía que el método matemático podía aplicarse a todas las realidades, especialmente a las físicas, así que lo aplicó a todas las ciencias, dando como resultado

2 Válery, Paul: El pensamiento vivo de Descartes p. 27.

3 V. fascículo IV de Filosofía I. 4 Descartes, René: op. cit. p. 30.

la exitosa creación de la Geometría analítica. Estas ideas llegaron a culminar con la cuantificación de la vida. También vio a la Filosofía como un edificio en ruinas.

Cuando los habitantes de una casa corren graves peligros, ya sea porque los muros están en ruinas o porque los cimientos son poco sólidos, no les queda más remedio que derribarlas para volver a edificar.

Muchas veces es mejor tirar un edificio para construir otro nuevo, que reconstruir y adaptar habitaciones de edificaciones hechas con proyectos, finalidades y arquitectos diferentes. Se requiere, pues, construir totalmente el edificio, más que remodelarlo; de lo contrario obtendremos como resultado una obra mal acondicionada y mal readaptada. Se trata de partir de cero, sin los estorbos y las ruinas desastrosas del pasado.

La filosofía es también como un árbol, sus raíces son la Metafísica, el tronco es la Física y las ramas son las demás ciencias como la medicina, la mecánica y la moral. Es “el conocimiento perfecto de todas las cosas que el hombre puede saber, tanto de la conducta de su vida (moral), como para la conservación de su salud (medicina), y para la invención (mecánica)”.5

Descartes rechazó la Filosofía abstracta: lo que se necesita es una Filosofía concreta, que sea sabiduría de la vida y del dominio del mundo. Además, ésta debe construirse sobre cimientos sólidos, inconmovibles e incontrovertibles, debe construirse sobre principios ciertos, seguros e indudables que resistan la duda del más radical escéptico. Así como Arquímedes decía “dame un punto de apoyo y moveré al mundo”, Descartes dirá “dame un punto de apoyo y reconstruiré el conocimiento del mundo”. Pero, ¿cuál es ese punto de partida? Los sentidos no, porque nos engañan.

Sólo la razón es confiable, así que podemos dudar de todo. A partir de esa “duda universal” Descartes se dio cuenta de que si duda, piensa; si piensa, entonces existe. Descartes resume en cuatro las reglas de su método:

  1. Regla de la evidencia. Aceptar sólo como verdadero aquello de lo que estamos absolutamente seguros que es verdadero. Hay que desechar lo que sea dudoso, las ideas verdaderas son aquellas que percibimos clara y distintamente.
  2. Regla del análisis. Dividir en las partes que sea necesario para considerar cada parte por separado.
  3. Regla de la síntesis. Ascender de lo simple a lo complejo, recomponer las ideas simples.
  4. Regla de la enumeración y de la revisión. Enumerar cada uno de los pasos seguidos y revisar todo para estar seguros de no cometer error, ni omitir nada. La enumeración permite comprobar el análisis y la revisión permite comprobar la síntesis.

Descartes afirmaba que en medio de la duda universal se descubría una certeza fundamental que será el punto de partida de la reconstrucción de la Filosofía y esa certeza es: “yo existo”. Descubrió que ese yo piensa, y encontró también un criterio supremo de certeza: las ideas claras y distintas, criterio esencialmente racionalista.

5 Hirschberger, Johannes: Historia de la Filosofía, p. 30.

Tres son las ideas innatas e iniciales:

  1. La idea del yo pensante o alma, la cuales la base de su psicología.
  2. La idea de un ser perfecto e infinito que es Dios, y es la base de su teología.
  3. La idea de la extensión, materia o cuerpo, que es la base de su física.

A cada idea clara y distinta corresponde una clase de sustancia, que es algo que puede existir por sí misma; a la idea de yo, corresponde la sustancia pensante; a la idea de ser perfecto o Dios, pertenece la sustancia increada, perfecta e infinita, y a la idea de extensión, corresponde la sustancia corporal, finita y extensa.

El hombre para Descartes es un compuesto de dos sustancias distintas: alma y cuerpo, La esencia del alma es, ser sustancial pensante. La esencia del cuerpo es ser una sustancia “extensa”. Esta visión antropológica rompe con la filosofía de Aristóteles y Tomás de Aquino, para quienes el hombre es un solo ser, una sola sustancia, la unión sustancial entre cuerpo y alma.6

El cuerpo humano y los animales son como máquinas regidas por las leyes generales de la mecánica, compuestos únicamente de materia extensa. La vida se reduce a puro movimiento mecánico. Las leyes de la mecánica son las mismas que las de la naturaleza.7

El racionalismo cartesiano se encuentra en el método, en el modelo o tipo de saber que pretende alcanzar, en su demostración de la existencia de Dios y en su reconstrucción deductiva, de todo el saber. Asimismo, Descartes supone que la existencia se da cuando es “necesaria” y “a esta visión de lo necesario pretende acercarse tomando como vía de acceso la razón”.8

Más tarde Leibniz hablará de “verdades de razón” y distinguirá un doble orden de verdades: las de hecho y las de razón. Las primeras son contingentes, su contrario es posible, se refiere a las existencias, las conocemos a posterioridad, por la experiencia; se rigen por el principio de razón suficiente, que precisamente establece que nada existe sin razón suficiente, y necesitan demostración para reducirlas al primer principio. En cambio las verdades de razón son metafísicamente necesarias; su contrario implica contradicción y es imposible; se refiere a las esencias; las conocemos con certeza a priori, por intuición: como las verdades lógicas y matemáticas. Se rigen por el principio de la identidad según el cual todo ser es lo que es, o por el principio de contradicción, que es el principio de las verdades necesarias, según el cual de dos proposiciones contradictorias, una es verdadera y otra falsa: las verdades de razón no necesitan demostración.

Kant denominará a las verdades de razón juicios analíticos y a las verdades de hecho juicios sintéticos.9

Recluido (Descartes) en la interioridad de su pensamiento (cogito) con independencia de los sentidos y de la experiencia sensible, intentará demostrar:

6 V. Fascículo IV de Filosofía II. 7 Fraile, Guillermo: op. cit., p. 511. 8 Descartes, René op. cit., 23. 9 Fraile, Guillermo: op. cit., p. 526.

primero, la independencia del alma (pensamiento) respeto del cuerpo (extensión), y con ello su espiritualidad e inmortalidad; segundo, la existencia de Dios; tercero, la existencia y naturaleza del mundo corpóreo. Sobre esta arbitrariedad inicial reposa toda la Filosofía cartesiana, y esta es una de las causas de su escasa consistencia. 10

Se opondrá a la Filosofía aristotélica y tomista, al negar que todo lo que está en el entendimiento proviene de los sentidos: “Enseñan los filósofos una máxima que es de funestas consecuencias. Nada hay en el entendimiento que no haya impresionado antes a los sentidos. Las ideas de Dios y del alma nunca han pasado por los sentidos.”11

Descartes abordará la cuestión de Dios de manera racionalista. De su idea de Dios dependerá toda la reconstrucción racional y casi matemática del saber humano.

Lo verdadero de una cosa se identifica con el contenido en la naturaleza o concepto. Así la existencia necesaria está contenida en la naturaleza o concepto de Dios. Por lo tanto, es verdadero que la existencia necesaria está en Dios o, lo que es lo mismo, que Dios existe.

Su erróneo procedimiento consistió en pretender conocer la existencia en la idea. Conocer la existencia de Dios en la idea que tiene de lo sumamente inteligible, potente y perfecto. Su existencia es absolutamente necesaria ya que no se trata de la existencia sólo posible y contingente.

Así como en la idea de triángulo se contiene la idea necesariamente de que los tres ángulos de un triángulo son iguales a dos ángulos rectos, o sea 180°, así en la idea de los sumamente perfecto se contiene la existencia necesaria y eterna el ser sumamente perfecto “existe”.

No podemos concebir la idea o naturaleza de una cosa sin concebir al mismo tiempo sus propiedades esenciales. No podemos concebir la idea de triángulo sin que en su esencia se encuentre implícito que la suma de sus ángulos es igual a dos rectos, ni la de la esfera sin que todas sus partes disten igualmente de su centro, ni tampoco la idea del monte sin la idea de valle. En la idea objetiva de cada cosa está contenida la existencia, porque no podemos concebir nada sino bajo la forma de una cosa que existe.12

La esencia de Dios incluye “necesariamente” la existencia de Dios, y que es un ser “necesario” en razón de su perfección infinita. Igual que en la esencia de triángulo están contenidas sus propiedades esenciales, en la idea de Dios o ser perfecto e infinito está contenida la existencia “necesaria”.

Creía erróneamente que al intuir la esencia de Dios intuimos necesariamente la existencia de Dios, ya que en su idea está contenida su existencia necesaria, el existir pertenece a su naturaleza verdadera e inmutable, por lo tanto, evidentemente Dios existe. Esta prueba se basa en la realidad ontológica de la idea.

10 Ibidem, p. 534. 11 Maritain, Jacques: El sueño de Descartes y otros ensayos, p. 19. 12 Villoro Toranzo, Miguel: Teoría general del Derecho, p. 44.

Descartes demuestra la existencia de Dios con diversas pruebas:

  • Por la necesidad de la idea, por ser la causa del contenido de mi idea y por ser la causa de mi ser o existencia.
  • Él es la existencia por sí, ya que mi existencia viene de otro ser que es la causa del ser de todos los demás seres.

Descartes debió caer en un círculo vicioso al sostener la existencia de Dios con base en ideas claras y distintas y cuando sostiene la verdad de las ideas claras y distintas con base en la veracidad de Dios.13

Las cualidades primarias, como: la extensión, la dureza, la figura, el movimiento, el reposo, la gravedad y la atracción, son la únicas que son objetivas y que se hallan en los cuerpos. En cambio, las cualidades secundarias, como el calor, el olor, el sabor y otras, son subjetivas y producto de la acción mecánica de los cuerpos.

Sobre moral Descartes escribió muy poco, excluyó de su análisis crítico de la moral las verdades de la fe cristiana. Los hombres deben comportarse como buenos cristianos y buenos ciudadanos.

Aplaza la moral. Para él es necesario tener unas cuantas reglas morales provisionales en las cuales refugiarse, mientras se construye la casa. Su moral podría sintetizarse en las siguientes máximas:

  • La norma básica de conducta es evitar la inconstancia, la temeridad y adaptarse a las leyes, usos y costumbres del país en el que se vive, algo así como “al país que fueres haz lo que vieres”.
  • Conducirme por las opiniones de los más moderados.
  • Debo ser firme y resuelto en mis acciones.
  • Vencerme a mi mismo y cambiar mis deseos, en lugar de pretender que el mundo y la fortuna sean los que cambien.
  • Debo someterme a la voluntad de Dios, que es un ser infinitamente bueno.
  • Vivir de acuerdo con la recta razón. Las emociones (pasiones) deben ser reprimidas y dominada por la razón. En esto radica la dignidad del hombre, con lo cual se hace semejante a Dios.
  • Debo seguir la razón sin dejarme desviar por las emociones, ni las pasiones, como la admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza.

Descartes, al introducir el Racionalismo en la Filosofía moderna, olvidó el papel instrumental de la razón y atribuyó a ésta la función de crear la verdad. El método parecerá crear al objeto y confundirse con él.

Por Racionalismo no debe entenderse el “uso” de la razón, sino el “abuso” de la razón. Se trata de “ajustar todo el nivel de la razón” para crear fácilmente una ciencia que se ocupe de las cosas inteligibles como la Matemática, “hecha a la medida de la mente”,14 en la que la razón deduzca totalmente las leyes de la realidad.

13 Maritain, Jacques: op. cit., p.814 Hume, David: Del conocimiento, p. 40.

Esta doctrina parece olvidar que el conocimiento es un todo resultante de los sentidos y el entendimiento, y que en la vida intervienen las fuerzas de la voluntad y no sólo el entendimiento. Asimismo, para el Racionalismo la verdad se encuentra completamente del lado del sujeto, no nace del contacto vital con la realidad del objeto, la verdad nace de principios auto-evidentes de la propia razón. La realidad de la cosa e dudosa y no podemos conocerla.

La verdad no es dada por la evidencia o intuición del objeto real sino que se nos ofrece como sabiduría angelical que se basa formal y principalmente en la autoridad de Dios. Su orden es estrictamente teológico: se procede de Dios a la criatura, se trata de deducir de los atributos de Dios las primeras leyes del movimiento. Su física es una transposición indebida de la teología.

La influencia de Descartes será decisiva en la modernidad, pues las ciencias tenderán al modelo soñado por él. Se tenderá a alcanzar un conocimiento cierto, seguro, inmutable, universal, necesario, firme, establece, perfecto y capaz de resolver todos los problemas y dudas de manera deductiva como proceden las Matemáticas.

Concretamente, al aplicar este ideal de ciencia al derecho, surge el Racionalismo jurídico que florecerá en los siglos XVII y XVIII con el membrete de Escuela “Clásica” del Derecho natural. Un nombre impropio porque en realidad el verdadero jusnaturalismo es el de Aristóteles, el de algunos juristas romanos, el de Tomás de Aquino, y las escuelas que de ellos se desprenden entre las cuales se encuentra la de Salamanca, con De Vitoria a la cabeza.

La “jurisprudencia de conceptos” será también eminentemente racionalista: “se preconizó así la formulación de una serie de conceptos que descubriera esa naturaleza lógicodeductiva que procediera a través de las conexiones sistemáticas entre los conceptos y las proposiciones, a obtener unas conclusiones adecuadas respecto de las premisas de que en cada trato se tratara.”15 Entre otros filósofos racionalistas del derecho están Grocio, Pufendo, Leibniz y Kelsen.

El Racionalismo jurídico, a consecuencia de su método y de su visón limitada del conocimiento, ve al derecho sólo como un orden o sistema racional e inmutable. El derecho es asunto de coherencia lógica, no de valores o justicia. Igualmente conduce a graves errores, fatales en el campo de las relaciones humanas; un orden jurídico injusto conduce a graves errores, fatales en el campo de las relaciones humanas.

Un orden jurídico injusto podría ser derecho, sólo bastaría con que fuera racional, coherente o lógico. Lo real es sustituido por un sistema ideal, el orden racional adquiere valor sólo por sí mismo y no importa su correspondencia con la realidad.

Deductivamente, el racionalista obtiene conclusiones a partir de axiomas, juicios o principios evidentes, sin preocuparse de confrontarlas con la realidad. La realidad debe ser así; nuestras deducciones son válidas porque son el resultado de la correcta aplicación de las leyes de la lógica.

15 Idem p. 50.

El Racionalismo acierta cuando utiliza y propone a la razón para encontrar racionales de la realidad. Es así como debe construirse el conocimiento. Creemos que la razón puede obrar benéficamente para la reforma general que es tan necesaria, pero ante todo requiere curarse a sí misma de los errores de origen cartesiano.16

Una visión parcial del conocimiento de la Ciencia y de la Filosofía conduce a una metodología trunca también y a un conocimiento parcial de la realidad, tal es el caso del Racionalismo, como hemos visto, por ejemplo, en el Racionalismo jurídico y del Empirismo como veremos en el Empirismo jurídico.

Ninguno de los dos, ni el Racionalismo ni el Empirismo, han podido explicar integralmente el fenómeno del conocimiento, sino que han dado origen a métodos insuficientes al proporcionar conocimientos muy limitados de lo real. Es cierto que en algunos campos el Racionalismo ha tenido cierto éxito, particularmente en la Lógica y la Matemática, pero en otras áreas del conocimiento sus resultados son un tanto desalentadores, especialmente en las Ciencias Sociales, como la ciencia del Derecho, la Ciencia Política, o la Psicología.

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