Filosofía 1

Filosofía 1 – Quinto Semestre

3.1 CONOCIMIENTO


Ante la fugacidad de la vida cabe preguntarse por el sentido de nuestro breve paso aquí en la Tierra. Reflexionar sobre la raíz, la verdad de la existencia que transcurre tan apresuradamente como un sueño.

¿Acaso algo de verdad hablamos aquí…?

Sólo es como un sueño, sólo nos levantamos de dormir,

sólo decimos aquí sobre la tierra…

Cantares mexicanos

In Tlaltícpac, “Sobre la Tierra”, no hay nada que permanezca:

Lo dejó dicho Tochichitzin,

lo dejó dicho Coyolxauqui:

sólo venimos a dormir

sólo venimos a soñar,

no es verdad, no es verdad que venimos a

vivir sobre la Tierra:

cual cada primavera de la hierba, así es nuestra hechura: viene y brota, viene y abre corolas nuestro corazón, algunas flores echa nuestro cuerpo: ¡se marchita!

Cantares mexicanos

¿Es entonces, ésta la vida? ¿Es este breve momento, en verdad, la vida? ¿Es verdad que se vive sobre la Tierra? No para siempre en la Tierra: sólo un poco aquí. Aunque sea de jade se quiebra aunque sea de oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra, no para siempre en la Tierra: sólo un poco aquí.

Nezahualcóyotl Cantares mexicanos

De poco sirven los logros materiales del hombre, pues también perecen. La gloria personal, la riqueza y el poder transcurren y se pierden en el tiempo.

Ido que seas de esta presente vida a la otra, oh rey Yoyotzin, vendrá tiempo en que serán deshechos y destrozados tus vasallos, quedando todas tus cosas en las tinieblas del olvido… Porque en esto vienen a parar los mandos, imperios y señoríos, que duran poco y son de poca estabilidad. Lo de esta vida es prestado, que en un instante hemos de dejar…13

¡Con este canto es la marcha a la región del misterio! Eres festejado, divinas palabras hiciste, ¡pero has muerto…!

Cantares mexicanos

Ante la preeminencia de la muerte, ¿qué tiene sentido?, ¿qué es lo verdadero? Para los nahuas lo verdadero es el conocimiento del fundamento, de la divinidad. Los demás saberes son útiles, y así lo demuestra el gran desarrollo político y cultural náhuatl, pero el verdadero saber es el que no está sujeto a la destrucción del paso del tiempo. Por eso los tlamatinime son los que se ocupan del conocimiento divino, sobrepasando los límites de la realidad material. Oir a Dios, al que sostiene el Universo, al dador de la vida, es la tarea del tlamatinime. El puente entre el hombre y Dios se establece no con la razón sino con la poesía, y es a través de la concatenación de imágenes que el hombre puede atisbar la divinidad; entenderla racionalmente rebasaría las posibilidades humanas. Cada tlamatini busca en su interior, ve, intuye, de algún modo, al dador de vida. Su imagen la expresa metafóricamente a partir de “flores y cantos”, es decir, de la poesía.

Así habla Ayocuan Cuetzpaltzin que ciertamente conoce al dador de la vida… Allí oigo su palabra, ciertamente de él, al dador de la vida responde el pájaro cascabel.

13 Poema antiguo citado por Ixtlilxóchitl, Fernando de Alba: Obras completas. Tomo II, pp. 235-236.

Anda cantando, ofrece flores, ofrece flores.

Como esmeraldas y plumas de quetzal,

están lloviendo sus palabras.

Cantares mexicanos

La alocución in Xóchitl in Cuícatl, flor y canto, nos da la “imagen” de poesía. Los nahuas, a través de disfracismos proponen dos imágenes que se refuerzan entre sí para acercarnos a lo que se quiere decir. Nuevamente vemos que para los nahuas es imposible aprisionar una idea en un término. Recordemos que la lengua náhuatl es asociativa; une palabras, conjuntado ideas, dado como resultado un lenguaje de imágenes más que de conceptos14. Para los nahuas la poesía, flor y canto, es un camino de conocimiento porque permite la introspección. Como producto que somos de la divinidad, ésta se encuentra inmersa en nosotros y habremos de llegar a ella mediante un proceso de búsqueda interior. En forma similar a lo que Sócrates llamaría “conócete a ti mismo”, los sabios nahuas buscan una verdad propia, la cual, obviamente, no puede ser igual para todos, y no puede ser objetiva como se espera de otras posturas filosóficas.

La respuesta quizás no sea verdadera, en palabras nahuas: ach ayac Nelly int iquitohua nican (puede que nadie diga la verdad en la Tierra), mas el camino del conocimiento, el de flores y canto, es el único verdadero. “Porque, en cualquier forma, la verdadera poesía implica un peculiar modo de conocimiento, fruto de una auténtica experiencia interior, o si se prefiere, resultado de una intuición. La poesía viene a ser entonces la expresión oculta y velada, que con las alas del símbolo y la metáfora, lleva al hombre a balbucir y a sacar de sí mismo lo que en una forma misteriosa y súbita ha alcanzado a percibir”15.

La verdadera poesía embriaga al hombre, sacándolo de sí, llevándolo al lado de lo divino. La poesía conduce al conocimiento por revelación, por eso la poesía es simbolismo y metáfora16.

Sacerdotes, yo os pregunto:

¿De dónde provienen las flores que embriagan al

hombre?

¿El canto que embriaga, el hermoso canto?

Cantares mexicanos

Sólo provienen de su casa, del interior del cielo,

sólo de allá vienen las variadas flores…

Donde el agua de flores se extiende,

la fragante belleza de la flor se refina con negras,

verdecientes flores y se entrelaza, se entreteje;

dentro de ellas canta, dentro de ellas gorjea el ave

quetzal (el ave divina).

Cantares mexicanos

14 Esto nos permite entender por qué los antiguos nahuas no necesitaron desarrollar una escritura exclusivamente fonética, siendo la ideográfica más adecuada para ellos. 15 León-Portilla: La filosofía náhuatl. Pp. 143-144. 16 Heidegger, el filósofo alemán, recuerda que “metá-fora” y “meta-física” tienen en el fondo y raíz una sola función: poner las cosas más allá (meta), “plus ultra”. Citado por León-Portilla, en La filosofía náhuatl.

“Comenzó entonces un intento de dar con el camino que conduce a decir palabras verdaderas en la Tierra. La vía religiosa de los sacrificios y ofrendas es desechada porque el Dador de la vida se muestra siempre inexorable. No era tampoco el raciocinio,

o la pretendida adecuación del pensamiento con la realidad de las cosas la manera como se podía responder al problema. Y esto porque si aquí ‘todo cambia, perece y es como un sueño’, siempre quedará sin una respuesta segura la eterna pregunta de los nahuas sobre el más allá: ‘¿Cuántos dicen si es o no verdad allí?’

Llegaron así los tlamatinime al borde mismo de la duda universal, que condujo a algunos de ellos a una posición de resignado ‘epicureismo’ en la que se afirma que lo único valioso es gozar y alegrarse un poco en la Tierra.

Mas frente a esta actitud de desesperanza intelectual, apareció al fin, conscientemente, la que llegó a ser respuesta característica de los tlamatinime al problema del conocimiento meta-físico. Se trata de una especie de intuición salvadora. Hay un modoúnico de balbucir de tarde en tarde lo verdadero” en la Tierra. Éste es el camino de la inspiración poética; ‘flor y canto’. A través de metáforas, concebidas en lo más hondo del ser, o tal vez ‘provenientes del interior del cielo’, “con flores y cantos, es como puede apuntarse de algún modo, a la verdad”17.

17 León-Portilla, La filosofía náhuatl, p. 319.

imagen1

1. El siguiente es un ejemplo de “Flor y canto” donde el poeta se pregunta por el sentido de la vida de los hombres ante la inevitable muerte. Léelo y contesta las preguntas que se encuentran al finalizar el poema:

¡Oh tú, dueño de cuanto nos rodea!

¡Oh tú, dueño de cuanto nos rodea!, oh tú, el que está junto a todo! Te damos homenaje: nada es desdichado junto a ti, oh dador de la vida, tú, cual flores, nos estimas sólo nos marchitamos nosotros, tus amigos. Tú los vas destrozando como a las esmeraldas, y también cual pinturas los vas borrando tú: todos se van unidos al Reino de los Muertos, allí, donde está el sitio de todos nos perdemos. ¿En qué nos valoras, oh dios? Así vivimos y así también morimos. ¿A dónde vamos a perdernos, nosotros, tus vasallos? ¿Dónde iremos al fin? Lloro, pues cuando sientes hastío, dador de la vida, las esmeraldas se quiebran, las plumas finas se desgarran. Tú te estás mofando: ¡nada somos, en nada nos estimas, nos destruyes aquí! Todo florece en tu solio y en tu trono: la nobleza en medio de la llanura, la realeza, el señorío, se entrelazan con tus flores: ¡son flores que amarillean! Nada de cierto decimos sobre la tierra, oh dador de la vida, cual en un sueño dormitamos, cual si durmiéramos hablamos: nada cierto decimos sobre la tierra. Aunque esmeraldas se nos dieran, aunque perfumes tuviéramos, aunque con sartales de flores te rogáramos, nada cierto diríamos de ti. No viva yo altaneramente, antes bien, sea sufrido en presencia del que da la vida: ¡él nos da placer, y él nos muda, despojándonos de su poder, de su fama y de su gloria, aquí, en la tierra! Sabedlo todos juntos: yo tengo que dejaros, oh amigos míos. Nadie tiene poder en su presencia:

poco a poco nos despoja de su poder y de su gloria: sabedlo todos juntos: un día dejaremos la tierra.

Anónimo.

  1. ¿Por qué se rinde homenaje al “dueño de cuanto nos rodea”, aún cuando nos quita la existencia?.
  2. ¿El autor conocía el sentido de la vida del hombre? ¿Lo conoces tú?
  3. Si así es, ¿cómo podrías explicarlo?
  4. Según el autor, ¿cuál es el destino del hombre?
  5. ¿En qué sentido las preguntas anteriores son ejemplos de la problemática filosófica?

CAPÍTULO 3. QUEHACER FILOSOFICO NAHUATL


Cuando uno se pregunta cómo son las cosas y cuáles son sus cualidades, se está muy cerca del terreno de la ciencia. Pero si se cuestiona al ser acerca de éstas mismas cosas, se incursiona en el terreno de la Filosofía. Un saber responde al comportamiento, el otro pretende explicar cómo es posible dicho comportamiento.

Los pensadores nahuas se preguntaron por el ser, origen y destino del Universo del hombre. No sólo se interesaron por registrar los acontecimientos, el devenir de astros, pueblos e individuos, sino que pretendieron comprender por qué los sucesos se desarrollaban de tal forma. También se dieron cuenta de que responder a las preguntas del sentido y de la finalidad, era posible únicamente en relación con “el más allá” y la divinidad.

La preocupación filosófica náhuatl no se conformó con describir la acción humana, trato de ir a la raíz, al meollo de este actuar. Lo fundamental fue dilucidar cuál era la verdad del hombre; es decir, cuál era su destino siendo, como es, un ser que está de paso por la Tierra.

Los nahuas, como su concepción cósmica, donde todo se encuentra relacionado y superpuesto entre sí, admiten que el hombre, como otro ser viviente más, incluida en esta categoría cualquier manifestación de la vida, como la Tierra o el viento, no está desconectado de los demás acontecimientos y obedece al ordenamiento superior que es el designio divino.

Podría pensarse que el hacer depender al hombre de fuerzas externas a él, como la divinidad, nos lleva a una explicación irracional o arbitraria. Esto no necesariamente es así. El problema de Dios y sus diversas manifestaciones es el problema filosófico por excelencia. Sólo una parte de la humanidad preconiza su independencia y autosuficiencia; la otra acepta la subordinación por fuerzas que la rebasan. Ambas explican, a su modo, qué es el hombre y cuál es su sentido en esta Tierra, sin que hasta el momento se reconozca la superioridad de alguna de las dos posturas.

Esto también se aplica a lo que se ha denominado “explicación mítica”. Se dice que atribuir cualidades humanas a elementos naturales significa poco desarrollo intelectual o, en el mejor de los casos, se considera pensamiento no filosófico (por ser “irracional). Sin embargo, el pensamiento indígena entiende que la materia está “sostenida” por el principio de la vida. Siendo que los seres no la generan en sí, sino que les es dado, la vida es, lógicamente, un principio divino. Por tanto, cualquier manifestación de vida, incluido el hombre, contiene en sí lo divino. No hay entonces diferencia, superioridad o inferioridad, entre los seres y sus atributos. Todos conforman al Universo, siendo éste un conjunto de seres vivos, cuya vida individual no sólo es respetable sino venerable porque cada ser es una instancia de Dios. Cada ser tiene su ordenamiento y autonomía propias, pero se articular por la legalidad cósmica. De ahí que la Tierra, el Sol, el tiempo, etc., tengan cualidades similares a las del hombre o a las de cualquier otro sujeto cósmico. Todo ser del Universo posee voluntad e historia propias en tanto cumple el mandato divino.

En este sentido, los sabios nahuas no “adoraban” a los elementos naturales como erróneamente se cree. Ellos reconocían que la Naturaleza y sus elementos eran sagrados al participar de lo divino y por ello se referían a éstos con el simbolismo propio de la divinidad12.

Entender el designio divino, fue la preocupación central de los sabios indígenas; llegar al fundamento del hombre y del Universo, a lo que sustenta y da cimiento, significaba para ellos lo verdadero. “Verdad” en náhuatl es neltiliztli, vocablo derivado de tlanelhuatl que designa “raíz”. Nelhuayotl se refiere al cimiento o fundamento.

Por esto, acceder a la verdad es privilegio de unos cuantos hombres, de los que entienden lo esencial. Así lo reconocen los nahuas, quienes se guían por aquellos que “saben de las cosas”. El tlamatini es el conocedor de las cosas u Hombre de conocimiento, porque él es quien conoce el tlaltipac o “lo que está sobre nosotros” y el topan o mictlan (“la región de los muertos”).

El hombre de conocimiento es quien puede llamarse:

Tla mati ni

cosas él sabe el que

Los tlamatinime son los sabios o filósofos, los hombres de la palabra, de la tinta roja y negra con las que el conocimiento se apunta en los códices. Por eso ellos son quienes pueden orientarnos, sirviéndonos de tetezcaviani o espejo frente al cual se nos revela nuestro verdadero rostro, posibilitando el conocernos a nosotros mismos. El tlamatini es te-ix-cuitiani, quien a los otros una cara hace tomar; te-ix-tomani, quien a los otros una cara hace desarrollar (la cara de lo verdaderamente humano).

Así vemos como “filósofo”, es más que un concepto, es una imagen, por eso tlamatini tiene varios sentidos. En el Códice Matritense, redactado a partir de los indígenas “informantes” del padre Sahagún, a quien debemos gran parte del conocimiento de nuestros antepasados, se muestra, mediante imágenes, la función del sabio náhuatl o tlamatini:

El sabio: una luz, una tea, una gruesa tea que no ahuma. Un espejo horadado, un espejo agujereado por ambos lados. Suya es la tinta negra y roja, de él son los códices, de él son los códices. El mismo es escritura y sabiduría. Es camino, guía veraz para nosotros. Conduce a personas y a las cosas, es guía en los negocios humanos. El sabio verdadero es cuidadoso (como un médico) y guarda la tradición. Suya es la sabiduría transmitida, él es quien enseña, sigue la verdad. Maestro de la verdad, no deja de amonestar. Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una cara (una personalidad). Se fija en las cosas, regula su camino, dispone y ordena. Aplica su luz sobre el mundo. Conoce lo (que está) sobre nosotros (y), la región de los muertos. (Es hombre serio). Cualquiera es confortado por él, es corregido, es enseñado.

12 La Tierra es, por ejemplo, Tonantzin, “nuestra sagrada madrecita”. Incluso, cuando se refieren a otros elementos también reconocen su jerarquía sagrada. Así, hay nombres nahuas como Atzinameyalli que significa “venerable agüita de manantial”, por citar sólo algunos ejemplos.

Gracias a él la gente humaniza su querer y recibe una estricta enseñanza. Conforta el corazón, conforta a la gente, ayuda, remedia, a todos cura.

Códice Matritense (Informantes de Sahagún)

Es fray Bernardino de Sahagún (1499-1590) quien rescató innumerables conocimientos indígenas. A 26 años de la conquista, se preocupó por conservar la tradición oral de los antiguos mexicanos. Además de los códices, los indígenas usaron la tradición oral para preservar su conocimiento; utilizando técnicas memorísticas recordaban lo que aprendían en escuelas como el Calmecac o Tepochcalli. Sahagún, con ayuda de indígenas intérpretes, recopiló el conocimiento antiguo mediante códices bilingües (casi todos ellos se encuentran en Europa), rescatando conocimientos religiosos, de gobierno, filosóficos, morales y de costumbres.

Hombres ilustres como Boturini, Clavijero, Francisco del Paso y Troncoso, Orozco y Berra, entre otros, fueron quienes por primera vez se preocuparon por reunir manuscritosy códices, e interpretarlos, resumirlos y ordenarlos. Pero son los doctores Ángel María Garibay y Miguel León-Portilla quienes más han difundido el pensamiento náhuatl. Reconocer la importancia de este tema y su status filosófico se debe, en gran medida, al trabajo de estos investigadores.

La difusión de los trabajos de Miguel León-Portilla han hecho del pensamiento náhuatl tema obligado del estudiante de Filosofía. Por ello, este capítulo es producto del esfuerzo de estudiosos que como él, en lucha contra la tendencia intelectual, han sabido valorar la inmensa herencia de los antepasados indígenas.

Analicemos otros aspectos de la cultura náhuatl, tanto o más importantes que el mito, como son la concepción del conocimiento, educación, sus valores y su relación con el arte y la vida.

2.1 PROBLEMÁTICA FILOSOFICA NAHUATL


El término náhuatl se refiere a la cultura de los antiguos mexicanos, quienes, al desarrollarse en varias etapas, se ubicaron desde el norte hasta el sur del Continente Americano, desde tiempos de los toltecas hasta la etapa final de los aztecas. Si bien este es el periodo de “auge” cultural, los pueblos indígenas actuales también son herederos y parte de esta cultura. Diversos grupos conforman la cultura náhuatl y todos tienen en común el uso del idioma náhuatl y la herencia cultural tolteca.

De tradición tolteca son las más antiguas ciudades americanas como Uaxactun, Tikal, Piedras Negras, Yaxchilán y Palenque, en la zona maya; Monte Albán, en Oaxaca, y Teotihuacan en el centro de México. En sentido estricto, el término “tolteca” designa la sabiduría o al conjunto de hombres de conocimiento que mantienen, enriquecen y difunden la sabiduría y no una cultura o un pueblo en sí, como es el caso de mayas, aztecas, etc.

Nahuas son los nombres de ríos y ciudades que van desde el norte hasta Sudamérica (Yukón, UTA, Nicaragua, entre otros). Aquí usaremos indistintamente los términos cultura náhuatl o cultura indígena en el entendido de que tanto las culturas indígenas prehispánicas como las actuales guardan una identidad común por ser depositarias del saber tolteca y el idioma náhuatl. Aunque existe una diversidad étnica, los distintos grupos comparten rasgos fundamentales, tan es así que pueden comunicarse mediante un código mímico, además de compartir conceptos nahuas y toltecas.

Los principales problemas que enfrenta quien desee adentrarse en la cultura náhuatl son las pocas fuentes que se salvaron de la destrucción española y la falta de conocimiento del idioma náhuatl. Es así que un prejuicio muy difundido para justificar la inferioridad de la cultura indígena se ha basado en el supuesto poco desarrollo de su lenguaje y escritura. Sin embargo, estudios recientes (la traducción y análisis de códices se inicia a mediados del siglo XIX) muestran la riqueza expresiva del náhuatl, así como lo complejo de su escritura.

Al considerar el conocimiento como un producto de la tradición, los nahuas se preocuparon por conservarlo en códices o libros de pintura. El mismo Bernal Díaz del Castillo, cronista español, muestra su admiración por la frecuencia con la que encontraron los amoxcalli o casas de códices. La forma de apuntar o registrar acontecimientos dependía del uso o interacción entre cinco clases de glifos: signos numerales (representativos de números), signos calendáricos (representativos de fechas), signos pictográficos (representativos de objetos), signos ideográficos (representativos de ideas) y signos fonéticos (representativos de sonidos: silábicos y alfabéticos). A esto hay que añadir el uso esotérico de algunos otros glifos.

No es entonces la falta de desarrollo del náhuatl lo que nos lo hace incomprensible, sino nuestra ignorancia. “El escaso conocimiento del estudiante del método mexicano de hacer dibujos de objetos y de indicar sonidos, a veces causa perplejidad y desaliento”9.

Comparando la escritura náhuatl con la fonética, como la que usamos actualmente, podemos notar otra diferencia entre el pensamiento indígena y el occidental. Para el primero, la imagen, el contenido simbólico, es lo más importante; mientras que para el segundo, la precisión, la exactitud, es lo fundamental. Esto obedece, como veremos más adelante, a que para el pensamiento indígena el Universo está en continuo cambio, siendo imposible apresarlo en una idea fija. Quizás esto también explica porqué para los indígenas no fue necesario elaborar conceptos o definiciones, prefiriendo el uso de metáforas o asociaciones de imágenes. De otro modo, ¿cómo podríamos entender que desarrollaran un lenguaje matemático tan preciso y no hicieran lo mismo para el lenguaje ordinario? La lengua náhuatl es asociativa, lo cual significa que una palabra se forma de la unión de otras palabras que dan una idea global aproximada. Por ejemplo, la palabra tonalpohualli se forma a partir de las palabras hualli, que significa cuenta y de tonal (li) que designa día o destino.

Los sabios indígenas entendieron que el mundo que conocemos es sólo una descripción, pero también comprendieron que es una representación entre otras, que lo que vemos o conocemos no es lo único existente, que hay un transmundo, el cual sólo se atisba, sólo se intuye, pero que es más real que éste, nuestro mundo físico, porque no sólo lo abarca sino lo fundamenta y le da sentido. Por tanto, una definición, aquí en la Tierra, no tiene mayor sentido que la intuición, vía imágenes y metáforas, del mundo verdadero.

Nuevamente otra diferencia significativa: el pensamiento occidental supone como realidad lo verificable, lo definible a través de la razón y el pensamiento náhuatl admite esta realidad como reflejo o parte de otra, de la cual sólo nos llegan imágenes captadas por la intuición. Occidente preconiza la certeza; la antigua América, más modestamente, admite y se deja guiar por la creencia. Mientras Occidente exige pruebas, los sabios indígenas reconocen que el entendimiento es limitado y que, por otra parte, el conocimiento no tendría por qué dárseles en su totalidad.

Para los pensadores nahuas un sistema de símbolos que mutuamente reflejan colores, tiempos y espacios orientados, astros, dioses, hechos históricos, todos relacionados entre sí, en una implicación recíproca, continua y cambiante, conformando diversos aspectos de un todo. Por esto su lenguaje “puede ser caracterizado como un instrumento de transmisión de asociaciones tradicionales, de bloques, si se quiere, de enjambres de imágenes”10.

La concatenación espacio-tiempo es fundamental para el pensamiento náhuatl. Es la superposición de elementos, la fugaz coincidencia entre astros y días, rumbos y colores, lo que permite, entre otras cosas, la explicación del destino. La especialización del tiempo, en cuatro rumbos y diversos planos, es lo que posibilita el movimiento y, por tanto, la existencia. “Este mundo puede compararse a una decoración de fondo sobre la cual varios filtros de luz siguiendo indefinidamente un orden inalterable. En un mundo semejante, no se concibe el cambio como el resultado de un devenir más o menos

9 Didible, Charles: El antiguo sistema de escritura mexicano, citado por León-Portilla en Los antiguos mexicanos, p. 55.10 Soustelle, Jacques, citado por León-Portilla en La filosofía náhuatl, p. 236.

desplegado en duración, sino como una mutación brusca y total; hoy es el Este quien domina, mañana será el Norte; hoy vivimos todavía en un día fasto y pasaremos sin transición a los días nefastos nemontemi. La ley del mundo es la alternancia de cualidades distintas, radicalmente separadas, que dominan, se desvanecen y reaparecen eternamente”11.

CAPÍTULO 2.PENSAMIENTO FILOSOFICO NAHUATL


En capítulos anteriores se analizó en detalle el quehacer filosófico, y a través de ejemplos de pensadores concretos se estableció que la característica esencial de la Filosofía es su reflexión profunda acerca del ser. Esta es la preocupación común a todos los filósofos, aunque difieren en sus respuestas o métodos para dilucidar el problema ontológico y, por ende, del conocimiento. Es a partir de que se aceptan estos métodos o instrumentos de conocimiento y de la jerarquía que se establece entre ellos que se forman corrientes o escuelas de pensamiento filosófico. Por ejemplo, algunos filósofos suponen que se conoce a partir de la experiencia; otros sostienen que el conocimiento se da de manera independiente de ella. Algunos más dirán que lo que realmente conocemos y existe es lo que podemos nombrar inequívocamente, o bien, lo que se ajusta a nuestras categorías mentales.

Sin embargo, de manera general podemos decir que Occidente y la Filosofía europea han considerado la razón como el instrumento más seguro y confiable con que cuenta el hombre para conocer8.

Conocer según la perspectiva occidental derivada del realismo aristotélico, significa “definir”; es decir, adecuar la razón a la realidad. Formar un concepto es para Aristóteles el proceso racional de abstraer las características esenciales y objetivas (reales) del objeto para aprehenderlas mentalmente, y ya reproducidas en el intelecto, éste puede hacer afirmaciones acerca de la realidad que se verifica en el mundo exterior. Con esta postura se ha desarrollado no sólo la ciencia sino la actual mentalidad colectiva. De esta manera aceptamos que algo existe, que es real y mantenemos el acuerdo común de asignarle el mismo nombre. Sin embargo, esto que nos parece “natural” o “evidente” no ha sido visto de igual forma todo el tiempo ni en todas las culturas.

Hay culturas, como la americana antigua o las asiáticas, en las que el primer problema radica en la dificultad para determinar qué es lo real y cómo podemos conocerlo.

La cultura, sostuvo que la finalidad de la vida del hombre no se encontraba en este mundo, en esta realidad, por eso debía tratar, aunque fuera atisbar en el transmundo – más allá del mundo físico-, para acceder a la divinidad.

En este sentido, los antiguos sabios indígenas, más que seres reflexivos y teóricos, eran hombres en busca de un conocimiento práctico que les sirviera de puente hacia realidades más sutiles o complejas. De ahí la discusión de si han de considerarse “filósofos” o no.

La Filosofía es básicamente un sistema de argumentaciones tendientes a demostrar, vía la coherencia lógica, la validez de sus afirmaciones. La Filosofía no puede comprobar sus proposiciones como lo hace la ciencia; por ello tiene que “someter a prueba” sus ideas mediante la crítica discursiva: para esto se escribe y se lee Filosofía. Uno puede aceptar una teoría filosófica y, en este caso, compartir sus argumentos. O por el contrario, rechazarla, al encontrar incoherencia o deficiencias en el discurso. Si así fuera,

8 Decimos que esto es una tendencia general, pues existen posturas que, comparadas con la dominante, resultan históricamente marginales. Por ejemplo, San Agustín, influido por el platonismo, supone que el conocimiento se obtiene por “iluminación divina”, siendo ésta una información que no se habría obtenido sólo con la razón.

uno refutaría dicha teoría y, posiblemente, ofrecería argumentos más sólidos. Este es el método que usa la Filosofía, del mismo modo que la ciencia utiliza el método científico. Pero así como no todo el que razona o se cuestiona acerca de la ciencia es científico, existen pensadores cuya preocupación es filosófica sin que por ello realicen discursos filosóficos. Tal es el caso de los sabios nahuas o tlamatinime, quienes se preguntaron por Dios y sus diversas manifestaciones. Su preocupación fue auténtica, en cuanto el grado que dedicaron de sus vidas para alcanzar algún conocimiento sobre la divinidad, conocimiento que, según ellos, era individual e introspectivo. A los tlamatinime, más que filósofos, debiera considerárseles hombres de “realización” en el sentido de que conocen viendo y viviendo internamente. Ellos no escribieron para disertar, sólo trataron de ver más allá de lo que se presenta.

Es clara la diferencia entre el pensamiento occidental y el náhuatl: las dos son posturas distintas pero no por eso una es mejor o peor que otra. Ambas son parte del tránsito del hombre por esta tierra, de su intento por explicarse lo más significativo que tienen ante sí: su existencia, origen y destino. Cualquier hombre ha de valorar el esfuerzo de otros seres que, como él, se afanan por entender el sentido de la vida misma y el de la vida del hombre. Los grandes pensadores de una parte u otra del planeta, de un tiempo u otro, siempre tendrán algo que decirnos; la ocasión única que tenemos los humanos actuales es que podemos nutrirnos de todos ellos.

Ya que durante gran parte de nuestras vidas nos hemos educado con parámetros occidentales, démonos la oportunidad de recordar la sabiduría de nuestros antepasados:

Nunca se perderá, nunca se olvidará

lo que vinieron a hacer,

lo que vinieron a asentar en las pinturas;

su renombre, su historia, su recuerdo…

Siempre lo guardaremos

nosotros hijos de ellos…

Lo vamos a decir, lo vamos a comunicar,

a quienes todavía vivirán, habrán de nacer…

Crónica Mexicayótl