Filosofía 1

Filosofía 1 – Quinto Semestre

ACTIVIDADES DE CONSOLIDACIÓN


Hemos concluido los temas que motivaron la realización de este capítulo: los problemas ideológico-políticos en San Agustín y los problemas que se planteó Santo Tomás acerca del conocimiento.

Para consolidar tu comprensión de lo aquí expuesto, analiza y contesta las siguientes preguntas:

  1. ¿Quiénes fueron y qué importancia tuvieron para el cristianismo los apologetas?
  2. ¿Qué relación existe entre la vida y la obra de San Agustín?
  3. Describe brevemente la problemática ideológico-política que desarrolla San Agustín en La ciudad de Dios.
  4. ¿Cuál es el contexto histórico-cultural medieval que puede ofrecernos una mayor comprensión del pensamiento de Santo Tomás de Aquino?
  5. ¿En qué sentido Frederick Copleston hace una analogía entre la relación San Alberto Magno-Santo Tomás y la de Sócrates-Platón?
  6. ¿Cómo explica Santo Tomás las siguientes problemáticas: a) Relación entre razón y fe b) Relación entre Filosofía y Teología c) Origen o fuente del conocimiento
  7. ¿Cómo define Santo Tomás a la Teología?
  8. ¿En qué consiste el problema de los universales planteado en la Edad Media?, y ¿cuál es la respuesta que ofrece Santo Tomás?
  9. ¿Por qué Santo Tomás afirma que el alma es la forma del cuerpo?
  10. ¿En qué se distingue el intelecto activo del intelecto pasivo, según Aristóteles y Santo Tomás?
  11. Para Santo Tomás, ¿qué relación existe entre el conocimiento, la felicidad y el bien?

 

RECAPITULACIÓN


El diagrama de la siguiente página ofrece de manera sintética dos de los grandes momentos de la Filosofía cristiana: la patrística y la escolástica medieval. Los cortes cronológicos aquí expuestos de ninguna manera son los únicos que existen; sin embargo, pretenden inducirte a que elabores un resumen que te permita tener una mejor comprensión del pensamiento filosófico de dos de sus más importantes representantes: San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino.

CAPÍTULO 2. LOS PROBLEMAS DEL CONOCIMIENTO EN SANTO TOMAS DE AQUINO


Santo Tomás de Aquino y San Agustín de Hipona sobresalieron, entre todos los pensadores de la Edad Media, por ser fundamentales para comprender la cultura teológico-filosófica determinante de esa época.

En la primera parte de este capítulo analizamos los problemas planteados por San Agustín que, aunque no corresponde propiamente a la Edad Media, fue enlace entre la Filosofía griega y la medieval. Ahora analicemos los problemas del conocimiento que se planteó Santo Tomás de Aquino (conocido también como el Doctor Angélico), quien es la figura más eminente entre los teólogos filósofos de la época, y digno representante de la Escolástica. Como veremos más adelante, su filosofía es un intento de conciliación entre la doctrina de Aristóteles y los dogmas del cristianismo. Entre sus principales obras se encuentran: Summa Teologica, El ente y la esencia, De los principios de la naturaleza y Cuestiones.

Antes de continuar recordemos el carácter histórico-cultural de la Filosofía (y de hecho, de toda actividad propiamente humana). Si bien algunas problemáticas filosóficas permanecen o están presentes en todas las épocas, también hay algunas cuestiones o preocupaciones de los filósofos que emanan directamente del contexto histórico-cultural en el que se plantean. Pero, sobre todo, es en las conclusiones, en las teorías, que cada filósofo ofrece como explicación ante los problemas, donde se ve más claramente la necesidad de conocer el contexto histórico y cultural en el cual se produjeron. Sólo así tendremos una mejor comprensión de las teorías, aunque cabe aclarar que éstas no se reducen a una mera consecuencia mecánica de su circunstancia, pues en muchos casos la separan.

De no ser así, en pleno siglo XX no serían vigentes, por ejemplo, muchos de los principios que los filósofos griegos postularon en los siglos pasados y que siguen siendo pilares de nuestro conocimiento. Tal es el caso de Santo Tomás de Aquino, quien nació en el año 1225, en el Castillo de Roccasecca, cerca del pueblo de Aquino, próximo a Nápoles. ¿Pero, qué acontecimientos histórico, político, económicos fueron determinantes en esa época?

Recordemos que a partir del siglo VIII se dio una gran expansión árabe, y que en el siglo X dominaban casi toda el Asia menor, la mayor parte de la Península Ibérica, así como toda la cuenca suboriental del Mediterráneo4.

Esta expansión significó todo un reto, no sólo en el aspecto militar, sino en el político, económico y hasta cultural. La creación no se dejó esperar y en el siglo XI en Europa Occidental el cristianismo se propuso iniciar la conquista y rescatar los Santos Lugares bajo el dominio de los árabes. Así, a partir de 1096 hasta 1270 (aproximadamente dos siglos) se realizaron ocho Cruzadas. La primera se realizó en 1096 (o 1099), la segunda en 1146, la tercera de 1189 a 1190, la séptima de 1248 a 1254 y la octava en 1270.

4 Es importante recordar que los árabes conocieron el pensamiento de los griegos, precisamente por su contacto con Siria y el Imperio Bizantino.

Estas guerras, mejor conocidas como las Cruzadas, nacieron en plena dominación feudal y se fundaban en la oposición natural entre la religión cristiana y la islámica, que dominaba aquella región de Oriente. Prevalecía el deseo de tener los progresos del poder musulmán que, aunque vencido en Italia y España, extendía su dominación por Oriente, constituyendo un peligro constante para los pueblos europeos.

Durante esta época, muchos señores traspasaron sus feudos a los reyes para poder emprender o continuar la lucha de las Cruzadas; tal desprendimiento de tierras debilitó al feudalismo y fortaleció a los reyes. El objetivo de rescatar los Lugares Santos no se realizó; sin embargo, las Cruzadas tuvieron muchas repercusiones, que a continuación estudiaremos.

En el aspecto mercantil y económico, las Cruzadas contribuyeron al desarrollo de las relaciones comerciales de los pueblos de Europa, prevaleciendo el dominio económico en ciudades como Venecia, Pisa, Génova, Marsella, Florencia y Barcelona; surgieron algunas industrias, otras se perfeccionaron y se desarrollaron numerosos productos agrícolas e industriales.

En el renglón científico, las Cruzadas contribuyeron al desenvolvimiento del espíritu humano, a partir de la relación de los pueblos occidentales con los del imperio de Oriente, especialmente con los árabes. A esto se debió que la Medicina, la Química, laHistoria, la Geografía, la Astronomía, las Matemáticas (y en especial el Álgebra), en fin, la Ciencia y la Filosofía lograran considerables progresos. En este sentido fue relevante la figura de Avicena (físico, médico, matemático, hombre de Estado y filósofo), quien combinó las ideas de Aristóteles con las de los neoplatónicos. Es también significativa la obra de Averroes y la de Maimónides, que constituyeron grandes summas (síntesis) del pensamiento árabe y judío.

En este contexto, a partir del siglo XII se organizaron sociedades capitalistas dedicadas al intercambio comercial con Grecia, Crimea y las costas del Mar Negro y se consolidó una nueva clase, el tercer Estado: el comercio (que de hecho se gestó en el siglo X). El desarrollo de éste condujo a Italia y a los Países Bajos hacia el Capitalismo de los siglos XII y XIII; sin embargo, la Iglesia poseía un poder predominante que organizaban el desarrollo cultural y material de la época.

Dentro del plano artístico, sobre todo en la Literatura, se dio un gran auge. Baste recordar por ejemplo el Cantar del Mío Cid (1140) o la elocuente obra del poeta italiano Dante Alighieri (1265-1321): La Divina Comedia. En la pintura encontramos un gran representante con Giotto (1266-1337), y la arquitectura tuvo su máxima expresión en las catedrales góticas.

Entre todos estos acontecimientos, hay uno que, en cuanto al estudio del pensamiento tomista, es muy importante conocer. En este periodo de expansión árabe hacia el mundo occidental se propagó también el conocimiento e interés de los árabes por el pensamiento griego. Así, no sólo trajeron al mundo cristiano la Filosofía griega, sino que transmitieron a muchos teólogos su entusiasmo por tal pensamiento. Durante toda esta época se realizaron múltiples traducciones de los griegos, sobre todo Aristóteles, quien sería una influencia determinante en Santo Tomás.

El proceso de asimilación de la cultura musulmano-griega fue paulatino; ya en el siglo XIII Aristóteles sustituía a la Filosofía platónico-agustiniana como fundamento de la teología medieval.

En este mismo siglo se crearon las primeras universidades: la de París en 1215, Padua en 1222, Tolosa en 1229, Oxford en 1231 y la de Salamanca en 1243. Y aún cuando no todas se inclinaron por el estudio de la Teología, -como la de Oxford que se preocupaba más por el estudio de la ciencia-, un concepto esencialmente religioso siguió subyugando el pensamiento de la vida de la Edad Media. “El mundo no se concibe como un todo ordenado por la ley de Dios y no hay gesto humano ni organización social que escape a la presencia de este ordo amoris que estaba ya en la raíz del pensamiento agustiniano5”. Es decir, más allá de cualquier interpretación o análisis, para los filósofos teólogos, desde San Agustín hasta Santo Tomás, el mundo, el universo entero, estaba ordenado y organizado por la mano amorosa de Dios. Como veremos más adelante, cada presencia, cada criatura, es una manifestación de la obra amorosa de Dios.

5 Xirau, Ramón: Introducción a la historia de la Filosofía, 9ª ed., 1983, p. 138.

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  1. Además de los acontecimientos que ya se mencionaron, ¿qué otros consideras importantes en esta época? ________________________________________________
  2. Con base en este contexto histórico-cultural, ¿qué problemas crees que se haya planteado Santo Tomás de Aquino? __________________________________________

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  1. En el mapa de la figura 3 delimita con color verde la expansión árabe.
  2. Encierra con color rojo las ciudades comerciales más importantes de esta época.
  3. Con color amarillo circunscribe los lugares donde se fundaron las primeras universidades.
  4. Ubica, encerrando con color azul, el lugar donde nació Santo Tomás y los demás lugares en que vivió.

Después de este rápido recuento histórico-cultural, centraremos la atención en la vida y el pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

Retomando a Fichte (filósofo del siglo XVIII), sostenemos que la Filosofía expresa al hombre o mujer que se es, y Santo Tomás es un claro ejemplo de ello: vivió de acuerdo con sus creencias teológicas y filosóficas; su pensamiento es la más alta expresión de su vida monástica.

Santo Tomás de Aquino. (tomada de: Torre, Fernando L. et. al.: Introducción a la filosofía del hombre y de la sociedad. Esfinge, México, p. 76).

Santo Tomás, hijo del conde de Aquino, desde muy pequeño fue llevado por sus padres a la abadía benedicta de Monte Casino, donde inició sus primeros estudios. A los catorce años ingresó a la Universidad de Nápoles. En 1224 ingresa en la orden de los dominicos, aún en contra de la voluntad de su familia, que esperaba hiciera una “mejor carrera eclesiástica”. En 1245 asiste a la Universidad de París y luego a Colonia, donde conoce a San Alberto Magno, gran hombre de ciencia y profundo conocedor de Aristóteles. A partir de entonces, San Alberto Magno será maestro y guía de Santo Tomás. Frederick Copleston hace una analogía de esta relación (San Alberto Magno-Santo Tomás) con la de Sócrates-Platón y afirma que “San Alberto Magno fue el Sócrates de Santo Tomás6”.

Santo Tomás vivió dedicado al estudio y a la enseñanza: impartió cátedras de Teología y Filosofía en distintas universidades como las de París y Nápoles7. Murió el 7 de marzo de 1274. Escribió varias obras (que ya hemos mencionado antes), en las que trató fundamentalmente los siguientes temas:

6 Copleston, Frederick: Historia de la Filosofía, p. 299. 7 Curiosamente, la doctrina de Santo Tomás de Aquino, que en su origen tuvo una fuerte oposición por parte de la Iglesia, durante mucho tiempo fue la fuente casi exclusiva para la enseñanza de la Filosofía católica.

a) Relación entre razón y fe g) Naturaleza de Dios
b) Relación entre Filosofía y Teología h) Pruebas (5) de la existencia de Dios
c) Necesidad moral de la revelación i) Hombre
d) Acto y potencia j) Ley
e) Sustancia k) Alma
f) Esencia y accidente l) Conocimiento

Santo Tomás partió del principio de afirmar que no existe dicotomía entre la fe y la razón8. Estableció que no hay oposición entre los datos sobrenaturales que se adquieren por medio de la fe y los naturales que se conocen por medio de la razón. De hecho, en sus obras, sobre todo, en la Summa Teologica y en su tratado De la verdad lo que más le preocupa es establecer un claro deslinde entre lo que corresponde al conocimiento racional y lo que concierne al conocimiento que se alcanza por el camino de la fe. Y al afirmar y esclarecer que se trata de dos campos diferentes, el de la razón y el de la fe, no dice que sean opuestos, sino por el contrario, son dos campos plenamente compatibles, donde la razón apoya a la fe y la fe a la razón, aunque también sostiene que existen verdades supremas que sólo pueden alcanzarse por vía de la fe.

También creía que tanto el conocimiento que se adquiere por vía de la razón, como el que proviene de la fe, tiene carácter de ciencia y distinguió dos clases de ciencia: “Las unas se fundan en principios, que se conocen por las luces de la razón, como la Aritmética, la Geometría y otras análogas. Las otras descansan sobre principios que no se conocen sino con el auxilio de una ciencia superior; así el dibujo toma sus principios de la Geometría y la Música debe los suyos a la Aritmética. Y en este sentido la doctrina sagrada es ciencia, porque procede de principios que no son conocidos por medio de las luces de una ciencia superior, que es la de Dios y los bienaventurados. Por consiguiente, así como la música acepta los principios que le suministra la Aritmética, del mismo modo la enseñanza sagrada acepta los principios que le han sido revelados por Dios9”.

Así según Santo Tomas, mientras que la ciencia sagrada tiene su origen en Dios y es ciencia revelada, las ciencias humanas tienen por fundamento a la razón humana, y por supuesto, la comprensión que éstas obtienen depende del mismo lacance de la razón. De este manera, la ciencia divina posee un crecimiento directo y completo, mientras que las ciencias humanas contienen un crecimiento indirecto y muiy limitado, pues nuestra razón no es infinita como Dios.

De acuerdo con lo anterior, el objeto de conocimiento de la fe es la persona de Dios, y el de la razón lo componen las criaturas de este mundo sensible, pero Santo Tomas subrayó que la razón a las criaturas como su objeto, en tanto que ellas nos conducen al conocimiento de Dios.

8 Recuerda que la relación entre fe y razón es uno de los principales problemas que se plantean los filósofos teólogos de la Edad Media. 9 Summa Teologica. Cuestión 1, art. 2, citado por Xirau, Ramón: Introducción a la historia de la Filosofía, p. 143.

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  1. De acuerdo con lo que hasta aquí hemos expuesto, ¿a qué conclusiones parciales podrías llegar en cuanto al conocimiento de Dios y de las criaturas?.
  2. ¿Santo Tomás propone que es necesario partir del conocimiento de Dios para llegar al de las criaturas del mundo sensible?

Santo Tomás sostuvo que debemos partir de la experiencia, del conocimiento de las criaturas, hasta ascender al conocimiento de Dios. Afirmó que existen grados de conocimiento, empezando por el sensorial hasta llegar al “suprarracional”; así, el animal que no dispone más que del conocimiento de los sentidos, sólo capta cosas concretas, individuales, singulares; el hombre que posee además inteligencia, puede adquirir ideas, conceptos, que para el animal son desconocidos. Pero existe aún otro nivel de conocimiento, superior al del intelecto; este conocimiento es el que se alcanza por iluminación. “Es lo que se llama la luz de la gloria, en la que podría verse a Dios en su ser mismo. Esta luz de gloria puede brillar para el hombre en la bienaventuranza por una gratuita donación o gracia divina que eleve su naturaleza a ese medio superior, pero no pertenece a la naturaleza humana. Tales verdades son, para el hombre, misterios –no irracionales, sino suprarracionales- y objeto, no de la Filosofía, sino de la Teología revelada10”.

En suma, Santo Tomás sostiene que debemos partir de la experiencia sensible hasta ascender al conocimiento de Dios. Y esto es precisamente lo que nos interesa subrayar en su teoría del conocimiento: la importancia que tiene la experiencia sensible como fuente del conocimiento, idea que ha retomado del filósofo griego que tanta huella tiene en él: Aristóteles.

Santo Tomás nos dice que todo cuanto sabemos, todas nuestras ideas, las hemos obtenido por medio de la experiencia, de cosas, y de objetos individuales y concretos; por ejemplo, nuestras primeras apreciaciones son en torno a seres específicos y no de todo en general. Se trata, pues, del conocimiento que tengo de tal parque, de mi escuela, de aquella casa, etc. De esta forma, a partir de un proceso de abstracción, que va de lo simple, lo concreto, o a lo complejo, lo universal, elaboramos ideas, nociones universales acerca de todos los individuos de una especie. Y esta afirmación viene a resolver el problema de los universales que tanta discusión causó en la Edad Media. Revisemos en qué consistió tal problema.

La existencia de los universales fue planteada por los teólogos a partir de las lecturas sobre el pensamiento griego. Esta inquietud condujo a las siguientes tres cuestiones: a) ¿Existen los géneros y las especies en la naturaleza o sólo en el espíritu?; b) ¿estos géneros y estas especies son incorporales o corporales?; c) ¿pueden o no separarse de los objetos de los sentidos?, es decir, los filósofos teólogos se preguntaban sobre cómo podrían existir los universales, ¿en las cosas, o sólo en la mente?

Antes de Santo Tomás existieron dos posturas que expresaban teorías radicalmente opuestas. La del realismo exagerado, representado por San Agustín y San Anselmo, quienes sostenían que los universales existen en sí mismos, antes e independientemente de las cosas y que son tan reales o más que las cosas mismas. Esta postura, determinantemente platónica, suponía que los universales eran ideas innatas, lo cual implica afirmar que existen desde antes en el espíritu y no tanto en la experiencia. La otra alternativa fue la del nominalismo, representado por Roscelin de Compiegne, quien se inclinó por una interpretación sensualista del origen de las ideas. Según esta corriente, las ideas proceden de la sensación y sólo existen después de la experiencia; afirmaba que los conceptos universales no tienen ninguna validez, pues no tienen ningún referente real, lo que los reducía a ser meros nombres, palabras sin ningún

10 Torre L., Fernando et al.: Introducción a la filosofía del hombre y de la sociedad, p. 77.

significado concreto. Antes estas dos posturas, Santo Tomás enuncia una tesis que supera sintéticamente tanto al realismo exagerado, como al nominalismo, tesis que, por lo que expresa, es una especie de realismo moderado.

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  1. ¿Cómo crees que Santo Tomás elaboró o expresó su tesis ante el realismo exagerado y el nominalismo?
  2. De acuerdo con su posición sintética, ¿qué elementos habrá retomado de una y otra teoría?

Decíamos que Santo Tomás, a la par que Aristóteles, afirmaba que el origen de nuestras ideas está en la experiencia sensible y que los universales se abstraen de las cosas. Esto significa que los universales están en las cosas, y que antes sólo estaban en la mente de Dios, pero en la mente humana existen sólo después de la experiencia con las cosas. Es bastante clara y muy ilustrativa la frase que Tomás de Aquino retoma de Aristóteles y que es la base de todo su pensamiento: Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu (Nada hay en nuestro intelecto, en nuestra mente, sin que primero haya estado en los sentidos)11.

De esta forma, “El universal es concepto y existe sólo en la mente, pero con fundamento en la cosa. El fundamento es, naturalmente, la forma impresa por Dios en las cosas. Así, tomando la cuestión en toda su extensión, el universal tiene una triple realidad: antes de la cosa, en la mente divina, como patrón o arquetipo, con arreglo al cual Dios la creó; en la cosa, como forma de la misma, y después de la cosa, en la mente del cognoscente que la abstrae de las cosas mismas12”.

Al igual que Aristóteles, Santo Tomás parte del mundo sensible, sólo que, como se ve, hay una gran diferencia entre sus tesis, pues Santo Tomás conserva la idea cristiana de que el mundo sensible es un mundo creado por Dios, un mundo donde todas las criaturas tienen en sí mismas “las huellas” de su creador; por eso mismo, el conocimiento de las cosas sensibles nos conduce a la divinidad que los ha creado. Su filosofía no es, pues, deductiva sino inductiva; su propósito es la comprensión, la explicación del ser existente en la medida en que pueda hacerlo la mente humana; es decir, “el objeto del entendimiento humano es la esencia de la cosa material13”. Pero también sostiene que este conocimiento, que puede ser filosófico o científico, no es suficiente ni es completo. Solamente la Teología o Filosofía Primera es un conocimiento completo, ya que ésta se dirige plenamente a Dios, como último fin. De esta manera, el conocimiento filosófico debe conducirnos al conocimiento teológico ya que Dios creó al hombre. Como criatura que posee entendimiento, debe buscar un conocimiento afín a su creador, más profundo y más íntimo; si este conocimiento no es alcanzado por el ejercicio de su razón natural, sí se logra por medio de la revelación. En su obra: Summa contra los gentiles, afirma que “el conocimiento de Dios es el fin último de todo conocimiento y operación humanas14”.

Ahora bien, si no podemos conocer a Dios directamente, lo haremos en la medida en que los objetos, las cosas, el mundo sensible, en fin, los seres sensibles que se encuentran a nuestro alrededor, nos causen impresiones; sólo así podemos ir ascendiendo hasta llegar a un conocimiento analógico, aunque indirecto e imperfecto de Dios. En este punto cabe introducir la pertinente aclaración que Frederick Copleston hace al respecto: “De un Ser Infinito no podemos tener sino un conocimiento finito y analógico, precisamente porque nosotros somos finitos. Pero un conocimiento finito e imperfecto no es lo mismo que ausencia total del conocimiento15”.

Detengámonos un poco más en lo que se refiere a este conocimiento que, aunque imperfecto o incompleto, es el que podemos alcanzar con nuestra razón natural. Los

11 Siglos después, Leibniz también retoma esta fase, pero le agregará: “… excepto la misma inteligencia”. 12 Torre L., Fernando et al. Idem, p. 78. 13 Idem, p. 377. 14 Hugon, Eduardo, O.P.: Ibidem, p. 196. 15 Torre, Fernando, et al., Ibidem., p. 91.

objetos, como ya vimos antes, son individuales, concretos, materiales, y al actuar sobre nuestros sentidos, nos producen sensaciones, percepciones. Para Santo Tomás, “la sensación de un acto del compositum, del alma y del cuerpo, y no del alma sola, que se valiera del cuerpo como pensaba San Agustín16”. Es decir, aún en el conocimiento más simple que tenemos como seres racionales se da una integración del cuerpo y del alma (inteligencia). Y aunque las imágenes que tenemos de las cosas son particulares, de ellas podemos abstraer y armar notas generales, esenciales, ya que el conocimiento intelectivo tiende a lo universal.

El conocimiento adquirido –para Santo Tomás- se basa en la misma experiencia, pero también destaca que nada podríamos conocer si no hubiera tal integración entre el cuerpo y el alma; de hecho, el alma es la forma del cuerpo. Esta relevante tesis la expresó de la siguiente manera:

“Es necesario afirmar que el entendimiento, que es el principio de la operación intelectual es la forma del cuerpo humano, porque aquello en cuya virtud obra primordialmente un ser, es la forma del ser a que se atribuye la operación; así, lo primero, porque el cuerpo se constituye sano en la salud, y la ciencia lo que ante todo haces que el alma sepa, y por esta razón, la salud es la forma del cuerpo y la ciencia lo es del alma en cierto modo.

La prueba de esto es que ningún ser obra sino entretanto que está en acto y que, por consiguiente, obra en virtud de aquello que lo constituye en acto. Es evidente, por otra parte, que lo primero porque el cuerpo vive es el alma, y como la vida se manifiesta por operaciones diversas en los diversos grados de los seres vivientes, aquello por lo que primariamente ejercemos cada una de estas funciones vitales es el alma. Ella es, en efecto, lo primero que nos hace nutrirnos y sentir movernos localmente, como también entender. Este primer principio de nuestro entendimiento, llámesele entendimiento o alma intelectiva, es, por lo tanto, la forma del cuerpo17”.

Advirtamos que Santo Tomás argumenta esta idea en relación con el pensamiento de Aristóteles, quien estableció que el hombre entiende porque su forma es el principio intelectivo. Es la inteligencia, la racionalidad, lo que distingue al hombre de los animales. Para Aristóteles, el fin último de la racionalidad (y con esto, el fin último del hombre) es la felicidad.

16 La información fue tomada del número 108 de la revista CENCOS, enero de 1993. 17 Torre L., Fernando et al.: Idem., p. 82.

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1. El pensamiento de Tomás de Aquino fue básicamente una reinterpretación de Aristóteles. Para una mejor comprensión de este tema es conveniente que recurras al capítulo IV de Filosofía I, a textos de historia de la Filosofía, o algún diccionario Filosófico, para que recuerdes y definas los siguientes conceptos aristotélicos:

a) Acto e) Sustancia
b) Potencia f) Accidente
c) Materia g) Alma intelectiva
d) Forma

Hemos subrayado dos tesis centrales del pensamiento tomista, las cuales muestran claramente su influencia aristotélica, a saber: la importancia de la experiencia como fuente del conocimiento y la unidad del cuerpo y el alma. ¿Significará esto que ambos afirman que el conocimiento es un reflejo de las cosas en el alma?, ¿qué el alma capta las nociones de manera automática o mecánica?.

Según Santo Tomás, las sensaciones y ningún otro conocimiento, se producen de manera mecánica; afirma que es necesaria una actividad por parte del alma. Es decir, los órganos de los sentidos no bastan por sí solos para obtener un conocimiento: “…las imágenes sensibles son incapaces de obrar directamente sobre nuestro espíritu; a la inteligencia corresponde, más bien, obrar sobre ellos, no precisamente haciéndoles pasar desde el cerebro al espíritu, sino transformándoles por algún procedimiento que les vuelva inteligibles, lo cual supone dotada el alma de una actividad energética y capaz de separar lo universal, abstraer lo concreto y cambiar lo sensible18”.

Pero al igual que Aristóteles, no sólo afirmó que el alma realiza la actividad intelectiva, sino que además esta actividad la ejecuta sólo una parte del alma; es decir, actúa en el entendimiento activo, no pasivo19. La inteligencia pasiva (o intelecto pasivo) es dependiente de los objetos, se adapta a ellos; en cambio, la inteligencia activa (o intelecto activo) eleva y transforma las imágenes sensibles: “… aquella es formalmente inteligente porque realiza el acto del conocimiento intelectual; ésta es virtualmente inteligente porque si no produce el acto mismo de la intelección, lo prepara, formando la idea o especie inteligible, que es el principio de este acto; la primera se llama entendimiento posible, porque puede llegar a ser todas las cosas mediante la representación inmaterial de todos los objetos; la segunda se llama entendimiento activo,

o agente, porque su oficio, meramente activo, consistente en extraer el universal de las condiciones materiales en que está envuelto20”.

En suma, lo que Tomás de Aquino destaca es que la parte activa del alma es la que extrae las nociones universales a partir de los elementos particulares; es ella la que realiza las abstracciones, separando, aislando intelectualmente las notas esenciales de los objetos de las que son particulares y accidentales. De esta manera, reitera que si bien el entendimiento humano no contiene conocimientos a priori, o ideas innatas (como pensaban Platón y San Agustín), sí posee toda la capacidad para elaborar conceptos universales.

Hay algo más que debemos mencionar acerca de lo que piensa Santo Tomás en torno al conocimiento. Para él, la sabiduría es el conocimiento del bien (y esto seguramente nos recuerda a Sócrates, quien sostiene que el conocimiento nos conduce a la virtud, a la bondad, de donde se concluye que la maldad es ignorancia); pero, sobre todo, no se trata, para Santo Tomás, de conocer el bien para buscar un bien particular, sino de buscar el bien comunitario. En otras palabras, lo que cada quien propone y busca como su bien, no lo es si no se realiza de acuerdo con el bien común de todos los hombres. Y este bien común, el mayor de los bienes a los cuales puede aspirar cualquier ser humano, es Dios.

18 Hugon, Eduardo, O.P.: Ibidem., p. 196. 19 Torre, Fernando, et al., Ibidem., p. 91. 20 La información fue tomada del número 108 de la revista CENCOS, enero de 1993.

Existe una gran analogía entre el conocimiento, la felicidad y el bien tomista, y el pensamiento socrático, platónico y aristotélico. Para Sócrates, por ejemplo, no existe la virtud sin conocimiento; para Platón, el conocimiento no es sino el recuerdo que hace el alma de lo que vivió en el mundo de las esencias (que en el catolicismo se traduciría como el mundo de Dios); y para Aristóteles, el conocimiento, el ejercicio de su intelecto, de su racionalidad, conduce al hombre a la felicidad. En la Filosofía tomista se identifican estas concepciones adaptadas a su ideal cristiano, generando así una síntesis muy especial: el hombre, como todas las criaturas de este mundo, es obra de la mano amorosa de Dios; y en tanto posee entendimiento, busca conocer las criaturas para que lo conduzcan a un conocimiento de Dios, ya que a él no lo puede conocer de manera directa. Y en esta búsqueda de conocimientos, en toda su plenitud; la felicidad, para Santo Tomás, consiste en la visión de Dios.

“Y completando, digamos que la felicidad no puede consistir en bien alguno creado. Es ella el bien perfecto, el que debe satisfacer todos nuestros deseos, pues de lo contrario no sería nuestro fin último. Ahora bien: lo que busca nuestro corazón es el bien absoluto, así como es la verdad absoluta lo que busca nuestro ingenio… Pero lo absoluto no podemos hallarlo más que en Dios, pues toda criatura no pasa de ser un bien parcial ylimitado. Por lo tanto, Dios sólo será nuestra felicidad; Él, quien, según el salmista: Llena de bienes todas nuestras ansias21”.

21 Hugon, Eduardo, O.P.: Principios de Filosofía. Las veinticuatro tesis tomistas, p. 196.

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El trabajo filosófico se ha distinguido a través de la historia por su visión crítica. Los filósofos se han cuestionado sobre los fenómenos de la naturaleza, la sociedad y el ser humano. De las respuestas obtenidas algunas han trascendido su tiempo. Otras no. Sin embargo, muchos de los problemas planteados en épocas remotas siguen vigentes.

San Agustín y Santo Tomás tuvieron el espíritu suficiente para detectar problemáticas que aún en nuestro siglo, y seguramente en muchos de los que vienen, seguirán teniendo actualidad. Hagamos referencia a las relaciones Iglesia-Estado que San Agustín trató de demarcar con tanta claridad. Sabemos que las relaciones entre ambas instituciones han pasado por momentos de complementariedad y por etapas de marcado antagonismo. En México los conflictos Iglesia-Estado durante el siglo XIX tuvieron, como una de sus consecuencias, el establecimiento de la educación laica.

Los Estados han pasado por periodos donde el uso del poder ha sido ejercido de manera brutal sobre la población, aunque también se han dado momentos de relaciones democráticas entre gobernantes y gobernados. El clero también ha tenido etapas de fuerte represión hacia sus creyentes o no creyentes (te recomendamos investigar cuál fue el papel de la Santa Inquisición en Europa y América Latina), así como grandes momentos de compromiso social, sacrificio y protección a los desvalidos (investiga la biografía de fray Bartolomé de las Casas y Francisco de Victoria, entre otros, en la época colonial en América; también revisa la participación del sector democrático de la Iglesia católica en las luchas de liberación en Latinoamérica).

Lo que hemos analizado pretende subrayar el hecho de que, tanto la Iglesia como el Estado, son instituciones que se han transformado en el curso de la historia y que, por tanto, no son estructuras homogéneas constituidas de una vez y para siempre.

A continuación te presentamos una serie de puntos de preocupación pública y actual en los cuales la Iglesia ha tenido ingerencia, directa o indirectamente. Los temas son variados y se refieren a las opiniones del clero mexicano durante 1992. Reflexiona sobre ellos y deduce tus propias conclusiones22.

22 Igual que Aristóteles, Santo Tomás afirma que el alma tiene grados de perfección: vegetativo, nutritivo, motriz e intelectual; y en lo intelectual, el pasivo y el activo.

Panorama nacional de 1992
Fecha Injerencia
Enero 4 Enero 8 Enero 15 Enero 27 Cambios educativos profundos demanda el clero. Demanda el clero subsidios oficiales para los colegios católicos. Pide el clero limpieza y claridad en las elecciones. Mediante una reforma constitucional Carlos Salinas de Gortari regula las relaciones Iglesia-Estado.
Febrero 2 Febrero 7 Exigen los religiosos guardar distancia del citado. El Vaticano anuncia la próxima beatificación de 25 sacerdotes mexicanos que murieron en la represión contra la Iglesia de 1915 y 1937.
Marzo 7 Marzo 29 Pide el episcopado frenar la concentración de riquezas y poder. Culpa el clero a los capitalinos por la infición.
Abril 7 Abril 19 El clero no legitimará al gobierno ni a ningún partido político: Cardenal Ernesto Corripio Ahumada. Llamada al alto clero a superar diferencias internas.
Mayo 19 Advierte el cardenal Corripio un <<desgaste feroz>> en la jerarquía católica.
Junio 2 El episcopado mexicano pide subsidios al gobierno para la creación de escuelas parroquiales.
Julio 7 Julio 14 Obispos y grupos mexicanos piden amnistía para 6 000 indígenas presos. Impone la nueva Ley, una supremacía del Estado sobre el clero.
Agosto 16 Agosto 29 Fortalecer el combate a la pobreza, pide la Iglesia. Sindicalismo controlado y deshonesto, causa de conflictos laborales: Obispos.
Septiembre 23 Deben buscar la colaboración mutua, Iglesia y Estado.
Octubre 1 Octubre 21 La UIA realiza seminario sobre “Religiosidad y Política en México”. La Arquidiócesis de México instala su Departamento de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos.
Noviembre 15 Diálogo para evitar la violencia electoral propone la Iglesia.
Diciembre 12 Diciembre 24 Se estima en dos millones de personas, la multitud que acudió a la Basílica en ocasión de las fiestas guadalupanas. Urgen acciones eficaces por el aumento de ozono en la capital: Corripio.

Nota: Te recomendamos ver la película “Romero”, la cual presenta claramente la alianza del sector elitista de la Iglesia católica salvadoreña con el ejército y el gobierno. En ella observarás que dentro de la Iglesia existe todo un sector comprometido en la defensa y ayuda a los pobres.

1.2 RELACION IGLESIA-ESTADO EN SAN AGUSTIN


En el reinado de Constantino –gran defensor de la nueva religión-, el cristianismo se convirtió en el culto del emperador, para después pasar a ser, en el 380 d. C., religión oficial del Imperio. Sin embargo, la primera gran alianza entre la Iglesia y el Imperio estuvo representada por el Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado el año 325 d. C.

Los concilios ecuménicos fueron instituidos con la finalidad de mantener bajo observación a los concilios de las provincias, pero a diferencia de sus gobernantes, elegidos por el emperador, los obispos de las ciudades y de las provincias (llamados metropolitanos) eran elegidos por el pueblo. Así las autoridades eclesiásticas no sólo contaban con el gran apoyo de los ciudadanos (los cuales se consideraban primero cristianos y después civiles), sino que aparecían con toda una investidura sagrada, la cual les daba una amplia hegemonía sobre las almas de los fieles.

El cristianismo, entendido como religión monoteísta, constituía una sola Iglesia. Esta característica le facilitaba, de algún modo, la penetración en las diferentes instancias estatales.

No tardaría en erigirse en un poder religioso independiente al lado del poder civil. Aclaremos que la independencia era de la autoridad religiosa con respecto a la autoridad civil, pero no viceversa. El cristianismo, entendido como religión oficial, representaba la base y justificación sobre la cual el emperador, por el designio divino, ejercía el poder. Por esto mismo, el emperador no podía aparecer como el amo de la Iglesia, ya que ésta era la que le daba validez a su gobierno. Si bien la Iglesia podía subsistir sin el Imperio, éste no podía adquirir la misma hegemonía sin la Iglesia.

Los acontecimientos se sucedieron a granel. Roma ya había sido abandonada por los emperadores de Occidente (en el siglo V vivían en Ravena). Los papas se adueñaron del prestigio de Roma y de Roma misma, ésta dejó de ser la capital del Imperio, para convertirse en la sede del primer obispo cristiano.

Aparte de los logros jurídicos que iba teniendo la Iglesia (jurisdicción disciplinaria sobre sus clérigos, jurisdicción arbitral sobre los fieles, etc.) el emperador Constantino canalizó los bienes confiscados de los templos paganos hacia sus obispos, con lo cual convirtió a la Iglesia cristiana en la potencia económica más poderosa de la época. Así pues, a finales del siglo IV d. C., San Agustín se encuentra con una Iglesia poderosa, con la unidad jurídica del Imperio rota y, con una sólida comunidad cristiana. Por si fuera poco, a finales del siglo IV empieza no sólo una invasión de bárbaros al Imperio, sino una verdadera emigración de ancianos, jóvenes y niños. En el año 410 d. C., los visigodos, encabezados por Alarico, llevan a cabo un saqueo concienzudo y absoluto de la ciudad eterna (Roma). Este hecho acelera la redacción y publicación de una de las principalesobras de San Agustín: La ciudad de Dios. En el año 429 los vándalos invaden la África romanizada, para finalmente, en el año 430 d. C. (año en que muere San Agustín) Genserico sitia Hipona. De todo lo aquí descrito, San Agustín tuvo información o lo vivió en carne propia. Ahora podemos preguntar: ¿cuál fue la actitud que tuvo ante el cristianismo y el Imperio?.

Una de las principales razones por la cual San Agustín escribió La ciudad de Dios fue defender al cristianismo de los ataques de que era objeto, consistentes en culpar a esta religión de la decadencia del Imperio Romano y, en especial, el saqueo que llevaron a cabo Alarico y sus visigodos en Roma. Sin embargo, este intento no va separado de la intención agustiniana de establecer una línea de demarcación entre el Estado y la Iglesia cristiana, representantes ambos en los hechos, y solamente de manera aproximada, de la Ciudad Terrena y la Ciudad de Dios, respectivamente. No está de más aclarar que las ideas que San Agustín trata de desarrollar, tienen como trasfondo una teoría de la historia.

San Agustín parte de la creencia de que el ser humano es ciudadano de dos ciudades: la Ciudad Terrena y la Ciudad de Dios. De este modo, la naturaleza del hombre es dual. Por un lado está formado de alma y por otro de cuerpo. Por tal motivo es ciudadano del Paraíso y también de la Tierra. El cuerpo se inclina hacia los intereses de los bienes terrenales y el alma apunta hacia la Ciudad Celestial. La Ciudad Terrena se funda en los apetitos carnales y la admiración a Satán. La Ciudad Celestial es el reino de la esperanza, de la salvación y del amor a Dios: “Así que dos amores fundaron dos ciudades; es, a saber, la Terrena, el amor propio, hasta llegar a menospreciar a Dios y la Celestial, el amor a Dios, hasta llegar al desprecio de sí mismo. La primera puso su gloria en sí misma y la segunda, en el Señor; porque la una busca el honor y la gloria de los hombres y la otra estima por suma gloria a Dios… aquélla reina en sus príncipes o en las naciones a quien sujetó la ambición de reinar; en ésta unos a otros se sirven con caridad: los directores, aconsejando y los súbditos, obedeciendo; aquella, en sus poderosos, ama su propio poder; ésta dice a su Dios: “A vos, señor, tengo que amar, que sois mi virtud y fortaleza2”.

En el plano histórico, la Ciudad Terrenal tuvo su encarnación en los imperios paganos de Asiria y Roma. El reino de Dios, en cambio, encarna primero en el pueblo hebreo y después en el Imperio Romano cristianizado. La historia de la humanidad está representada por la lucha dramática entre estas dos ciudades. El triunfo final corresponderá a la Ciudad de Dios. El Reino Celestial, precisamente por su carácter divino, es eterno, no está sujeto a cambios. Todo lo mudable, como los hombres de carne y hueso y las obras hechas por ellos, son imperfectas y perecederas. Es precisamente en esta concepción en la que San Agustín basó la supremacía del Reino Celestial sobre cualesquiera de los reinos terrenos, principalmente el de Roma. La Iglesia cristiana, como representante del Reino de Dios en la Tierra, no sólo es independiente ante el Estado (representante del Reino de la Ciudad Terrenal) sino que, en determinado momento, cobra primacía frente a él.

El Estado romano desapareció al igual que todos los reinos terrenos anteriores; lo mismo ocurrirá con los reinos presentes y futuros. El reinado se apoya en los afanes de poder y dominación. Estas pretensiones conducen, inevitablemente, a las guerras y a la aniquilación de los Estados. Tal fue el caso del Imperio, pero no el de la Ciudad de Dios.

Cuando San Agustín dice que en este mundo existen encarnaciones de la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrena no lo refiere como algo literal, por ejemplo, que los imperios paganos en Roma y Asiria fueron exactamente la Ciudad Terrena o que el pueblo hebreo y la Iglesia fueran lo mismo que la Ciudad de Dios. Los gobernantes no son el demonio ni los papas Dios; los gobernantes no son los poderes del mal ni la Iglesia es el reino de Dios. Puede darse el caso de que algún gobernante, a pesar de no ser cristiano, hubiese gobernado con justicia y amor a sus súbditos y por ello su gobierno estaría más cerca de la Ciudad de Dios. Igualmente, no es difícil que existieran papas, autoridades eclesiásticas que, en el nombre de Dios, hayan ejercido su poder espiritual de manera egoísta y en perjuicio del creyente. En este caso la autoridad eclesiástica estaría más cerca de la Ciudad Terrenal. De este modo, vemos que para San Agustín, en la vida real, ambas ciudades se combinan y sólo será hasta el “juicio final” cuando encuentren su verdadera separación3. Entonces, todos los reinos perecederos y personas que hubiesen pecado ingresarán a la Ciudad Terrenal dominada por Satán. Mientras que las Iglesias, autoridades cristianas y fieles que hayan observado una vida y funciones buenas y de amor al prójimo, llegarán a formar parte del Gobierno de Dios, en la Ciudad de Dios.

Como puedes observar, y lo reiteramos, San Agustín afirmaba que la Iglesia era uno de los representantes de la Ciudad de Dios en la vida real y que el Estado (Imperio Romano

2 San Agustín: La Ciudad de Dios, p. 331. 3 “Pero acuérdese que entre estos sus amigos hay algunos ocultos que han de ser ciudadanos suyos; porque no juzgue sin fruto, aún mientras conversa con ellos, que sufra a los que la aborrecen y persiguen hasta que finalmente se declaren y manifiesten; así como es la ciudad de Dios, mientras es peregrina en el mundo, hay algunos que gozan al presente en ella de la comunión de los sacramentos, los cuales, sin embargo, no se han de hallar con ella en la patria eterna de los Santos, y de éstos unos hay ocultos y otros descubiertos, quienes con los enemigos de la religión no dudan en murmurar contra Dios, cuyo sacramento traen, acudiendo unas veces en su compañía a los teatros, y otras con nosotros a las iglesias. Pero de la enmienda aún de algunos de éstos con más razón no debemos perder la esperanza, pues entre los mismos enemigos declarados vemos que hay encubiertos algunos amigos predestinados sin que ellos mismos lo reconozcan; porque estas dos ciudades en este siglo andan confusas y entre sí mezcladas. Hasta que se distinga en el juicio final, de cuyo nacimiento, progresos y fin, con el favor de Dios, diré lo que me pareciere a propósito para mayor gloria de la Ciudad de Dios, la cual campeará más cotejada con sus contrarios” (Idem, p. 28)

pagano), el representante de esta vida de la Ciudad Terrenal. Por tal motivo, la Iglesia cristiana, como instancia de Dios en este mundo, tiene un poder superior al poder del Estado. La Iglesia cristiana puede ofrecer la salvación a las personas que se esfuercen en lograrla.

El Estado pagano (laico) es incapaz de hacer ese ofrecimiento. En este sentido, los intereses de la salvación y con ellos los de la Iglesia, son preponderantes sobre cualesquiera otro tipo de intereses, entre ellos, los del Estado. La tarea histórica de la Iglesia ha sido, desde su aparición, posibilitar la salvación de las personas y su consecuente integración a la Ciudad de Dios.

¿Qué ocurre entonces con el Estado? En el tiempo de San Agustín todavía no era posible que el Estado se convirtiera en un simple apéndice de la Iglesia. A pesar de que el Imperio Romano se estaba resquebrajando, conservaba una relativa autonomía respecto a la Iglesia; de hecho, San Agustín no tenía muy elaboradas las ideas sobre las relaciones entre los Estados seculares y los jerarcas eclesiásticos, y cuando se generaban disputas entre ambos aparatos, uno de ellos interpelaba al poder que poseía.

Es innegable que San Agustín puso sobre el tapete las complejas, complementarias y contradictorias relaciones entre la Iglesia y el Estado. Este último era un Estado cristianizado, el cual se encarga de llevar a cabo persecuciones y ejecuciones de personas sospechosas de herejía. Ideológicamente el Estado se arrogaba el derecho de determinar las creencias de las personas; políticamente estableció reglamentaciones que fortalecieron su poder. El Estado cristianizado fue el ideal de San Agustín.

En nuestra época, aunque jurídica y políticamente las diferencias entre Iglesia y Estado han cobrado nitidez, no por ello han dejado de ser complejas, complementarias y contradictorias.

Para continuar, solamente diremos que los seres humanos no dejan de ser hijos de su época. A San Agustín le tocó la gran suerte de presenciar la catástrofe de un Imperio y el surgimiento de una religión Vigorosa. Como filósofo comprometido con su tiempo, nunca hubiera podido dejar de hablar en sus libros de estos grandes acontecimientos.