CAPÍTULO 2.PENSAMIENTO FILOSOFICO NAHUATL


En capítulos anteriores se analizó en detalle el quehacer filosófico, y a través de ejemplos de pensadores concretos se estableció que la característica esencial de la Filosofía es su reflexión profunda acerca del ser. Esta es la preocupación común a todos los filósofos, aunque difieren en sus respuestas o métodos para dilucidar el problema ontológico y, por ende, del conocimiento. Es a partir de que se aceptan estos métodos o instrumentos de conocimiento y de la jerarquía que se establece entre ellos que se forman corrientes o escuelas de pensamiento filosófico. Por ejemplo, algunos filósofos suponen que se conoce a partir de la experiencia; otros sostienen que el conocimiento se da de manera independiente de ella. Algunos más dirán que lo que realmente conocemos y existe es lo que podemos nombrar inequívocamente, o bien, lo que se ajusta a nuestras categorías mentales.

Sin embargo, de manera general podemos decir que Occidente y la Filosofía europea han considerado la razón como el instrumento más seguro y confiable con que cuenta el hombre para conocer8.

Conocer según la perspectiva occidental derivada del realismo aristotélico, significa “definir”; es decir, adecuar la razón a la realidad. Formar un concepto es para Aristóteles el proceso racional de abstraer las características esenciales y objetivas (reales) del objeto para aprehenderlas mentalmente, y ya reproducidas en el intelecto, éste puede hacer afirmaciones acerca de la realidad que se verifica en el mundo exterior. Con esta postura se ha desarrollado no sólo la ciencia sino la actual mentalidad colectiva. De esta manera aceptamos que algo existe, que es real y mantenemos el acuerdo común de asignarle el mismo nombre. Sin embargo, esto que nos parece “natural” o “evidente” no ha sido visto de igual forma todo el tiempo ni en todas las culturas.

Hay culturas, como la americana antigua o las asiáticas, en las que el primer problema radica en la dificultad para determinar qué es lo real y cómo podemos conocerlo.

La cultura, sostuvo que la finalidad de la vida del hombre no se encontraba en este mundo, en esta realidad, por eso debía tratar, aunque fuera atisbar en el transmundo – más allá del mundo físico-, para acceder a la divinidad.

En este sentido, los antiguos sabios indígenas, más que seres reflexivos y teóricos, eran hombres en busca de un conocimiento práctico que les sirviera de puente hacia realidades más sutiles o complejas. De ahí la discusión de si han de considerarse “filósofos” o no.

La Filosofía es básicamente un sistema de argumentaciones tendientes a demostrar, vía la coherencia lógica, la validez de sus afirmaciones. La Filosofía no puede comprobar sus proposiciones como lo hace la ciencia; por ello tiene que “someter a prueba” sus ideas mediante la crítica discursiva: para esto se escribe y se lee Filosofía. Uno puede aceptar una teoría filosófica y, en este caso, compartir sus argumentos. O por el contrario, rechazarla, al encontrar incoherencia o deficiencias en el discurso. Si así fuera,

8 Decimos que esto es una tendencia general, pues existen posturas que, comparadas con la dominante, resultan históricamente marginales. Por ejemplo, San Agustín, influido por el platonismo, supone que el conocimiento se obtiene por “iluminación divina”, siendo ésta una información que no se habría obtenido sólo con la razón.

uno refutaría dicha teoría y, posiblemente, ofrecería argumentos más sólidos. Este es el método que usa la Filosofía, del mismo modo que la ciencia utiliza el método científico. Pero así como no todo el que razona o se cuestiona acerca de la ciencia es científico, existen pensadores cuya preocupación es filosófica sin que por ello realicen discursos filosóficos. Tal es el caso de los sabios nahuas o tlamatinime, quienes se preguntaron por Dios y sus diversas manifestaciones. Su preocupación fue auténtica, en cuanto el grado que dedicaron de sus vidas para alcanzar algún conocimiento sobre la divinidad, conocimiento que, según ellos, era individual e introspectivo. A los tlamatinime, más que filósofos, debiera considerárseles hombres de “realización” en el sentido de que conocen viendo y viviendo internamente. Ellos no escribieron para disertar, sólo trataron de ver más allá de lo que se presenta.

Es clara la diferencia entre el pensamiento occidental y el náhuatl: las dos son posturas distintas pero no por eso una es mejor o peor que otra. Ambas son parte del tránsito del hombre por esta tierra, de su intento por explicarse lo más significativo que tienen ante sí: su existencia, origen y destino. Cualquier hombre ha de valorar el esfuerzo de otros seres que, como él, se afanan por entender el sentido de la vida misma y el de la vida del hombre. Los grandes pensadores de una parte u otra del planeta, de un tiempo u otro, siempre tendrán algo que decirnos; la ocasión única que tenemos los humanos actuales es que podemos nutrirnos de todos ellos.

Ya que durante gran parte de nuestras vidas nos hemos educado con parámetros occidentales, démonos la oportunidad de recordar la sabiduría de nuestros antepasados:

Nunca se perderá, nunca se olvidará

lo que vinieron a hacer,

lo que vinieron a asentar en las pinturas;

su renombre, su historia, su recuerdo…

Siempre lo guardaremos

nosotros hijos de ellos…

Lo vamos a decir, lo vamos a comunicar,

a quienes todavía vivirán, habrán de nacer…

Crónica Mexicayótl

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