2.1 PROBLEMÁTICA FILOSOFICA NAHUATL


El término náhuatl se refiere a la cultura de los antiguos mexicanos, quienes, al desarrollarse en varias etapas, se ubicaron desde el norte hasta el sur del Continente Americano, desde tiempos de los toltecas hasta la etapa final de los aztecas. Si bien este es el periodo de “auge” cultural, los pueblos indígenas actuales también son herederos y parte de esta cultura. Diversos grupos conforman la cultura náhuatl y todos tienen en común el uso del idioma náhuatl y la herencia cultural tolteca.

De tradición tolteca son las más antiguas ciudades americanas como Uaxactun, Tikal, Piedras Negras, Yaxchilán y Palenque, en la zona maya; Monte Albán, en Oaxaca, y Teotihuacan en el centro de México. En sentido estricto, el término “tolteca” designa la sabiduría o al conjunto de hombres de conocimiento que mantienen, enriquecen y difunden la sabiduría y no una cultura o un pueblo en sí, como es el caso de mayas, aztecas, etc.

Nahuas son los nombres de ríos y ciudades que van desde el norte hasta Sudamérica (Yukón, UTA, Nicaragua, entre otros). Aquí usaremos indistintamente los términos cultura náhuatl o cultura indígena en el entendido de que tanto las culturas indígenas prehispánicas como las actuales guardan una identidad común por ser depositarias del saber tolteca y el idioma náhuatl. Aunque existe una diversidad étnica, los distintos grupos comparten rasgos fundamentales, tan es así que pueden comunicarse mediante un código mímico, además de compartir conceptos nahuas y toltecas.

Los principales problemas que enfrenta quien desee adentrarse en la cultura náhuatl son las pocas fuentes que se salvaron de la destrucción española y la falta de conocimiento del idioma náhuatl. Es así que un prejuicio muy difundido para justificar la inferioridad de la cultura indígena se ha basado en el supuesto poco desarrollo de su lenguaje y escritura. Sin embargo, estudios recientes (la traducción y análisis de códices se inicia a mediados del siglo XIX) muestran la riqueza expresiva del náhuatl, así como lo complejo de su escritura.

Al considerar el conocimiento como un producto de la tradición, los nahuas se preocuparon por conservarlo en códices o libros de pintura. El mismo Bernal Díaz del Castillo, cronista español, muestra su admiración por la frecuencia con la que encontraron los amoxcalli o casas de códices. La forma de apuntar o registrar acontecimientos dependía del uso o interacción entre cinco clases de glifos: signos numerales (representativos de números), signos calendáricos (representativos de fechas), signos pictográficos (representativos de objetos), signos ideográficos (representativos de ideas) y signos fonéticos (representativos de sonidos: silábicos y alfabéticos). A esto hay que añadir el uso esotérico de algunos otros glifos.

No es entonces la falta de desarrollo del náhuatl lo que nos lo hace incomprensible, sino nuestra ignorancia. “El escaso conocimiento del estudiante del método mexicano de hacer dibujos de objetos y de indicar sonidos, a veces causa perplejidad y desaliento”9.

Comparando la escritura náhuatl con la fonética, como la que usamos actualmente, podemos notar otra diferencia entre el pensamiento indígena y el occidental. Para el primero, la imagen, el contenido simbólico, es lo más importante; mientras que para el segundo, la precisión, la exactitud, es lo fundamental. Esto obedece, como veremos más adelante, a que para el pensamiento indígena el Universo está en continuo cambio, siendo imposible apresarlo en una idea fija. Quizás esto también explica porqué para los indígenas no fue necesario elaborar conceptos o definiciones, prefiriendo el uso de metáforas o asociaciones de imágenes. De otro modo, ¿cómo podríamos entender que desarrollaran un lenguaje matemático tan preciso y no hicieran lo mismo para el lenguaje ordinario? La lengua náhuatl es asociativa, lo cual significa que una palabra se forma de la unión de otras palabras que dan una idea global aproximada. Por ejemplo, la palabra tonalpohualli se forma a partir de las palabras hualli, que significa cuenta y de tonal (li) que designa día o destino.

Los sabios indígenas entendieron que el mundo que conocemos es sólo una descripción, pero también comprendieron que es una representación entre otras, que lo que vemos o conocemos no es lo único existente, que hay un transmundo, el cual sólo se atisba, sólo se intuye, pero que es más real que éste, nuestro mundo físico, porque no sólo lo abarca sino lo fundamenta y le da sentido. Por tanto, una definición, aquí en la Tierra, no tiene mayor sentido que la intuición, vía imágenes y metáforas, del mundo verdadero.

Nuevamente otra diferencia significativa: el pensamiento occidental supone como realidad lo verificable, lo definible a través de la razón y el pensamiento náhuatl admite esta realidad como reflejo o parte de otra, de la cual sólo nos llegan imágenes captadas por la intuición. Occidente preconiza la certeza; la antigua América, más modestamente, admite y se deja guiar por la creencia. Mientras Occidente exige pruebas, los sabios indígenas reconocen que el entendimiento es limitado y que, por otra parte, el conocimiento no tendría por qué dárseles en su totalidad.

Para los pensadores nahuas un sistema de símbolos que mutuamente reflejan colores, tiempos y espacios orientados, astros, dioses, hechos históricos, todos relacionados entre sí, en una implicación recíproca, continua y cambiante, conformando diversos aspectos de un todo. Por esto su lenguaje “puede ser caracterizado como un instrumento de transmisión de asociaciones tradicionales, de bloques, si se quiere, de enjambres de imágenes”10.

La concatenación espacio-tiempo es fundamental para el pensamiento náhuatl. Es la superposición de elementos, la fugaz coincidencia entre astros y días, rumbos y colores, lo que permite, entre otras cosas, la explicación del destino. La especialización del tiempo, en cuatro rumbos y diversos planos, es lo que posibilita el movimiento y, por tanto, la existencia. “Este mundo puede compararse a una decoración de fondo sobre la cual varios filtros de luz siguiendo indefinidamente un orden inalterable. En un mundo semejante, no se concibe el cambio como el resultado de un devenir más o menos

9 Didible, Charles: El antiguo sistema de escritura mexicano, citado por León-Portilla en Los antiguos mexicanos, p. 55.10 Soustelle, Jacques, citado por León-Portilla en La filosofía náhuatl, p. 236.

desplegado en duración, sino como una mutación brusca y total; hoy es el Este quien domina, mañana será el Norte; hoy vivimos todavía en un día fasto y pasaremos sin transición a los días nefastos nemontemi. La ley del mundo es la alternancia de cualidades distintas, radicalmente separadas, que dominan, se desvanecen y reaparecen eternamente”11.

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