1.5.3 REVOLUCIÓN INDUSTRIAL


Antes de caracterizar este modo de producción, y con el fin de brindar una idea sobre cómo fueron los inicios del Capitalismo, a continuación describiremos lo que sucedió en las ciudades inglesas.

Como recordarás, en el Feudalismo el hombre trabajaba para satisfacer sus necesidades y vivía principalmente en el campo, y es la Revolución Industrial el acontecimiento que va a transformar la vida de estos seres. La invención de las máquinas creó una paradoja, es decir, a pesar de facilitar el trabajo y reducir el tiempo en la producción de mercancías, generó la desocupación masiva y el empobrecimiento de los trabajadores. Al crearse en Inglaterra la primera máquina hiladora, la cual funcionaba mecánicamente a través de un sólo operario, éste ponía en movimiento de 16 a 18 husos, haciendo el trabajo de 15 a 17 hilanderos.

Asimismo, permitió el abaratamiento de los productos y la venta masiva de mercancías, de ahí que los tejedores independientes abandonaran su parcela y se dedicaran exclusivamente a la producción textil que reportaba mayores beneficios económicos un mejoramiento en el nivel de vida. Se inició la concentración en las ciudades en razón de las ventajas que representaba la cercanía del mercado para la adquisición y venta de productos.

Por otra parte, la Revolución Industrial continuó su marcha en las ciudades: el empleo de las máquinas se perfeccionó con el uso de la fuerza hidráulica, hecho que ocasionó la salida del mercado de los hilanderos independientes, pues éstos no podían vender al mismo precio que los grandes capitalistas, poseedores de instalaciones y mayor número de máquinas.

La situación se agravó a partir del invento de la máquina de vapor, utilizada por primera vez en Inglaterra en 1785. Gracias a este avance , el trabajo manual se transformó en mecánico, lo que permitió producir más en menos tiempo, abaratar las mercancías y aumentar el número de trabajadores asalariados, llegando sólo en la industria de hilados de lana a 71 300 obreros en 1835.

La máquina de vapor trajo consigo el desarrollo económico en la minería, la fabricación de maquinaria, la ganadería lanar, la producción masiva de lino y seda y, sobre todo, permitió hacer más eficiente el transporte de mercancías por barco y ferrocarril. Como ya se mencionó, las fábricas se localizaban en las ciudades, donde por lo menos tres cuartas partes de la población se empleaba como obreros, una mínima parte estaba formada por tenderos y sólo unos cuantos era artesanos, a quienes podemos ubicar como la clase media de aquel entonces. Los talleres de la época feudal se convirtieron en fábricas y las herramientas en máquinas, las cuales eran propiedad de un pequeño sector de la población: los capitalistas o burgueses.

En Inglaterra, un proceso de trabajo representativo de estos inicios del Capitalismo fue la industria fabril, al aglutinar a la mayoría de los obreros y ser una actividad común en ese país. A continuación estudiaremos la forma de vida de estos obreros, a fin de que identifiques las similitudes y diferencias de aquella época con la que hoy vivimos. Al perfeccionarse la maquinaria y al dejar de ser necesaria la fuerza física del hombre, éste fue desplazado paulatinamente, hasta reducir su labor a “empalmar hilos rotos”, actividad que podían efectuar las mujeres y los niños, cuyo valor como fuerza de trabajo era inferior. El perfeccionamiento en la maquinaria dejaba sin trabajo a cientos y miles de obreros, los que se convertían en indigentes, delincuentes o criminales, o bien vivían a costa del trabajo de sus esposas e hijos.

Para 1839 la mitad de los obreros fabriles tenía menos de 18 años y en su mayoría eran mujeres; por lo general, la edad para empezar a trabajar era a los nueve años; al cumplir los 40 años, el trabajador ya se consideraba viejo y esto era motivo de despido. Sólo el 23% de los trabajadores eran hombres adultos.

El horario de trabajo de todos estos niños y jóvenes era de 12 a 13 horas diarias; por lo general entraban a las cinco y media de la mañana y salían a las seis y media de la tarde, con dos periodos de 30 minutos para desayunar y comer. En estas circunstancias la familia se desintegraba totalmente: las madres se ausentaban todo el día, y el esposo también, si tenía la suerte de contar con un trabajo; los hijos crecían solos y si económicamente era posible, contrataban a alguien para que los cuidara.

En estos distritos fabriles el número de accidentes era alto y las víctimas eran especialmente niños de corta edad según un informe que abarcó un periodo de nueve meses. Las causas de accidentes fueron quemaduras (69), ahogamiento (56), caídas

(23) y otros (67). Siendo un total de 215 niños muertos. Mientras, en otra ciudad no fabril como Liverpool, en 12 meses sólo se registraron 46 casos.

Por su parte, las mujeres embarazadas trabajaban por lo general hasta pocos días antes del parto y no era raro que dieran a luz en la fábrica, se reincorporaban tres o cuatro días después ante el temor de perder su trabajo, dejando al recién nacido en casa al cuidado de un hermano mayor.

Durante las horas destinadas a su alimentación, estas mujeres salían para amamantar a sus hijos; en otros casos los familiares llevaban a los menores a la fábrica para que sus madres los alimentaran. He aquí un testimonio:

“La señora M.H., de veinte años, tiene dos hijos, uno de ellos de pecho, que es cuidado por el otro, un poco mayor; sale para la fábrica poco después de las 5 de la mañana y regresa hacia las 8 de la noche; en el transcurso del día, la leche se le derrama” 2

Esta situación provocó el empleo de narcóticos para aquietar a los niños cuando tenían hambre, lo que representó una de las principales causas de muerte por convulsiones.

Dada esta situación, existía una identificación entre padres e hijos, provocando que entre los 14 y 15 años éstos abandonaran a sus padres al contar con un ingreso económico proveniente de su trabajo en las fábricas. sin embargo, en ocasiones el trabajo de la mujer evitó la desintegración familiar, pues si el marido era despedido de la fábrica, ella se encargaba de sostener a la familia y el hombre se dedicaba a las labores domésticas. La situación de las mujeres solteras no era mejor, ya que al incorporarse al ámbito laboral desde los nueve años, desconocían las labores domésticas y muchas veces eran víctimas de los abusos de los encargados.

2 Engels, Federico: La situación de la clase obrera en Inglaterra, p. 402

Respecto al tipo de casa que habitaban estas familias, éstas eran cuartos construidos en línea recta que se ubicaban cerca de las fábricas; en cada uno de ellos vivía una familia completa, sin un solo mueble o algunos en pésimo estado; en la mayoría de los casos todo su ropa se reducía a la que llevaban puesta, y mención especial merecen las pésimas condiciones sanitarias en que vivían y las relaciones incestuosas que se gestaban provocadas por el hacinamiento.

Su alimentación consistía casi exclusivamente de papayas y un poco de papilla de avena; rara vez consumían leche y casi nunca carne. Por ello, el estado físico de estos niños, hombres y mujeres era deplorable, al grado que en esa época alguien dijo que los trabajadores parecían pigmeos; pero fueron las mujeres quienes más soportaron este tipo de vida.

Las condiciones al interior de las fábricas tampoco eran las mejores: espacios reducidos donde laboraba un gran número de personas sin ningún tipo de ventilación o calefacción, lo que creaba ambientes insalubres e insoportables en cualquier época del año, así como constantes situaciones de agresividad entre los trabajadores.

En relación con la ocupación de los niños, en un principio éstos eran sacados de los asilos y alquilados a los capitalistas, quienes los trataban con la mayor crueldad y barbarie. Para 1796 se hizo evidente el malestar público ante esta situación lo cual puso fin sólo a los abusos más escandalosos, pero éstos no se eliminaron por completo Con el paso del tiempo se evitó este tipo de abusos, gracias a la presión que la sociedad ejerció sobre el Estado.

La jornada de trabajo se redujo a seis horas y media para los niños de nueve a 13 años, y a doce horas para los de 13 a 16. Las largas jornadas de trabajo provocaron en los obreros diversas malformaciones físicas, como desviaciones de la columna vertebral, piernas y rodillas a causa de permanecer muchas horas de pie. Muchos de los niños que trabajaban en estas circunstancias morían y otros quedaban afectados de por vida a causa de una constitución enfermiza; mientras que los hombres quedaban incapacitados para trabajar a los 40 años debido al desgaste general del cuerpo y al agotamiento mental, este último provocado por fijar la vista en una larga fila de hilos finos y paralelos.

La mujer, por su parte, presentó mayor número de deformaciones en la pelvis, el falso desarrollo del hueso iliaco, desviación de la columna vertebral y de los hombros debido a la postura que mantenía al trabajar.

Los trabajadores de las hilanderías, sobre todo de algodón y lino, padecían constantes trastornos respiratorios provocados por el polvillo de los productos que tejían.

Además de estos trastornos físicos causados por la actividad laboral y el medio ambiente estaban los accidentes que iban de mayor a menor gravedad, y en los que los obreros perdían desde un dedo, o varios, la mano o hasta la vida debido a las inadecuadas condiciones de seguridad. Aquí importaba más producir para generar ganancia que la integridad física de los obreros.

Por ejemplo, cuando el obrero quedaba totalmente incapacitado, el capitalista sólo pagaba los gastos del médico y las medicinas, aunque lo común era que no lo hiciera; en otros casos, si el accidente se calificaba como no grave pagaba el salario del obrero hasta que éste se recuperara. Así, en caso de que el obrero sufriera un accidente que lo incapacitara totalmente quedaba desprotegido y, por tanto, sumido en la miseria.

Los trabajadores debían entrar a las cinco y media de la mañana, pero si llegaban dos minutos después se les aplicaba una multa y si lo hacían media hora después no se les permitía la entrada sino hasta después del desayuno, por lo cual se le descontaba una cuarta parte de su salario, a pesar de ser sólo dos horas y media. Éste es un ejemplo del tipo de reglamentos que existía en el interior de las fábricas, impuestas al antojo de los empleadores.

La manera como se dio la organización social del trabajo en aquella época fue deprimente, todo ese sufrimiento y degradación humana tenían un solo fin: producir ganancias para los poseedores de los medios de producción.

Sin embargo, los trabajadores se manifestaron cientos de veces contra las máquinas y la burguesía, consiguiendo paulatinamente mejorar su situación.

Si decimos que los esclavos eran quienes estaban bajo el dominio de quien los compraba o hacían prisioneros, ¿qué determinaba que un ser humano fuese esclavo u hombre libre? y ¿qué implicaba ser esclavo?

Factores ambientales

El proceso de industrialización es un fenómeno eminentemente urbano debido a las facilidades que este medio ofrece a la producción en cuanto a la concentración de la población, lo que proporciona fuerza de trabajo accesible; la existencia de un mercado local y el acceso a vías de comunicación para el transporte y comercialización de mercancías que permite abaratar los costos de producción y, por tanto. crear mayores beneficios a los capitalistas.

Factores sociales (cultura e ideología en la producción)

Es imposible abordar con detalle cada una de las características del Capitalismo, en razón del propósito de este fascículo; sin embargo, a diferencia del modo de producción feudal, el Capitalismo dio lugar a diversos pensadores que estudiaron cómo incrementar la producción para generar mayores ganancias. La mayoría de sus ideas aún se aplican en la actualidad, y de ahí la importancia de detenernos un poco para analizar cómo sus puntos de vista revolucionaron el proceso de trabajo principal en la industria. El pensador más importante que inició estas transformaciones fue Taylor, quien en 1883 criticó la organización del trabajo que gestaba el Capitalismo.

A continuación podrás establecer la relación entre los componentes de la organización social del trabajo y las características fundamentales del modo de producción capitalista.

Factores individuales

Existencia de un gran número de hombres que venden su fuerza de trabajo, y que al no ser dueños de los medios de producción ni de los medios de subsistencia, se transforman en asalariados, cuya capacidad de trabajo se convierte en mercancía susceptible de ser comprada por el capitalista.

Asimismo, un sector minoritario de la población mantiene el monopolio sobre los medios de producción.

Factores sociales

La propiedad privada de los medios de producción constituye la característica básica del capitalismo.

Esta situación genera una interdependencia entre los dueños de los medios de producción y quienes venden su fuerza de trabajo, lo cual conforma la base de las relaciones sociales de producción y la existencia de dos clases sociales fundamentales: burguesía y proletariado.

Factores Económicos

En este modo de producción no importa qué se produce, sino qué se vende y deja mayores ganancias; por ello, trae implícito la generación de satisfactores artificiales a los consumidores.

Así, la acumulación de la riqueza se basa en la libertad para producir y comercializar, ya que la ganancia es el interés principal de los capitalistas (te sugerimos consultar en el diccionario los términos ganancia, riqueza y capital). Por lo tanto, la producción de mercancías y el consumo se dan a gran escala.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha sido el medio más eficaz para elevar la productividad y, por tanto, las ganancias de los capitalistas, al incorporarse el uso de máquinas en el proceso de trabajo y nuevas fuentes de energía (máquina de vapor, petróleo, electricidad, etcétera), lo que permitió elevar la productividad de la fuerza de trabajo (producir más en menos tiempo), reducir los costos de producción y desplazar la mano de obra (aumento de población desocupada, lo que abarata el costo de la fuerza de trabajo), por lo que desde sus inicios existe una marcada tendencia a transferir la habilidad humana a la máquina. La producción de mercancías no se da en forma organizada ni planificada, sino a partir de una competencia entre capitalistas, quienes buscan abrir nuevos mercados a sus productos, tanto al interior de sus países como a sus competidores internacionales, desplazando del mercado a los capitalistas más pequeños. De ahí la división entre países subdesarrollados y desarrollados. Asimismo, el avance y uso de tecnología en países desarrollados impone límites productivos a los países pobres. Es importante destacar que las naciones desarrolladas se inclinan a invertir en países subdesarrollados, ya que el precio de la fuerza de trabajo es más bajo, y ello incrementa sus ganancias.

Entre otros aspectos criticó los bajos salarios, la deficiente utilización de capataces y la mala definición de tareas de los trabajadores. Su propuesta de organización tenía como objetivo fundamental incrementar la producción industrial para generar mayores ganancias a los dueños de las empresas. Así, propuso lo que llamó organización científica del trabajo, cuyos preceptos principales eran:

a) Para que sea productivo es indispensable que observe una actitud positiva de colaboración.

b) Es necesario desarrollar una serie de procedimientos prácticos para controlar la conducta de los trabajadores en favor del incremento de la producción. Así los hombres se convertían en un apéndice de la máquina, es decir, se supeditaban al ritmo de la máquina. A estos procedimientos, Taylor los denominó científico management.

c) Se pretenden alcanzar un orden y armonía entre el trabajador y la máquina.

d) Incrementar el grado de utilización de la capacidad instalada a través de la reducción de la superficie laboral de cada trabajador y aumentar los turnos eliminado los tiempos muertos.

Taylor desarrollo tres principios básicos para hacer eficiente la organización del trabajo en las empresas:

  1. Que la dirección de la empresa debe encargarse de concentrar, clasificar y sintetizar todos los conocimientos que convencionalmente poseen los trabajadores sobre su actividad a fin de establecer reglas, leyes, fórmulas y procedimientos que le permitan controlar el proceso de trabajo en su totalidad.
  2. Por tanto, la planeación y organización del trabajo debe concentrarse en las oficinas administrativas, lo cual impide que los trabajadores conozcan los objetivos de la producción
  3. La dirección prevé íntegramente las actividades de los trabajadores y cada uno de ellos conoce en detalle las tareas precisas que debe ejecutar y en cuánto tiempo.

Así, la premisa fundamental de Taylor era que la dirección debía establecer un control pleno sobre las operaciones y técnicas inherentes a los trabajadores, de manera que respondiera a los requerimientos de la producción. Fue así como la participación de los trabajadores en el control del proceso de trabajo desapareció casi por completo, ante una organización social eminentemente autoritaria e impositiva que propició la dependencia del trabajador. La dirección está reservada a un pequeño número de empresarios o personal de confianza, quienes se ubican en la cúspide de la pirámide que conforman la estructura del poder, y son ellos quienes conocen los objetivos de la empresa. Esta estructura piramidal delega la autoridad en forma de cascada, pero se limita de acuerdo con el lugar que ocupa en la estructura. De esta manera existe la tendencia a anular la iniciativa del trabajador. Este sistema de dominación social despoja al trabajador de su capacidad de decisión y participación en el proceso de trabajo, el producto y las condiciones del mismo.

Otro innovador en la organización del trabajo fue Ford, quién introdujo la línea de montaje y la cinta transportadora en la producción de automóviles, permitiendo así realizar el trabajo en cadena, es decir, de manera continua intensificar las actividades. La cadena de montaje permite que entre los trabajadores, que permanecen en un espacio de trabajo, circulen las materias primas, ya sea en forma de piezas para ser ensambladas, o de una pieza central la cual se adicionan otras menores. Esta cadena se regula de manera externa al trabajador, por lo que disminuye la vigilancia sobre su labor. Sus tareas alcanzan un grado de especialización que se reducen a una sola operación, acentuando la división del trabajo, haciendo más rápida y menos costosa la capacitación.

Por otra parte, Henry Fayol aporto valiosas contribuciones a la teoría clásica de la organización del trabajo al formular los siguientes principios:

  1. La división técnica del trabajo origina la especialización de la fuerza de trabajo.
  2. Es necesaria la existencia del ejercicio de autoridad-responsabilidad.
  3. Una disciplina basada en leyes y reglamentos que amparen el ejercicio de la autoridad y sobre todo, de la obediencia.
  4. Una unidad de mando, en la que los trabajadores deben recibir órdenes de un superior.
  5. Una unidad de dirección que no permita la anarquía sino una autoridad cuyas decisiones sean inapelables.
  6. El interés individual debe subordinarse al interés general de la empresa como organización.
  7. La remuneración debe ser justa y propiciar la máxima satisfacción posible, tanto para la empresa como para el trabajador.
  8. Centralizar la autoridad en favor de un orden.
  9. La existencia de una jerarquía de autoridad en todos los niveles de la empresa.
  10. La existencia de un orden social y material, es decir, “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”, que también se aplica a los trabajadores.
  11. La igualdad y el sentido de justicia deben prevalecer en el ambiente laboral.
  12. Debe procurarse la estabilidad laboral, ya que la rotación resulta muy costosa.
  13. Permitir la iniciativa de los trabajadores.
  14. Por último, fomentar el espíritu de grupo: “la unión hace la fuerza”.

Otro pilar de la teoría clásica de la organización del trabajo es Max Weber, quien señaló la importancia del poder y la dominación dentro de la empresa, en cuyo logro es necesario el mando concreto y la obediencia. La disciplina aparece cuando en la dominación la obediencia es habitual, sin resistencia ni crítica, requisito indispensable para el buen funcionamiento de la empresa. Para ello es vital la existencia de una legitimación del poder y la obediencia, esto sólo es posible a través de leyes y reglamentos internos.

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