Economía 2

Economía 2 – Sexto Semestre

1.3 TEORÍA MONETARIA


El éxito mismo de los penetrantes comentarios y conjeturas de Friedman, cuando son sometidos a prueba y comparados con otras conjeturas distintas, acrecienta las ventajas que esperábamos obtener por el desarrollo de una teoría explícita, capaz de generar la metodología empírica en que se apoya el “monetarismo”.

Kart Brunner y Allan H. Meltzer

1.2.5 EL CICLO Y LA TEORÍA MONETARIA


El predominio indiscutible corresponde a las teorías monetaristas, debido al prestigio de la Teoría Neoclásica que hizo que con los Principios de economía, de Marshal (1890), y la existencia del patrón oro, predominaran las teorías monetaristas del ciclo, desde fines del siglo XIX hasta la gran depresión de 1932. Dos exponentes de esta teoría son Hawtrey y Hayek; para el primero el ciclo se genera por causas monetarias y es en sí mismo un fenómeno eminentemente monetario, y para el segundo ciclo se refiere a una teoría monetaria de sobreinvesión.

En los años cuarenta, Friedman propuso para Estados Unidos que la política económica del gobierno no debería dejarse a la opinión de los responsables de ella sino someterse a una “regla por la cual las variaciones monetarias y fiscales resultaban automáticas”. A decir de Friedman, las políticas monetarias discrecionales tienen otras desventajas.

Una de ellas es que al no tener las autoridades más límite que su propia opinión, las políticas monetarias pueden quedar a merced de las presiones políticas y de los vaivenes de la corriente de opinión; por ello, no existirían criterios para juzgar y controlar dichas políticas. Así, el otorgamiento de facultades amplias a los responsables del manejo monetario sería una fuente potencial de mayor incertidumbre e inestabilidad, de tal suerte que a las autoridades monetarias debería fijárseles la tarea de mantener el ritmo constante de crecimiento anual de la oferta monetaria; esta regla debería ser observada estrictamente sin importar cuáles fueran las fluctuaciones que experimentara la economía. Se trata de una regla fija que impide toda iniciativa por parte de las autoridades monetarias.

18 Ídem, p. 196.

En Estados Unidos, la propuesta de Friedman originó un giro, al menos verbal, en las controversias entre monetaristas y keynesianos, ésta tomó la forma ahora de “reglas versus discrecionalidad”, pero la expresión ‘discrecionalidad’ no describe bien la posición keynesiana y tiene un sesgo a favor del monetarismo; en realidad, las políticas de estabilización del corte keynesiano no consistían en un manejo arbitrario de la demanda global como lo sugiere el término ‘discrecional’… Se trata, entonces, de una regla que liga la tasa de expansión de la demanda global y de la oferta monetaria con el valor pasado de alguna variable clave como el empleo o el producto

Según teóricos keynesianos, en las economías desarrolladas los ciclos son fluctuaciones de la demanda agregada, pero la contrarrevolución no aceptaría esta postura, era más aceptable pensar que los ciclos económicos son “senderos de equilibrios móviles”.

Los protagonistas de la nueva macroeconomía clásica enfatizan la elección racional intertemporal. Si los recursos, ya sea el trabajo o el capital, están hoy ociosos, es debido a que la elección voluntaria los conserva para usarlos mañana, cuando se espera que las oportunidades sean más favorables. Estas elecciones son racionales, aunque a menudo las percepciones y expectativas sobre las que se basan pueden sufrir de información equivocada o incompleta.19

Sin embargo, existen, dentro de esta perspectiva, dos modelos alternativos del ciclo económico: uno representado por Robert Lucas, quien niega sin fundamentos serios, a través de su curva de oferta, toda posibilidad de explotar la curva de Phillips a través de políticas keynesianas; el segundo es el que señala que “los ciclos serían exactamente los movimientos apropiados concomitantes al equilibrio general intertemporal de la economía con información plena.20

El problema es que estos modelos pueden solamente explicar los ciclos, en caso que lo hagan, atribuyendo a los trabajadores consumidores increíblemente altas tasas intertemporales de sustitución en el consumo de ocio y de otros bienes.21

1.2.4 EL ECONOMISTA DE LA DEPRESIÓN


Keynes no elaboró una teoría completa del ciclo económico, sino que se refirió más bien a una de sus fases particulares: la depresión, a pesar de que al definir el movimiento cíclico se ocupa de su carácter acumulativo y de que los movimientos ascendentes y descendentes acaban por invertirse; no hace un estudio minucioso de las fases, pero es posible construir un esbozo de las frases del ciclo según la Teoría Keynesiana.

Auge o Prosperidad

Keynes mencionó tres causas para la iniciación de un auge: la absorción de existencias, la depreciación y la obsolescencia del capital fijo. La duración de una depresión está medida por el tiempo que se llevan estos fenómenos. Si las existencias son muy grandes, más prolongadas será la depresión.

Una vez que las previsiones de utilidades de los empresarios han mejorado, se iniciarán las nuevas inversiones:

Mientras el auge continúa, la mayor parte de las nuevas inversiones muestran un rendimiento habitual que no deja de ser satisfactorio, sin embargo, esto no puede durar mucho, porque de repente surgen dudas en relación con la confianza que pueden tenerse en el rendimiento probable, quizá porque el actual muestra señales de baja medida que las existencias de bienes durables de reciente producción aumentan en forma sostenida… una vez que la duda surge, se extiende rápidamente.

Últimas etapas del auge y principios de la depresión.

Keynes explicaba en las últimas etapas del auge se caracterizan por: una abundancia creciente de bienes de capital; por el ascenso constante de los costos de producción, y por el alza de la tasa de interés. El optimismo exagerado de los empresarios pone un velo transitorio a la existencia de estos factores; el optimismo es lo bastante fuerte para neutralizar los efectos de la abundancia creciente de bienes de capital, el aumento de los costos de producción y las altas tasas de interés. Aunque la caída se inicia por un aumento de la tasa de interés, la característica es un colapso de la eficiencia marginal del capital. El aumento de la tasa de interés se debe a que en las postrimerías del auge aumenta la preferencia de liquidez (demanda de dinero) por los motivos de transacción y especulación. Nace el pesimismo, la incertidumbre y el desencanto se cierne sobre los mercados de inversión organizados, la situación se agrava, como ya se dijo, por la especulación y la influencia de los compradores ignorante.

Aparte de los aumentos que sufre la preferencia de liquidez por el mayor comercio y especulación durante el auge, no vuelve a subir sino hasta después del derrumbamiento de la eficiencia marginal del capital. El aumento de la tasa de interés agrava la depresión.

La Depresión

Se caracteriza por el pesimismo, previsiones de pérdidas, aumento de existencias, disminución de ventas, desocupación, demanda efectiva insuficiente, etc., fenómenos que tienen su origen en la caída de la eficiencia marginal del capital. La depresión será tanto más honda y prolongada mientras más bajo haya caído el nivel de aquella. Sin embargo, el tiempo necesario para la recuperación no tiene una duración arbitraria, sino que depende de la duración de los bienes de larga vida comparada con la tasa normal de crecimiento en una época dada y de los costos de almacenamiento de las existencias excedentes.

Estos hechos hacen que la depresión muestre determinada regularidad habitual en, digamos, tres y cinco años. En la medida que se va eliminando las existencias y el uso, la decadencia y la obsolencia reducen el capital, se va abriendo el camino para la recuperación. Una disminución de la tasa de interés puede ayudar a salir de la depresión, pero si la eficiencia marginal del capital ha caído por completo, cualquier baja de aquella será insuficiente, ya que en ocasiones la eficiencia marginal de capital puede llegar a ser negativa. Resucitarla no es un problema fácil, ya que se guía por la psicología cambiante del hombre de negocios; además, el retorno a la confianza es muy poco controlable en el capitalismo de economía individual. El descenso como el auge, adquiere un movimiento acumulativo; es necesario que el ciclo recorra parte de su camino para que exista un aliciente de recuperación. La caída de la eficiencia marginal del capital puede efectuar la propensión al consumo a través de la bolsa de valores: la caída del valor de mercado de los valores de rendimiento variable en la bolsa puede ejercer una influencia depresiva sobre las personas que toman interés activo en sus inversiones en la bolsa, pues con un público de “mentalidad de accionistas” como el de Estados Unidos de la actualidad, un mercado de valores al alza puede ser condición casi esencial de una propensión a consumir satisfactoria; y esta circunstancia, generalmente desdeñada hasta hace poco, sirve evidentemente para agravar más aún el efecto depresivo de una baja en la eficiencia marginal del capital… Para salir de la depresión Keynes propone sobre el particular, medidas concretas aplicables a esta fase del ciclo y medidas generales que intentan suavizar o eliminar el ciclo de todas sus fases e incluso medidas que tienden a modificar el sistema capitalista.18

La Recuperación.

Ésta se inicia cuando surgen motivos que mejoren las previsiones de utilidad de los empresarios, pero sólo a partir de la disminución de las existencias y la escasez de los bienes de capital. Ya para entonces la tasa de interés habrá llegado a su límite inferior extremo, por lo que será un factor que estimule la recuperación, siempre y cuando ya se haya presentado un aumento de la eficiencia marginal del capital.

Al reaccionar ésta surgen las primeras inversiones, que se propagan mediante el contrario del optimismo, iniciándose una nueva fase ascendente que adquiere carácter acumulativo. La función del consumo proporciona una respuesta adecuada al problema de por qué, tanto los movimientos de alza y baja, se invierten fácilmente.

1.2.5

1.2.3 LOS CICLOS ECONÓMICOS


¿Qué hace el Estado cuando los cambios sociales se tornan conflictivos?, ¿qué medidas crees que se pueden tomar para evitar las fluctuaciones económicas –los cambios a que nos referimos-?, ¿qué influencia tendrán los compradores que ignoran lo que adquieren, y cuál será el impacto de los especuladores?

A principios del siglo XIX surgieron las primeras explicaciones de los ciclos económicos. La economía clásica explicaba las crisis violentas del capitalismo naciente, pero se enfrentaba a un sistema que postulaba un engranaje armónico del organismo económico. En julio de 1810 surgió la primera crisis en Inglaterra; los primeros que trataron de explicarla fueron lord Sismondi, J. B. Say, Malthus y Ricardo.

Sismondi afirmaba que la crisis era la realidad evidente de todos los días, refiriéndose a las crisis de 1810, 1814, 1815 y 1818 en Inglaterra, Francia, Italia, Suiza, Alemania y Bélgica. La especulación de los manufactureros ingleses de 1825, con las colonias de América, provocó la crisis de ese año y permitió que Sismondi la describiera como una crisis de sobreproducción con baja de precios, pánico bursátil y crisis bancaria, dada la desproporción creciente entre producción y consumo.

Sismondi fue el primero en explicar la Teoría del Subconsumo. Aludió a la crisis generada en su país por una baja extraordinaria –calculada en un tercio- del valor de las materias primas procedentes de la tierra. Esta baja disminuyó los ingresos de capitalista y terratenientes así como de todos aquellos que tenían alguna relación con la tierra, disminuyendo su capacidad adquisitiva de manufacturas y productos extranjeros. Como la demanda nacional era mínima y se daba prioridad a las mercancías extranjeras, se llenaron los almacenes de los manufactureros, generando la crisis de subconsumo.

Como ya hemos señalado, Keynes reconoció a Malthus como su antecesor –en lo que se refiere a las observaciones sobre la insuficiencia del consumo; en la última fase de Malthus la noción de la insuficiencia de la demanda efectiva toma lugar como una explicación científica de la desocupación.

La Teoría de las crisis elaborada por Carlos Marx

En la segunda mitad del siglo XIX la teoría de Marx representó el primer análisis completo de las crisis capitalistas; precisamente cuando imperaba en forma absoluta la Teoría Clásica, el Marxismo integró una teoría con los elementos dispersos que había esbozado los utopistas* cuando se refirieron a la sobreproducción, y de Malthus cuando utilizó el subconsumo. “Además, es la primera y la única teoría que considera la crisis económica como fenómenos inherentes al sistema capitalista”.15

* Entre los utopistas se encuentran Sismondi, Saint Sismon y Fourier en Francia; Robert Owen en Inglaterra y Rodbertus en Alemania, principalmente. Todos ellos criticaron al naciente sistema capitalista. 15 Padilla Aragón, E.: Ciclos económicos y política de estabilización. Siglo XXI Editores, México, p. 144.

Otras Teorías Sobre Los Ciclos

En la segunda mitad del siglo XIX surgieron todas las teorías del ciclo económico, con excepción de la Teoría Keynesiana y de sus continuadores. A Clement Juglar se le considera pionero del estudio sistemático de las crisis económicas, en su honor los ciclos de 7 a 11 años se conocen como “ciclos comerciales o de Juglar”. Estudió por primera vez la periodicidad de las crisis, destacando algunas de sus características fundamentales como la baja de precios y sus fases de prosperidad y depresión.

En 1870, W. S. Jevons –y posteriormente Jevons Jr-, explicó las crisis económicas como consecuencia del ciclo de tiempo en la producción agrícola. Después, H. L. Moore adoptó una teoría parecida durante la Primera Guerra Mundial. Estas teorías no dan una explicación completa del ciclo económico, explican sólo aspectos parciales, condiciones transitorias; en este sentido, el ciclo económico depende de la significación que tenga la agricultura dentro de la economía del país de que se trate.

En las primeras décadas del siglo XX surgió la “Teoría de sobreinversión” de Spethoff y Cassel, que sostiene que el ciclo económico se debe a la insuficiencia de ahorro y al exceso de consumo; se manifiesta principalmente en los cambios y en la creación de medios de producción, sobre todo de capital fijo.

Una variante de estas teorías está representada por las teorías de Shumpeter y Aftalión. La famosa Teoría de las Innovaciones de Shumpeter apareció en su obra: Teoría del desenvolvimiento económico (1911), y la de Aftalión en una serie de artículos (19081910), y sobre todo en su obra fundamental: Las crisis periódicas de sobreproducción (1913).

La reelaboración de las teorías del subconsumo corresponde a J. A. Habson en Inglaterra, W. T. Foster y W. Catchings en Estados Unidos y Lederer en Alemania, en una serie de obras publicadas por estos autores entre 1909 y 1931. Una variante de la Teoría de las Cosechas, la “Teoría de la Salud”, fue expuesta por el profesor Huntington en 1919; en ella afirmó que las condiciones de salud son la causa, más que el efecto, de las condiciones económicas.

Teoría Keynesiana Aplicada Al Ciclo Económico

Después de la gran depresión de 1932 en todo el mundo occidental, y ante el fracaso del instrumental monetario para lograr la recuperación, la Teoría del Ciclo Económico se encamina por otro sendero.

Surge así la Teoría Keynesiana, en Inglaterra (1934); algunas ideas de Keynes fueron utilizadas por Roosevelt en Estados Unidos para salir de la profunda depresión de ese país en 1932. Fue hasta 1936, con la aparición de la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el dinero, de J. M. Keynes, cuando las nuevas ideas se difundieron.

Al referirse a este fenómeno, Keynes no elaboró en forma concreta una teoría de los ciclos económicos, sino únicamente aplicó su instrumental examen mismo.16 En el capítulo 22 (“Notas sobre el ciclo económico”), de su obra: Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Keynes explicaba:

Si examinamos los detalles de cualquier ejemplo real del ciclo económico, veremos que es muy complejo y que para su explicación completa serán necesarios todos y cada uno de los elementos de nuestro análisis. En particular, encontramos que las fluctuaciones en la propensión a consumir, en estado de preferencia por la liquidez y en la eficiencia marginal del capital han desempeñado su parte. Pero sugiero que el carácter esencial del ciclo económico y, especialmente, la regularidad de la secuencia de tiempo y de la duración que justifica en que lo llamemos ciclos, se debe sobre todo a cómo fluctúa la eficiencia marginal del capital. A mi modo de ver, lo mejor es considerar que el ciclo económico se debe a un cambio cíclico en la eficiencia marginal del capital, aunque complicado y frecuentemente agravado por cambios asociados en las otras variables importantes de período breve del sistema económico. Para desarrollar esta tesis sería necesario más bien un libro que un capítulo y se requerirá un examen minucioso de los hechos…17

Según Keynes, el ciclo se debe a las fluctuaciones de la eficiencia marginal del capital, ya que no sólo dependen de la abundancia o escasez de bienes de capital y del costo corriente de producción de los mismos, sino también de las previsiones futuras sobre su rendimiento; es por la influencia de este factor como se presenta una repentina caída de la eficiencia marginal del capital. Asimismo, a la par del auge, la mayor parte de las nuevas inversiones muestran un rendimiento habitual que no deja de ser satisfactorio; la desilusión viene por las dudas surgidas en relación con la confianza que puede tenerse en el rendimiento probable, quizá porque el actual muestra señales de baja a medida que las existencias de bienes durables de reciente producción aumentan en forma sostenida. Si se piensa que los costos corrientes de producción son más altos de los que serán posteriormente, habrá una razón para la baja de la eficiencia marginal del capital. Una vez que la duda surge, se extiende rápidamente.

Es una característica esencial del auge que las inversiones con rendimiento real de, digamos, 2% en condiciones de ocupación completa, se proyecten basándose en previsiones de, digamos 6% y se valúan en consecuencia. Cuando llega la desilusión, esta previsión se reemplaza por el contrario “error de pesimismo”, con el resultado de que se espera una cantidad negativa de las inversiones que de hecho hubiera dado un rendimiento de 2% en estado de ocupación completa; y el colapso resultante de las nuevas inversiones conduce entonces a un estado de desocupación en el cual, aquellas que hubieran producido 2 % en condiciones de ocupación completa, de hecho dan menos que nada.

El auge no sólo termina por los errores de previsión, sino también por el obstáculo que representa una tasa de interés alta y que el optimismo excesivo impide ver con claridad. Otro factor que influye en el derrumbe es la influencia de los especuladores y los compradores ignorantes.

16 Ídem, p. 193. 17 Ídem, p. 279.

La caída de la eficiencia marginal del capital puede ser tan completa que no basta ninguna baja de la tasa de interés para estimularla. Y muchas veces así sucede, pues si los empresarios prevén pérdidas y una reducción mayor de la demanda, la tasa de interés no logrará nada para neutralizar el descenso, pero la baja de la tasa de interés no sólo es incapaz de estimular la eficiencia marginal del capital, sino que a veces resulta que el pesimismo y la incertidumbre que acompañan la caída de aquella, puede provocar un aumento importante de la preferencia de liquidez, que hace subir la tasa de interés y crea más dificultades para la recuperación; sólo el retorno a la confianza es capaz de restaurar la eficiencia marginal del capital.

El problema se encuentra, no en las altas tasas de interés sino en la caída de aquella, porque en la actualidad han disminuido las oportunidades de inversión. Keynes escribe, en su obra Teoría General:

Durante el siglo XIX el crecimiento de la población y de los inventos, la explotación de las nuevas tierras, el estado de la confianza y la frecuencia de la guerra en el promedio de (digamos) cada década, junto con la propensión a consumir, parece haber sido suficiente para establecer una curva tal de eficiencia de capital que permitió un nivel promedio de ocupación, lo bastante satisfactorio para ser compatible con una tasa de interés lo suficientemente alta para ser psicológicamente aceptable para los propietarios de la riqueza. Hoy y probablemente en el futuro, la curva de la eficiencia marginal del capital se encuentra, por variadas razones, muy por debajo de lo que era en el siglo XIX.

Te recomendamos consultar: Teoría General, de Keynes y Ciclos económicos, de Padilla Aragón, para que comprendas con mayor precisión los fundamentos teóricos de Keynes.