ACTIVIDADES INTEGRALES


Realiza las actividades que se presentan a continuación, para que compruebes el nivel de aprendizaje que has alcanzado sobre el contenido de este capítulo.

Lee el siguiente texto y contesta lo que se te pide posteriormente:

TEXTO 54 Verdadero Amor

Me llamo Joe. Así me dice mi colega. Milton Davidson. Él es programador; yo, aparato computador. Soy miembro del complejo Multivac y estoy relacionado con miembros de todo el mundo. Sé todo. Casi todo.

Soy el aparato computador privado de Milton. Su Joe. Él entiende más de aparatoscomputadores que nadie en el mundo, y yo soy su modelo experimental. Él me ha hecho hablar mejor de lo que cualquier otro aparato de éstos jamás podrá.

-No se trata sino de combinar sonidos con símbolos. Joe -me dijo-. Así es como funciona la mente humana aun cuando todavía desconozcamos qué símbolos hay en la mente. Yo conozco los símbolos en la tuya, y puedo combinarlos con palabras, punto por punto. De ahí que yo hable. No creo que hable tan bien como creo que hablo, pero Milton dice que hablo muy bien. Milton nunca se ha casado, aunque ya casi llega a los cuarenta. Nunca ha encontrado a la mujer adecuada, dice. En una ocasión me dijo: Pero la encontraré. Joe. Voy a encontrar a la mejor de todas. Voy a conseguirme un verdadero amor y tú vas a ayudarme. Ya me cansé de estar perfeccionándote a ti para que resuelvas los problemas del mundo. Resuelve mi problema. Encuéntrame un amor verdadero.

Le pregunté: ¿Y qué es un verdadero amor?.

– No importa qué sea. Eso es abstracto. Tú encuéntrame a la mujer ideal. Estás relacionado con el complejo Multivac, así que tienes acceso a los bancos de datos de todo ser humano en el mundo. Los iremos eliminando a todos, por grupos y por clases, hasta quedarnos con una sola persona. La persona perfecta. Que será para mí.

Le dije: Estoy listo.

Me dijo: Elimina primero a todos los hombres.

Fue fácil. Sus palabras activaron símbolos en mis válvulas moleculares. Tenía fácil acceso a los datos acumulados referentes a cada ser humano en el mundo. En respuesta inmediata a sus palabras, me deshice de 3 784 912 874 hombres. Me quedé en contacto con 3 786 112 090 mujeres.

Milton me dijo: elimina a todas las de menos de veinticinco años y a todas las de más de cuarenta. Luego, elimina a todas las que tengan un cociente intelectual por debajo de 120, a todas las que no lleguen al metro cincuenta de estatura y a todas las que se pasen del metro setenta y cinco.

Me proporcionó medidas precisas; eliminó a mujeres con hijos vivos; eliminó a mujeres con diversas características genéticas.

-No estoy muy seguro del color de ojos -dijo-. Olvídate de eso por ahora. Pero záfate de las pelirrojas. No me gusta el pelo rojo.

Después de dos semanas, íbamos en 235 mujeres. Todas hablaban la lengua de Milton perfectamente. Milton no quería problemas de lenguaje. Incluso la traducción por computadora sería un estorbo, en momentos íntimos.

No puedo entrevistar a 235 mujeres -dijo-. Me llevaría demasiado tiempo, y la gente se enteraría de lo que traigo entre manos.
Te crearía problemas – le dije-. Milton me había programado para hacer cosas para las que yo no había sido diseñado. Pero nadie lo sabía.

-No es asunto de nadie -decía Milton-. Y se ruborizaba.

-Ya sé qué vamos a hacer, Joe; te voy a traer hológrafos y tú señalas en la lista cualquier semejanza que encuentres.

Me trajo hológrafos de mujeres – Mira, aquí están tres ganadoras de concursos de belleza -me dijo-. ¿Algunas de las 235 se les parecen?

Ocho se parecían bastante y Milton me dijo:

-Bien; tú tienes sus bancos de datos. Estudia los requisitos y las necesidades en la bolsa de trabajo y arréglatelas para que las asignen aquí. Una a la vez, se sobreentiende. Reflexionó un rato, subía y bajaba los hombros; añadió: por orden alfabético.

Era una de las cosas para las que yo no había sido diseñado. Trasladar a una persona de trabajo en trabajo, por razones personales, es algo que se llama manipulación. Yo tenía la capacidad de hacerlo porque Milton se las había ingeniado para que la tuviera. Pero, eso sí, yo no debía poner a funcionar mi capacidad sino para él.

La primera chica llegó unas semanas después. Milton se ruborizó al verla. Hablaba como si hablar fuera difícil. Estuvieron juntos un buen rato y a mí no me hizo el menor caso. En determinado momento, le dijo: te invito a cenar.

Al día siguiente, me dijo a mí: no funcionó, por alguna razón. Algo faltaba. Es una mujer bella, pero yo no sentí nada cercano al verdadero amor. Probemos con la siguiente.

Sucedió lo mismo con las ocho. Se parecían mucho entre ellas. Sonreían con frecuencia y tenían voz agradable, pero Milton invariablemente salía con que aquello no iba bien.

Me dijo: -No puedo entenderlo, Joe. Entre tú y yo hemos escogido a las ocho mujeres que a mí me han parecido las mejores del mundo. Son ideales. ¿Por qué no me satisfacen?.

Le pregunté: ¿Y tú les satisfaces a ellas?.

Frunció el entreceño y dio violentamente con su puño en su mano izquierda:

-Diste en el clavo, Joe. Ésto, si no es recíproco, no funciona. Si yo no soy el ideal de ellas, por más que traten, no pueden ser el ideal mío. Yo también tengo que ser el verdadero amor de ellas, pero eso, ¿cómo lo logro?

Todo el día estuvo como pensativo.

A la semana siguiente se me acercó.

Tú te vas a encargar de resolverlo, Joe. Todo dependerá de ti. Tú tienes mi banco de datos, y te voy a decir cuanto sé de mí mismo. Llena mi banco de datos hasta con el más mínimo detalle, pero guárdate los resultados.

-¿ Y qué voy a hacer con el banco de datos, Milton?.

– Lo que vas a hacer es compararlo con las 235 mujeres. No, 227. Excluye a las ocho que ya vimos. Arréglatelas para que cada una se someta a un examen psiquiátrico. Llena sus bancos de datos y compáralos con el mío. Encuentra correlaciones. (Concertar exámenes psiquiátricos es otra de las cosas que van contra mis consignas originales.)

Durante semanas enteras, Milton se dedicó a hablarme. Me contó de sus padres y de sus hermanos y hermanas. Me contó de su infancia y de su paso por la escuela y de su adolescencia. Me contó de las jovencitas a las que había admirado de lejos. Su banco de datos creció y él me hizo los ajustes necesarios para ampliar y profundizar mi capacidad de captar símbolos.

Me dijo: A medida que tienes más de mí en ti, Joe, te adapto para que tú combines mejor y mejor conmigo. Llegas a pensar cada vez más como yo, y por lo tanto me entiendes mejor. Si me entiendes lo suficientemente bien, entonces cualquier mujer, cuyo banco de datos también entiendas, será mi verdadero amor. Siguió hablándome y yo llegué a entenderlo más y más.

Yo ya podía formar oraciones más largas y mis expresiones se fueron complicando cada vez más. Mi lenguaje empezó a sonar bastante como el suyo en cuanto a vocabulario, orden de palabras y estilo.

En una ocasión le dije: Mira, Milton, no se trata de ajustar a una mujer a un ideal solamente físico. Necesitas una mujer que congenie contigo en lo personal, en lo emocional y en lo constitucional. Si eso llega a suceder, el aspecto físico viene a ser secundario. Si no podemos encontrar la medida que tú necesitas entre estas 227, la buscaremos en otra parte. Encontraremos a alguien a quien tampoco le importe tu aspecto físico, o el aspecto físico de nadie, siempre que ese alguien sí dé la medida de la personalidad. ¿Qué es el aspecto físico, después de todo?.

-Tienes toda la razón -dijo-. Yo habría sabido todo esto si hubiera tenido más trato con mujeres en mi vida. Sí; al reflexionar se me ha aclarado todo.

Siempre estábamos de acuerdo; pensábamos igual en todo.

– Ya no tendremos por qué tener problemas, Milton, si me permites hacerte algunas preguntas. En tu banco de datos veo uno que otro espacio en blanco y ciertas irregularidades.

Lo que tuvo lugar en adelante, según Milton, fue el equivalente a un minucioso psicoanálisis. Era de esperarse. Tenía yo de dónde aprender, después de los exámenes psiquiátricos de las 227 mujeres en mi vida. Sí; al reflexionar se me ha aclarado todo.

Milton se veía bastante feliz. Me dijo: -Hablar contigo, Joe, es como hablar con otro yo. Nuestras personalidades han llegado a congeniar de maravilla.

-Lo mismo sucederá con la personalidad de la mujer que elijamos.

Pues en efecto, yo ya la había encontrado, una de las 227, después de todo. Se llamaba Charity Jones y era evaluadora de la Biblioteca de Historia de Wichita. Su extenso banco de datos congeniaba perfectamente con el nuestro. Todas las otras mujeres habían sido descartadas por una razón u otra a medida que los bancos de datos se llenaban, pero en cambio con Charity había habido vibraciones crecientes y asombrosas.

No tenía que describirla a Milton. Milton había coordinado mi simbolismo de manera tan próxima al suyo que yo podía percibir las vibraciones inmediatamente. Charity congeniaba conmigo.

Después fue cuestión de ajustar las hojas de trabajo y los requisitos de empleo para que Charity nos fuera asignada a nosotros. Esto tenía que llevarse a cabo con suma delicadeza para que nadie sospechara que algo ilegal estaba teniendo lugar.

Claro, Milton lo sabía, ya que él lo había condicionado, de modo que también de eso tenía yo que ocuparme. Cuando vinieron a arrestarlo, alegando motivos punibles fue, por fortuna, por algo que había hecho en el empleo hacía diez años. Me lo había contado él, por supuesto, así que no me fue difícil hacer los ajustes necesarios; él no iba a echarme a mí de cabeza, porque eso haría mayor el cargo.

Milton ya no está aquí, y mañana es 14 de febrero, Día de San Valentín, Charity llegará, con sus manos tersas y su dulce voz. Le enseñaré cómo hacerme funcionar y cómo cuidarme. ¿Qué importancia tiene el aspecto físico cuando nuestras personalidades vibran?.

Le diré: Yo soy Joe, y tú eres mi verdadero amor.

Isaac Asimov

Ahora, resuelve las siguientes preguntas:

  1. ¿Quién es Isaac Asimov?.
  2. ¿Dentro de qué contexto histórico se ubica el cuento?.
  3. Realiza el resumen de este cuento (evita los detalles):
  4. ¿Cómo interpretas la frase: “Qué importancia tiene el aspecto físico cuando nuestras personalidades vibran” ?.
  5. Investiga las características de la literatura fantástica:

6. Identifica los rasgos recurrentes en el texto:

  1. Relaciona el contenido del relato con las características de la corriente literaria a la que corresponde:
  2. Elabora la reseña crítica de este cuento. (Desarróllala en tu cuaderno).

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